Iconografía de la Natividad. Por: Virginia Seguí Collar.


En la liturgia cristiana la Natividad del Señor es una festividad que culmina el adviento ya que el nacimiento de Jesús significa la llegada del que para los cristianos sería El Salvador del mundo; la fecha real de su nacimiento ha sido discutida por los eruditos y fijada por algunos de ellos, hay diversas opiniones; unos dicen que acaeció en el año 5228 después de la formación de Adán, con la ambigüedad que esta datación puede conllevar; otros, entre los que destaca Metodio, sitúan el suceso en el año 6000, aunque algunas fuentes critican sus métodos de datación al suponerlos más próximos a supuestos místicos que a criterios cronológicos reales; Eusebio de Cesarea, en sus Crónicas, afirma que el nacimiento de Jesús tuvo lugar en el 5199, siendo Octavio emperador de Roma; fecha con la que coincide Santiago de la Vorágine en La leyenda dorada dándola por buena indicando que aquél qué vino al mundo a traer la paz temporal y eterna eligió por ello, para nacer, una época de sosiego político y social.

El hecho de situarla el 25 de diciembre se relaciona con el sincretismo que habitualmente se produce en estos casos y el intento de situar los eventos significativos en fechas ya tradicionalmente utilizadas por culturas anteriores; consiguiendo así una mayor aceptación en las sociedades en las que se implanten las nuevas creencias. El solsticio de invierno es una de esas fechas de gran calado en el imaginario colectivo de la humanidad.      

 

Las primeras representaciones de arte cristiano que se conocen están casi siempre circunscritas a temas del Antiguo Testamento y/o cuestiones relacionadas con el dogma y, es evidente que nacen en el ambiente común de la Antigüedad tardía lo que significa que sus representaciones están directamente vinculadas, en la mayoría de los casos, a la iconografía pagana de la época; si añadimos a esto la serie de dificultades que sufrieron los cristianos en la práctica de sus creencias, es lógico pensar que sus imágenes tampoco fueran demasiado explícitas. Con el transcurso del tiempo y cuando el cristianismo fue extendiéndose y tomando carta de naturaleza en todas las clases sociales llegando, incluso, a obtener el favor del poder político, su imaginería aumentó considerablemente y fue adaptándose a los nuevos tiempos, incrementando su temática y diversificando sus soportes. Circunstancia que igualmente se relaciona con la necesidad que tenía la Iglesia de difundir sus creencias y dogmas entre los más desfavorecidos y, por tanto, con mayores dificultades de acceso a los textos; así, por medio de las imágenes en lugares públicos o en objetos cotidianos podían familiarizarse con pasajes del Antiguo y Nuevo Testamento. En este sentido indicar que la Natividad es una de las grandes fiestas del año y como tal se incluye en el calendario litúrgico cristiano del que se hacían frecuentes representaciones en soportes a los que tenían acceso los fieles. (Fig.1)  

( Fig. 1. Calendario Litúrgico-Cristiano)fig1-docefiestasanomonteatos.jpg

Como es lógico los artistas que realizaron las primeras obras cristianas eran los mismos que ejecutaban las paganas contemporáneas lo que presupone su conocimiento del repertorio habitual para los diferentes tipos de representaciones a ejecutar; a esto debían añadir las condiciones impuestas en el encargo por el mecenas y la finalidad de la obra. En el caso del cristianismo está claro que debido a la concreción de los temas, los artistas ampliaron sus propios conocimientos con la lectura de textos que relataban los pasajes que debían representar e intentaron ajustarse a ellos. Con el tiempo, incluso, se crearon Guías o manuales iconográficos con instrucciones precisas en los que se detallaban incluso las fisonomías de quienes debían ser representados, como ejemplo tenemos lo que la Guía del Monte Atos dice sobre la representación de la Virgen: <La Santísima Virgen debe ser de mediana edad, su altura, de tres cúbitos. La tez de color trigo; cabellos y ojos oscuros, con grandes cejas; nariz, regular y dedos finos.>

fig2-sanlucasevangeliariogodescalco781-93.jpg (Fig. 2. Evangelario de Godescalco. San Lucas. 781.793)

 

En el caso de la Natividad es significativo que de los Evangelios canónicos (Fig.2) únicamente el de San Lucas hable de hechos relacionados con el nacimiento y la infancia de Cristo; siendo en gran parte textos considerados apócrifos los que dedican mayor atención al tema. Estos escritos desarrollan textos análogos a los canónicos y pretenden arrogarse el carácter de sagrados no siendo, sin embargo, considerados oficialmente como tales; al parecer, ya San Lucas hablaba, de otros escritores de su época que trabajaron sobre la narración de los sucesos de la vida de Jesús, la cuestión es que ninguno de ellos compuso su texto estando <investido de la gracia del Espíritu Santo> circunstancia que impide incluirlos dentro del canon. Pero sus autores, si bien desautorizados son, en ocasiones, contemporáneos de Jesús y, en la mayoría de los casos, habitantes de la misma zona y/o fueron testigos de su vida o recogieron relatos y leyendas que circulaban de boca en boca; ya que existía un gran interés en la comunidad cristiana de conocer cuestiones de la vida de Jesús que los canónicos no mencionaban; muchos de ellos fueron las fuentes de autores posteriores como San Ireneo, Clemente Alejandrino, Eusebio de Cesarea, San Jerónimo, etc. Hay quien dice que el cristianismo dio un giro histórico al arte religioso del Imperio Romano ya que se representan las escenas que se relatan en los textos y que el objeto de las imágenes es la representación de los acontecimientos a modo de crónica.

