Paradoja Romántica, por Mireia. C. Zubiaurre; Polvo de Estrellas, por Iasone Cañada


Paradoja Romántica: Por Mireia. C. Zubiaurre

Qué extraño el romanticismo en paisajes carentes de belleza. Será el alma de esta civilización, encerrada entre bloques de cemento y caos existencial, sin tiempo para disfrutar de un relajamiento merecido y un romanticismo verdadero.

Polvo de Estrellas… Por Iasone Cañada Zorrilla

El 12 de diciembre, la universidad de La Laguna concedió la medalla de oro al Profesor Francisco Sánchez, director del Instituto de Astrofísica de Canarias. Sin referirme al extenso y apasionante currículo del Profesor Francisco Sánchez, quiero hablar de las sugerentes reflexiones que su discurso y su vida, trajeron a la mía.

Paradoja Romántica: Por Mireia. C. Zubiaurre

Qué extraño el romanticismo en paisajes carentes de belleza. Será el alma de esta civilización, encerrada entre bloques de cemento y caos existencial, sin tiempo para disfrutar de un relajamiento merecido y un romanticismo verdadero.

Qué paradoja buscar y hallar entre las luces lejanas de una ciudad, en una estación de tren a la medianoche, en un brillante y fantasmagórico paisaje industrial, lo que antaño nos producía la contemplación de un Monet o un Renoir. Esa sensación de querer introducirnos en el cuadro y olvidarnos de lo que dejamos atrás para perdernos entre pinceladas de ensueño irreal. En la fugacidad de la vida actual, el hombre aún necesita esa sensación de bienestar momentánea, ese olvido instantáneo y voluntario de lo imprescindible y vital, pero ya no lo encuentra en los mismos sitios de antes y huye de la exageración y el absurdo romántico.

Ahora lo descubre en la dureza que le rodea, en el individualismo social, en las luces de neón, en la peligrosa soledad nocturna. La Madre Naturaleza aún desea engatusarnos con su belleza sorprendente en la era de la mentira visual y de la sedación de las conciencias, pero imperturbables los ojos del hombre ya lo han visto todo, lo palpable y lo irreal, todo aún sin haber estado presente, sin haberlo podido compartir físicamente.

chopos-monet.jpg ( Monet. Chopos)

 

Qué extraña la búsqueda obligada del placer sensorial solo para responder ante los demás mortales y quizás edificar sin quererlo una barrera frente al que nunca podrá descubrir esos nuevos mundos, exóticos y misteriosos. Difícil identificar para quién no ha sido más que un paso más a dar en la vida real, por necesidad, por prescripción social; para quién el momento de empatía auténtica con lo que le rodeaba un hecho efectivo y natural.

Por instinto, el hombre busca remansos para el alma y cuando lo hace zambulléndose ante una imagen de dudosa belleza, tal vez sea porque pretende la conexión entre lo que ve y lo que él siente. Intuye la energía entre las luces de una ciudad en movimiento, plena de gente, de vidas entrelazadas y momentos memorables. Intuye una soledad que no acaba de definir en el equipaje de un andén a la medianoche, dudando entre dejarse llevar por un sentimiento melodramático o descubrir un espíritu aventurero y rebelde, libre de ataduras sociales y convencionalismos absurdos.

Intuye el dominio del hombre sobre la naturaleza, la dureza del trabajo, la continua duda de los que están tras las paredes de hormigón y metal iluminadas por cientos de luces; la duda del por qué aquí, por qué ahora, por qué continuar en algo que solo termina al amanecer.

 

Aquí es donde lo halla, abriéndole la imaginación a lo que la realidad le ofrece, y se siente un tanto culpable por jugar con lo ajeno, por intentar una unión con lo desconocido, por infravalorar el sufrimiento humano convirtiéndolo en auténtica poesía.

