Los Retratos en la obra de Gloria Melgar. Por: Virginia Seguí.


 

Un breve estudio acerca de los Retratos en el siglo XIX a través de la obra de Gloria Melgar, desconocida artista interdisciplinar, que impulsó nuevas formas de arte a finales de siglo.

 Los Retratos en la obra de Gloria Melgar.  Por:  Virginia Seguí.

Estas obras podemos relacionarlas, directamente, con la tradición retratística europea y encuadrarlas dentro del movimiento romántico; la ansias de ascensión de la clase burguesa que quiere emular a los grandes hombres de la antigüedad o del Renacimiento deseando perdurar en la memoria de sus descendientes hace que sea un género de gran éxito. Aunque, para estas fechas, la fotografía está desbancando a la pintura en la plasmación de este tipo de imágenes, esto, en este caso no será una dificultad sino, si cabe, una ventaja ya que Gloria Melgar para la realización de sus obras no copia del natural sino de reproducciones y éstas pueden, muy bien, proceder de grabados fotografías o pinturas.

En la colección familiar únicamente se conservan tres retratos: los de sus padres. Valentín Melgar Chicharro y Faustina Sáez de Melgar y el de una señora de identidad desconocida, que según manifestaciones de la familia se trata de una amiga de la madre de la artista.

Los documentos conservados no citan que ninguno de ellos fuese presentado a las diversas exposiciones en las que participó, únicamente cabe la duda de si el que hemos denominado Señora sin identificar correspondiera al presentado bajo las iniciales DRZ.

El retrato es de los géneros más cultivados por mujeres artistas y así está documentado en estudios existentes sobre pintoras extranjeras; en el caso español la consulta de los catálogos de las exposiciones nacionales también nos ha permitido constatar esta circunstancia (De Diego, 1986); a esto hay que añadir que el género es, también, bastante frecuente para los pintores especializados en trabajos sobre porcelana ( Ball: 1980:97)

Este género se cultivaba ya en la Antigüedad y existen ejemplos a lo largo de toda la Historia del Arte, fue cambiando su significación aunque no de finalidad hasta épocas recientes. Los estudiosos del género ( Francastel, 1995: 9 ) , recogen diferentes definiciones del concepto Retrato; tales como que: » es la imagen de una persona realizada con la ayuda de algunas artes del dibujo» o » es una advocación de ciertos aspectos de un ser humano particular visto por otro», definiciones emitidas con un siglo de diferencia y que nos permiten apreciar las variaciones que el concepto ha sufrido para ir adaptándose a las diferentes épocas y sociedades.  Los retratos que estamos analizando aquí deben encuadrarse dentro de lo que se conoce como  retrato realista burgués acorde con la época de ejecución y con las pretensiones de la potente y creciente clase burguesa que, sin duda, quiere equipararse en esto también a la aristocracia y desea ver su imagen representada ¿ quizás, también en un instinto de conservación?

La técnica fotográfica es, en estos momentos, una cuestión importante para el retrato ( Argan, 1991:70) . Venía desarrollándose desde 1839 y cada vez le robaba más parcelas a la pintura y empezaba a convertirse en un verdadero peligro para el quehacer diario de muchos pintores que sobrevivían gracias a su faceta retratística.  Sus características son óptimas para el género: reduce el tiempo de pose; reproduce con exactitud y precisión la instantánea del retratado; qué mejor definición de un retrato que la captación y fijación de la imagen en un instante; un ojo mecánico que, teóricamente, es capaz de captar con mayor realismo que cualquier ojo humano la imagen del modelo. Finalmente las dos técnicas encontrarán el equilibrio llegando, incluso a complementarse; los pintores de finales del siglo XIX supieron aprovechar esta nueva técnica para su propio beneficio; sus visiones, en ocasiones poco convencionales de la realidad les facilitaron el avance hacia la modernidad. Y hoy día al juzgar su obra, una de las características que se les alaba es, precisamente, su perspectiva fotográfica.