 

Los más interesantes para el tema son algunos de los Apócrifos incluidos entre los de la Natividad y de la Infancia como: El Protoevangelio de Santiago, el Evangelio del Pseudo Mateo, el Libro de la infancia del Salvador y el Evangelio árabe de la infancia textos en los que se inspiraron muchos de los artistas que acometieron la representación de la Natividad.

Al parecer el deseo del Emperador Cesar Augusto de conocer el número de personas que vivían bajo su autoridad es lo que obligó a José y a María a desplazarse a Belén, al dictar un edicto según el cual todos los considerados cabezas de familia debían empadronarse en el lugar de donde eran oriundos y cada uno de ellos entregaría al gobernador de su provincia de origen un denario de plata como tributo y testimonio de su condición de súbdito del Imperio Romano. Cirino, gobernador de Siria, fue el primero que introdujo en su provincia la práctica del empadronamiento.

 

José y Maria vivían en Nazareth y al ser él oriundo de Belén y María descendiente de la tribu de Judá debían ir a empadronarse allí; como Maria estaba a punto de alumbrar José no se atrevió a dejarla sola y la llevó consigo. Respecto al lugar donde tiene lugar el nacimiento de Jesús existen dos versiones, el Protoevangelio de Santiago, el Ps Mateo y el Evangelio árabe de la infancia indican que viendo que se acercaba el momento antes de llegar a Belén tuvieron que detenerse y María entró en una cueva o gruta en la que dio a luz, mientras José o su hijo Simeón, que les acompañaba, iban a la ciudad en busca de una partera; y que cuando regresaron Jesús ya había nacido habiendo dado a luz María sin ayuda de nadie, iluminándose la gruta con la sola presencia de El Salvador. Asociado al nacimiento de Jesús está el episodio de la partera que aunque no asiste al parto, pues llega cuando María ya ha dado a luz, si es testigo de que el niño nacido no está manchado de sangre y comprueba que su madre sigue siendo virgen a pesar de haber alumbrado, remarcando así el dogma de la virginidad de la virgen; también ella misma es objeto del primer milagro de Jesús, pues ya sea por su incredulidad o por una enfermedad ya presente en ella, uno de sus brazos en el que sufre parálisis es sanado al tocar el niño. También tiene lugar aquí, en la gruta, la adoración de los pastores, ya que el nacimiento les ha sido anunciado por varios ángeles y por la presencia de una luminosa estrella. No sería hasta después de tres días, cuando María repuesta ya de su alumbramiento entra en la ciudad con su hijo y, al no encontrar donde alojarse, se quedan en un establo para estar resguardados y descansar mientras realizan el empadronamiento. Y allí será donde los animales, el buey y el asno que les acompañaban desde Nazareth, respetaron el heno del pesebre donde Jesús descansaba absteniéndose de comerlo.

fig3-navidadcruceroiglesiadafne.jpg (Fig. 3. Navidad. Crucero Iglesia de Dafne)fig4-adoracionpastoresiglesiadafne.jpg (Fig. 4.  Adoración de los Pastores. Iglesia Martorana. Palermo)

La versión del Libro de la infancia de El Salvador relata, por el contrario, que llegando a Belén, José se adelantó para buscar alojamiento dejando a María, que caminaba más lentamente, debido a su estado, en compañía de su hijo Simeón y que al encontrar la ciudad llena de gente desplazada por el mismo motivo que ellos y todos los albergues, acordes con su pobre condición, llenos, tuvo que buscar algún lugar donde acomodarse no encontrando más que un establo que, aunque de reducido tamaño, estaba alejado del griterío de la multitud y era adecuado para que su mujer pudiera dar a luz. La Historia escolástica, recoge está fuente e indica que era domingo el día que llegaron a Belén y que, al punto de la media noche, la Virgen dio a luz a su Hijo, y lo reclinó sobre el heno del pesebre .