Pero el hombre necesita y busca el momento de placer y allá donde lo descubre solo le queda deleitarse por ello, quedando la conciencia adormilada por ese instante irreal en el que parece no estar aquí, si no allí donde el sentimiento y el placer le permiten permanecer. Sea lo que sea lo que observe, sea cual sea la dureza de lo que vea e intuya.

 

Polvo de Estrellas… Por Iasone Cañada Zorrilla

El 12 de diciembre, la universidad de La Laguna concedió la medalla de oro al Profesor Francisco Sánchez, director del Instituto de Astrofísica de Canarias. Sin referirme al extenso y apasionante currículo del Profesor Francisco Sánchez, quiero hablar de las sugerentes reflexiones que su discurso y su vida, trajeron a la mía.

Las veces que he tenido el privilegio de pasear por el observatorio de Izaña (Tenerife, Canarias), entre telescopios, ingenios increíbles y mentes privilegiadas, he tenido la sensación de que mis límites se alargaban y estiraban hasta horizontes insospechados. Me parecía no poder contener el conocimiento que allí emana, en mi pequeña mente organizada en otros parámetros, mas cercanos y pequeños.

 

Cuando mi alma salta al universo, se llena de lo divino, se conecta con la frecuencia del cielo y de lo infinito. Vuelve a mí y no siempre alcanzo a permitir que mi interior reciba en esa magnífica amplitud, a mi alma viajera.

 

Algo parecido, pero a través del conocimiento intelectual, siento al escuchar a Paco hablarnos del universo, y de cómo tras los descubrimientos realizados, uno tras otro, galaxia tras galaxia, el “caos” del universo sigue siendo un gran misterio. Inaccesible. Intuido. Indemostrable. Intangible.

 

¿Quienes somos? ¿A que pertenecemos? ¿Somos seres alados perdidos en las frecuencias del universo? Somos polvo de estrellas.

Paco nos llevó a reflexionar delicadamente, como desde “lo conocido del universo“, el ritmo, el latido, el movimiento, es el mismo. Intrínsecamente unido todo aquello que lo habita. Igualmente, los seres humanos somos parte de ese girar suspendidos en la galaxia. Y lo mismo que una gota de agua cambia, en el mismo instante en que cae, la superficie de un lago, un gesto mío cambia la frecuencia del entorno de mi vida, que a su vez, repercute en todas la frecuencias a mi alcance… así hasta el infinito.

Entonces, todo en mí desea que mis gestos, sean gestos de amor y creación.

 

Pero como meteoritos chocando allá donde la energía cósmica les transporte, nuestras inevitables luchas internas, nos llevan a reconocer una naturaleza compleja, la nuestra.

 

Difícil elegir un camino con corazón y no escudriñar los senderos que atraen a nuestros impulsos mas primarios.

 

Quizás reconocer y conocer nuestra naturaleza sea la mejor manera de permitirnos vivir intensamente en ella. Luchas y contradicciones nos hacen desbrozar los caminos e irlos dejando más bellos, más accesibles y aquellos seres que vendrán después, notarán el alma de quien ya los anduvo, igual que hoy descubro al mirar el cielo, todo el conocimiento extendido, como un horizonte en el que perderme, del que impregnarme.

 

La sabiduría nos rodea, y en la más diminuta de las criaturas del universo, reside una parte de ella. En mí está saber leerla. Reconocerla. Conectarla con la mía. Conectarla con el mundo, contigo…

 

Hoy siento el eje del mundo como un hilo de luz que gira por la fuerza de un amor infinito. Amor alimentado por un cosmos que se mueve a la vez en armonía, “caos” y equilibrio.

 

Cierro los ojos y pido a lo divino que sea más poderoso que el desorden humano, desafinado y cruel. Que cada día encuentre una o mil razones por las que seguir amando, rebelde y feliz. Para encontrarte en los caminos de mi vida y hacer contigo una parte de ese camino. Para no dejar nunca de desear cambiar éste mundo. Amarlo. Conocerlo. Crearlo.

 

Cierro los ojos y pido a lo divino, que pueda el amor…