Periodismo virtual y un barrio de Buenos Aires.


Luciana Garcés: El periodismo virtual ya no es anatema

«Con más de 35 años de ejercicio de la profesión sé lo que no es periodismo.»

Conferencia que impartirá Luciana Garcés en Mayagüez, Puerto Rico en el Primer Congreso Internacional de Literatura Virtual

Sigfrido Quiroz: Barrio San Telmo

«En el mismo conventillo habitaba «Don Carlos», un émulo de Gardel que tarareaba tangos desafinados»

Luciana Garcés: El periodismo virtual ya no es anatema

Al intentar escribir mi ponencia he tenido un largo impasse debido a que por deformación profesional si no tengo título, no tengo texto. Y mi problema consistía en no saber si decidirme por Periodismo virtual ya no es anatema o Anatema: Mejor un informático que un periodista. He optado por el primero cuando la virtualidad del periodismo tiene mucho de lo segundo.

Las razones para mi no clara elección se deben, en primer lugar, a que se me pidió hablar de periodismo virtual, y en segundo lugar porque ese tipo de periodismo o cualquier tipo de periodismo esta bajo anatema se mire como se mire.

Posiblemente cualquier mente sana, no influenciada por ordenadores, computadoras, pecés, o cualquier otra cosa que use sistema binario y sirva para comunicarse sin necesitar morse, cables telegráficos o simples sellos de correos (cada vez más obsoletos salvo para los coleccionistas), pueda entender que existe una técnica virtual y un periodismo real y entre lo uno y lo otro y cada vez más entrelazado todo un particular y novísimo mundo de comunicación social que podríamos sintetizar en el fenómeno de los blogs y el periodismo ciudadano.

En el mes de septiembre acudí al primer encuentro internacional de Literatura e Internet en la ciudad andaluza de Jaén. Allí me lo pasé genial. Aprendí, participé en coloquios, reflexiones, intercambié puntos de vista y regresé a casa pensando que lo que nos habíamos estado debatiendo no eran nuevas técnicas, ni qué es continente y contenido, sino qué es la literatura. Y eso, porque debatíamos sobre la virtualidad, sobre sustituir el libro escrito en papel por el libro en el monitor, porque aplicábamos diseño y creatividad en eso que hasta ahora nos era tan fácil discernir y definir: literatura. Aunque parezca una divagación es importante en esta charla, monólogo de momento. Y ello porque el periodismo es un género literario. Y esa es la conexión con el debate sobre qué es literatura y si logramos definirlo, quizás, sólo quizás, lleguemos a saber qué es periodismo.

Llegado a esto diré que con más de 35 años de ejercicio de la profesión sé lo que no es periodismo. Pero no todo el mundo lo sabe. Periodismo es una profesión, un arte, un género literario, una carrera, miles de master, pero es una profesión sobre la que todo el mundo opina, se cree periodista por publicar un artículo en la sección de cartas al director y que, curiosamente, no persigue el intrusismo. Y esa no persecución del intrusismo tiene mucho que ver con la actual explosión comunicativa de la Red de redes. Unos y otros de los que nos dedicamos a este trabajo de informar sabemos que basta dar una patada en el suelo para que salgan miles de personas que saben escribir bien, si no fuese así muy deficientes serían los educadores, los ejercicios gramaticales y los análisis de textos. Pero escribir bien no significa ser escritor, ni tampoco ser periodista.

Así las cosas debemos tener en cuenta, también, que si todas las profesiones han ido cambiando con mayor o menor amplitud, el periodismo escrito lleva un acelerado proceso de cambio continuo. Ya no se usa goma para pegar los telegramas, ni se tienen taquimecanógrafas para recoger textos telefónicos. Se ha suprimido parte del taller y el periodista escribe su texto dentro de la página que verá después la luz y no tendrá correctores, aunque sí de estilo, porque pasará el del programa de textos que utilice. ¿Quién sabe hoy en día qué es una monoplana? ¿O una linotipia o un cajetín? El lenguaje de la tipografía desaparece a pasos agigantados para dejar paso a los pixeles y los bytes.

La constante innovación en las tecnologías digitales, lo las nuevas formas de entregar información, el trastoque del concepto clásico de comunicación y como decía del periodismo y la influencia de todo esto en la sociedad global, fue tema de un congreso celebrado el pasado mes en Valencia sobre el «nuevo periodismo», que hay que entrecomillar porque ya existía un nuevo periodismo cuya característica principal es cómo se narra la noticia. El debate paso de septiembre a octubre de qué es literatura a qué es periodismo, qué papel tienen los improvisados periodistas-blogueros, con que información y formación cuentan, y cómo se controlan las fuentes.

El fenómeno del blogger obedece tal y como dicen algunos expertos a la soledad del navegante cibernáutico, al deseo de demostrar que se saben cosas, a la imparable búsqueda del minuto de gloria.

La prensa en Internet se inició volcando los contenidos de la prensa escrita, cobrando por utilizar las hemerotecas. Está en revisión.

Los periódicos digitales partieron del concepto web y se explayaron en cierto periodismo amarillo, siguiendo la ruta abierta por los boletines confidenciales

El lenguaje del nuevo periodismo muy alejado del clásico periodismo de papel.

El fenómeno de los SMS y de la telefonía móvil.

La fotografía y la infografía en el nuevo periodismo

Los diarios gratuitos. La prensa tradicional y sus retos. Televisiones y radios digitales.

Estos puntos pueden ser inicio de un debate participativo.