 

fig5-anonimoitaliano1290natividadbasilicasanfrancisodeasis.jpg( Fig. 5. Natividad. Anónimo italiano.. 1290. Basílica San Francisco de Asís)fig6-pulpitopissanocatedralpistoia.jpg(Fig . 6. Giovanni Pissano. Catedral de Pistoia. 1301)

El relato de la cueva tiene gran aceptación entre los artistas bizantinos y la mantiene en artistas posteriores que siguen repitiendo el modelo, que podemos ver  representado en todo tipo de soportes: mosaico, pinturas murales, iconos, miniatura, marfiles, etc. entre ellos la Natividad representada en uno de los ángulos del crucero de la Iglesia de Dafne (Fig.3) o el mosaico de la Iglesia de la Martorana en Palermo en el que vemos una Anunciación de los pastores (Fig.4) en el que el artista bizantino representa la escena en una gruta con todos sus elementos esenciales: el ángel anunciador de la buena nueva, los pastores, la estrella con un rayo dirigido al Niño, la Virgen y San José, que aparece encuadrado en ella pero dando la espalda a Jesús como indicando las circunstancias de su paternidad a lo que se une otra escena secundaria en la que aparecen las parteras; la misma imagen aparece en uno de los arcos de la Basílica de San Francisco de Asís, no conocemos el nombre de autor pero está fechada un siglo después y mantiene el modelo (Fig. 5); y también lo hace la obra de Giovanni Pissano ejecutada en el púlpito de la Catedral de Pistoia en 1301 (Fig.6); el modelo se mantiene, con algunas variantes, y va evolucionando, lo que queda patente en las obras que sobre el tema realiza el trecentista Giotto di Bondoni (Fig.7 y 8) o en la de su contemporáneo Tadeo Gaddi (Fig.9), que aún manteniendo los personajes y la mezcla entre la Natividad en la gruta y en el establo, añade un elemento muy significativo: un edificio, que lleva inconscientemente al espectador a una localización urbana.

fig7-natividadescenasvidavirgencapillascrovegnipaduagiotto1304-6.jpg (Fig. 7.  Giotto di Bondoni. Ciclo Escenas de la Vida de la Virgen. Capilla Scrovegni. Padua)

( Fig. 8. Giotto di Bondoni. Natividad. Adoración de los Pastores. Capilla de San Francisco de Asís. Asís)fig8-natividadadoracionpastoresgiotto1310sanfranciscoasis.jpg

                              ( Fig. 9. Natividad. Tadeo Gaddi. 1325)fig9-natividadgaddi1325.jpg

 

Con el tiempo fueron apareciendo otros modelos que enriquecieron los relatos apócrifos abriendo el campo de inspiración de los artistas; entre ellas destacan las visiones que santa Brígida tendrá sobre el tema, esta santa sueca nacida en 1302 que al enviudar ingresó en la orden el Cister y se retiró al convento de Alvastra; para después fundar la orden de San Salvador consagrada al culto de la Pasión de Cristo y a la Compasio Mariae, tuvo unas visiones celestiales que fueron recogidas en latín en las Revelaciones sanctae Birgittae y se convirtieron en una nueva fuente de inspiración iconografica; como se observa en la obra de Di Tomaso realizada en 1302 (Fig.10)

fig10-natividadditomasostabrigida1372.jpg( Fig. 10. Di Tomaso. Natividad. 1302)fig11-maestrodehohenfurth1350.jpg ( Fig 11. Maestro de Hohenfurth. Natividad. 1350)

 

( Fig. 12. Natividad. Gerard David. 1437)   fig12-natividadmultscher1437.jpg

El entorno urbano fue triunfando y vemos cómo con el tiempo las imágenes relativas a la Natividad o la Adoración de los pastores se circunscriben más al establo que a la gruta; como muestran las obras del Maestro Hohenfurth de (Fig.11) o la de Multscher de 1437 (Fig.12); iconografía que se verá reforzada por la aparición de una nueva obra, fechada en el siglo XIII, de autoría anónima pero vinculada a la orden franciscana: Las meditaciones sobre la vida Jesucristo, en las se describe así la escena: “Mientras tanto, la Madre adora a su Hijo, de rodillas. Luego da gracias a Dios diciendo: <Te doy gracias, Señor, padre santo, por haberme dado a tu Hijo. Te adoro, Dios eterno y adoro a tu Hijo, que también lo es mío, José adora a su vez al Niño y los ángeles del cielo vienen también a arrodillarse ante el recién nacido>” Modelo que queda claro en la Natividad realizada por Gerard David, fechada en 1490 (Fig. 12) o en la de Lotto de 1523 (Fig.13). En el siglo XVIII ya no se distingue la adoración de los pastores y lo que se intenta representar no es la situación de la Sagrada Familia durante el nacimiento de Jesús, sino mas bien el momento en que el Hijo de Dios se presenta ante los hombres, su madre aparta los pañales y lo muestra apareciendo con una imagen luminosa que alumbra las tinieblas e ilumina los rostros de quienes le adoran, la obra de Pierre es un buen ejemplo de esto. (Fig. 14), así como la de Rafael Mengs. ( Fig. 15)

fig13-natividadlotto1523.jpg ( Fig. 13. Natividad. Lotto. 1523)  fig14-natividadpierrexviii.jpg ( Fig. 14. Natividad. Pierre. Siglo XVIII)

 

    ( Fig. 15. Adoración de los Pastores. Rafael Mengs) fig15-adoracionpastoresmeng1772-3.jpg