Fernando. (Pequeño Homenaje a Fernando Fernán Gómez)


Nunca había visto yo un vampiro que me causara tal ternura.

Mira que me daban a mí miedo las películas de vampiros: y lo siguen haciendo; no he conseguido ver una sola de Bela Lugosi. Claro que ya sé que no es verdad, no ha sucedido… ¿O sí?…

Pero Fernando era un vampiro tan tierno, tan sentimental, tan entrañable, que persiguiendo a Gracita Morales por aquel castillo tremebundo yo quería que ganara el vampiro.

Fernando me enseñó que ser pícaro también era un arte, que los abuelos pueden dar lecciones, que siempre viajamos todos a ninguna parte, que alguna vez se pondrá también el tiempo amarillo sobre mis fotografías, que contar historias, actuar en historias, es también contarnos a nosotros mismos.

Pero Fernando además encarnaba para mí- para muchos de nosotros- una manera de ser; un no comulgar con ruedas de molino, un decir lo que se piensa pensando lo que se dice y pasando olímpicamente del ortodoxo de turno que se escandaliza y se dedica a anatematizar lo que no casa con «su» ley, «su» Moral, «su» pudibunda mediocridad de sacristía.

Fernando era – para muchos de nosotros- un referente. Si había problemas en el sector del cine, del teatro, de los artistas, pensábamos, «a ver qué opina Fernando». Cuando hubo que dar pasos adelante por el progreso de las libertades en este país, Fernando estuvo entre quienes se mojaron. Cada vez que en España ha habido necesidad de salir a la calle defendiendo el futuro, Fernando era uno de los nuestros.

Hoy le han dado la última ovación en su teatro.

Hoy ese aplauso se lo hemos dado todos los que creemos que el Arte se hace en libertad.

Alena. Collar.