( Retrato de Faustina Sáez)

También para Gloria fue de gran ayuda esta nueva técnica, ya que permitía la copia de una imagen sin dimensiones volumétricas, lo que facilitaba su labor. Hasta entonces lo habitual, entre los pintores de porcelana, era inspirarse en grabados, miniaturas o reproducciones de obras de artistas en diarios y revistas. ( Jorge, 1982: 41)

En el caso del retrato que le hace a su madre Faustina Sáez de Melgar conocemos el modelo concreto en el que se inspiró: el grabado que J. Vallejo había realizado a principios de los años sesenta y  que fue regalado a los suscriptores de la Revista La Violeta en 1862 lo que nos permite deducir que la edad de la escritora, en el momento de su realización, no superaba los 28 años.

La obra realizada, en porcelana, por su hija, está fechada en 1885 cuando su madre tenía 51 años; hay constancia de la existencia de reproducciones de la imagen de su madre, grabadas o fotográficas de fechas más cercanas al año de realización de la porcelana, desconocemos si la elección del modelo fue una sugerencia de su madre o una elección propia. Al ejecutarla introduce alguna pequeña modificación; detalles del pelo, las flores que lo adornan… Por otra parte y respecto a su ejecución técnica, destaca el interés que pone al tratar los ropajes, los encajes del vestido, las telas, en la búsqueda de un detallismo que permita apreciar sus diferentes texturas; también, introduce ciertas notas de color ausentes en el grabado que sirve de modelo.

El retrato de su padre, Valentín Melgar, es mucho más realista, procede de una fotografía que aún conserva la familia y, aunque no conocemos la fecha exacta de su realización, está claro que estamos ante una imagen mucho más cercana a la realidad de su padre; Gloria no necesita idealizarle y opta por captar la viveza del modelo demostrando el conocimiento del personaje y dejando patente el cariño que sentía por él.

 

( Retrato de Señora Desconocida)

Del tercer retrato que se conserva desconocemos, tanto la identidad de la retratada, como el modelo utilizado para su realización, lo que nos impide analizar el parecido entre ambos o la proximidad de las imágenes. Estamos ante una figura, femenina, retratada en tres cuartos y de perfil que se sitúa sobre un fondo de tonos granates en el que destaca, pese a que el color utilizado en sus ropajes está dentro de la misma gama; el trabajo de blonda con que está confeccionada su blusa puede apreciarse gracias al detallismo con el que están representados los bordados de su blusa, y que pueden apreciarse gracias al contraste con la piel de la modelo que se transparenta a través de ellos; pudiendo apreciarse nuevamente el interés de la autora en diferenciar texturas.

Sabemos, que entre las obras presentadas por Gloria Melgar a la Exposición Universal de Chicago, figura una denominada Retrato de Señora; sin identificar la personalidad de la

misma, por lo que puede aventurarse que se trate de la misma obra, aunque esto no deja de ser una hipótesis.

Por las referencias expresadas sobre su presentación en exposiciones sabemos que realizó otros retratos, entre ellos: El de Mateo Práxedes Sagasti, con el que su madre mantenía una buena amistad y el del Exmo. Señor.D.R.Z., personaje al que no hemos conseguido identificar a pesar, de que en este caso, figura presentado con unas siglas seguramente indicativas del nombre del retratado y, por último, el de la Infanta Mª Paz de Borbón del que al parecer realizó varias copias.

 

 

 

 

Bibliografía:

Argan . Giulio Carlo (1991) El arte moderno. Del iluminismo a los movimientos contemporáneos.   Madrid.

Ball. A. (1980) De price Guide to pot-Lids Multicolours Prints on Ware. Antique Collctors´Club Ltd. Woodbridge. Suffolk

 

De Diego. Estrella ( 1986) Mujeres Pintoras en Madrid. 1868-1910. Madrid.

Francastel. Galienne y Pierre (1995). El retrato. Madrid.

 *Nota de la Dirección de Alenarte:

Este texto  está  extraído de Gloria Melgar.( 1859-1938). Autoría de Virgínia Seguí. Ediciones del Orto. Madrid 2002. *