Hace 35 años surgía Internet, época que nos remonta a los días de la Guerra Fría. El objetivo era crear una estructura de comunicación capaz de resistir al impacto de ataques nucleares, aunque hoy la finalidad de la red es otra. Su utilización tenía carácter defensivo pero poco a poco sería una fuente de información sobre temas prohibidos, sobre todo en guerras.

Bill Gates, fundador y presidente de Microsoft, anunciaba en 1998 la desaparición inminente de los medios impresos ante la llegada de Internet. Advertía que para el año 2000 diarios y revistas de papel perderían su público a causa de la dominación mediática producida por la web. Es posible que esto llegue, pero yo no lo veré, estoy segura. Pues tras una época de oro, los medios digitales entraron en una lucha por la supervivencia. Era la caída de los Punto Com. Ahora hay un cierto equilibrio y las publicaciones en línea conviven con las impresas. Estas últimasobtienen beneficios de sus ediciones virtuales, no sólo como fuente de ingresos por publicidad, sino también como recurso para conseguir nuevos lectores.

Actualmente, según una empresaria del sector, los comunicadores sociales que se desempeñan puramente en medios digitales son menospreciados por sus colegas tradicionales, pero también esta diferencia valorativa se refleja en los contratos de trabajo. Esto surge a partir de que en Internet la información pierde su impacto real. Se hace a un lado, en general, análisis profundos sobre los acontecimientos para dedicar ese tiempo al procesamiento de una mayor cantidad de noticias, ya sean verdaderas o falsas, actuales o viejas, próximas o lejanas, sin discriminación y ello en menoscabo de la información real. De esta manera se responde a los navegantes, que entran en la red para obtener la respuesta a algo, y recorren sitios, uno tras otro, hasta conseguirlo. Pero esto cambiará a medida que el acceso a la red sea concebido con más conocimiento, acompañado por los medios tradicionales y las empresas de publicidad.

¿Conlleva esto a una decadencia del periodismo? Pues si. Internet está repleta de información no siempre contrastada y es tan fácil recurrir a ella para escribir en una redacción… La competencia hace que en muchas empresas periodísticas importe más la cantidad de noticias que la calidad de las mismas. Internet permite investigar y modernizar las pautas periodísticas clásicas, pero al mismo tiempo el impacto continuo de nuevas noticias hace que se pierda el verdadero valor informativo.

Estamos llegando a un nuevo tipo de sociedad, la cibernética, en la que información se superpone sobre si misma. Hace unos veinte años, uno de los directores del medio en el que trabajo, en plena discusión de un convenio colectivo dijo: ¿Para qué contratar periodistas. Mejor un informático, y sino sabe escribir, ya le enseñaremos….

 

Sigfrido Quiroz: Barrio San Telmo

Hace cuarenta años San Telmo era un barrio de gente obrera, de inmigrantes pobres y de «cabecitas negras» venidos del interior del país. Allí transcurrió mi niñez.

Mirando el mismo empedrado que me miraba entonces, se me antoja que tal vez me reconozca a pesar de algunas canas. Ojalá, porque yo no reconozco casi nada.

Esas calles llenas de conventillos cada vez tienen menos que ver con éstas; pletóricas de dúplex reciclados, bohemia, músicos, bailarines, teatros, artesanos de todo tipo, etc.

¡Si hasta hay un «Silicon Telmo»! A pocas cuadras, esos galpones abandonados adonde despuntábamos el vicio de la pelota se convirtieron en el lujoso Puerto Madero. Podría contar mil anécdotas de esos tiempos; casi todas tragicómicas, como la vida de la gente pobre que habitaba el lugar.

En el bar de la esquina de casa conocí a Jorge Villarino «El rey de la fuga» que murió, no hace tanto tiempo, en Milán. Sentado y tomando un café como cualquier comensal del «Aconcagua», era señalado por los pibes desde la calle con una mezcla de fatua admiración y miedo, mientras charlaba con el policía que lo venía a buscar.

En el mismo conventillo habitaba «Don Carlos», un émulo de Gardel que tarareaba tangos desafinados, mientras su mujer le planchaba prolijamente la camisa blanca del día. En su mano ví el primer cuchillo zigzagueando en un duelo sin que ningún pelo se moviera de su engominada cabeza. Fue de los últimos de esa extinta raza, los malevos, que homenajeó Borges en sus poemas.

 

Estas son las calles que recorro, como un fanático buscador de tesoros, cada fin de semana explorando y explorando lo ya explorado. Aquí solemos encontrar junto a mi mujer, «algo» que nos equilibra en nuestro alienada cotidianeidad porteña. Nos detenemos ante una orquesta de tango callejera (con piano y todo) y nos vamos luego tras unos extraños jazzeros que, exploradores como nosotros, ignoran a la gente y tocan como si no existiera nada ni nadie mas allá de dos pasos. Nos sorprende un candombe de negros atravesando las calles, seguidos por turistas y curiosos que intentan mover las caderas, sin éxito por cierto, igual que las osadas bailarinas.

Conozco esta gente. Conozco sus historias. Conozco el pedacito de vida que exuda en un compás, que brilla en una letra, que vuela en unos pasos de tango.

Este pedacito de mundo, tan distinto pero tan igual a otros, es el que les quiero mostrar. Tiene ese gris del tango, pero también tiene ese color del candombe. Esa negritud que nos inunda y que negamos. Tal vez, mostrándoles esto que conozca, me dé cuenta que me conozco un poco más. Tal vez.

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