El cine y el diseño: THX 1138: Por Lucía Aragón


«Como toda antiutopía que se precie, esta ficción no sólo teoriza sobre el futuro…» (Lucía Aragón)

Lea cómo el diseño también es un símbolo en el cine…

En una subterránea sociedad futura la población vive bajo el férreo control de un estado invisible pero omnipresente. Las emociones humanas han sido suprimidas. Las drogas son utilizadas como método de control y el contacto físico y los vínculos sentimentales están prohibidos. La vida de THX 1138 transcurre tranquila, junto a su compañera de piso LUH 3417, pero al dejar de recibir su medicación todo comienza a cambiar.

THX 1138 es la primera película de George Lucas distribuida en los circuitos comerciales. Inspirada directamente en el corto de 17 minutos –THX-1138-4eb– sirvió al joven director para cerrar sus estudios en la Escuela de Cine de la USC (University of South California). Francis Ford Coppola fue el encargado de entregar los premios en la Escuela de Cine y el primer premio fue para este corto. Le llamó la atención y decidió producir un largometraje inspirado en él. Se rodó en 35 días con menos de un millón de dólares de presupuesto.

El guión, escrito por George Lucas y Walter Murch, se inspira claramente en distopías o antiutopías literarias como Un mundo feliz de Aldous Huxley (1932), 1984 de George Orwell (1949) o incluso La naranja mecánica de Anthony Burguess (1962).

 

Describe una sociedad opresiva y cerrada sobre sí misma, bajo el control de un gobierno autoritario que se presenta a sus ciudadanos bajo la máscara de un gobierno perfecto.

 

Sus elementos de control básicos son: las drogas, que anulan la voluntad y las emociones de los ciudadanos y cubren artificialmente sus necesidades y la información subliminal que llega camuflada de ocio audiovisual o de «Religión». Como toda antiutopía que se precie, esta ficción no sólo teoriza sobre el futuro; es un canal para reflexionar sobre la vida en 1970 y las posibles ramificaciones de una cultura consumista desbocada, que va perdiendo sus conexiones con en mundo orgánico -lo que somos, cómo podemos acabar-.

En la trama podemos rastrear las inspiraciones literarias; pero, más allá de la historia, sus principales repercusiones se refieren al tratamiento visual y la dirección artística. Desde el principio se busca un efecto de fuerte realismo, debía parecer un documental del futuro. Un futuro «tosco, real y usado». El casting, al margen de los tres protagonistas, buscaba caras poco conocidas.

Es un mundo completamente tecnológico, deshumanizado, en el que sólo se mantienen algunos «automatismos» o vestigios de la sociedad contemporánea, sólo mantienen su función más básica: la televisión ofrece entretenimiento, sólo canaliza determinadas necesidades (violencia, sexo) y vuelca la información deseada; se fomenta el consumismo pero los que se adquiere son poliedros idénticos e inservibles. El consuelo de la Religión es falso ya que el confesor es una máquina que repite siempre el mismo mensaje.

Para su construcción se eligieron localizaciones contemporáneas y reales: fábricas, centrales nucleares, edificios institucionales, una central telefónica, los túneles del metro en construcción, un aparcamiento… (San Francisco). El diseño de interiores es también plenamente de los 70: dominado por el plástico, minimalista, usado pero higiénico… Gracias, y a pesar de utilizar esos escenarios, objetos y diseños, plenamente vigentes en 1971, consigue un profundo efecto de extrañeza y frialdad pero también de gran veracidad.

Entre las claves más características de su puesta en escena está el uso de unos interiores desornamentados ya sean espacios domésticos (su habitación), públicos (calles vestíbulos) u oficiales (cárcel). No hay decoración y sólo vemos objetos funcionales: mesas, sillas, botiquines, camas, bancos… Todo en colores claros, blancos (En este punto la influencia de 2001 (1969) es evidente), fundiéndose con los fondos. Con el vestuario ocurre lo mismo. En contraste, se presenta con gran detalle la tecnología, especialmente el lugar de trabajo, la fábrica.

No existe una búsqueda de comfort, ni siquiera en el ocio. Sin embargo sí parece que se ha llegado a algunos ideales. Viven en un piso «inteligente», donde las basuras se eliminan por un sistema de túneles. La televisión no ocupa espacio -es holográfica-, ni tampoco los electrodomésticos, que surgen sólo cuando los necesitamos. En la higiene, el agua ha sido sustituida por algún tipo de «desinfectante lumínico».

Otro punto interesante es el tratamiento de ciertos espacios protagonistas de la vida actual, revisados y con nuevos contenidos. Es el caso del confesionario, una especie de cabina en el que un retrato barbado retroiluminado resume toda referencia religiosa y oculta «la máquina»; o la «tienda», en la que la estética se acerca sospechosamente a la de un parque infantil, revelando su intención última.

A pesar de ser una película prácticamente olvidada por el público en general, fue un importante punto de referencia para muchos directores de su generación como Steven Spielberg o Ridley Scott, y en general para la producción posterior de ciencia-ficción «utópica» estadounidense. Se puede rastrear su influencia, más o menos marcada desde La Fuga de Logan (1976) hasta La Isla (2005), pasando por El Quinto Elemento (1997), Gattaca (1997), Equilibrium, (2002), etc…