En corto, “Clásicos” por Lucia Aragón, nuestras críticas, por Maria Ángeles Cantalapiedra.


Lea las últimas notícias de cine , nuestra nueva sección “Clásicos en Alenarte” ,y la crítica de nuestra colaboradora.

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En Corto

 

Festival Temps d’Images 2007

 

Este festival es un intento de relacionar el cine con otras artes, dándose este año principal importancia a la coreografía: “una coreografía cinematográfica que juega con el movimientos de los cuerpos sin que sea necesario que se trate de un film de danza”, como explican sus organizadores.   se presentan películas de la historia del cine portugués, que marcaron época junto a películas actuales en un diálogo inter-temporal, en el que además se presentan películas de tipo experimental en sus postulados.

 

Entre las películas que se proyectarán se encuentra  «WW», de João Manuel de Oliveira

 

Es una producción de Paula Caruço, concepción y dirección artística de João Manuel de Oliveira, interpretación y creación de Carlota Lagido y Sara Vaz, dirección escenográfica de David Miguel y vestuario de Carlota Lagido. WW es un proyecto de cooperación artística, programado y dirigido por João Manuel de Oliveira, que se juntó a Carlota Lagido, David Miguel y Sara Vaz, para reflexionar sobre la temática del terrorismo.

 

Manuel Joao de Oliveira es un conocido cineasta portugués  que  comenzó como  documentalista  en sus inicios, con películas como “O Douro”, 1931, “a cancao de Lisboa”1933, y a partir de los años sesenta avanzó  en terrenos de nuevas antropologías visuales, con películas como “acto de primavera”. En los últimos años realiza un cine mucho más en la línea de la prospección de inquietudes del ser humano, colaboraciones con su hijo, con el corto: “a propósito de bandeira nacional”, de 1987, obra basada en las pinturas de Manuel Casimiro, y se acentúa su interés por lo social  como en  esta última película.  En junio de este mismo año se proyectó un ciclo de obras suyas en Santiago de Chile, con otros representantes del cine actual.

manoel2.jpg (El director portugués  Joao Manoel de Oliveira)

 

 

Gerardo Olivares, Premio Espiga de Oro en la Semana Internacional de Cine de Valladolid.

Es la primera vez en cincuenta años que una película española consigue tal galardón. Y se ha conseguido con “Catorce Kilómetros”, una película sobre la inmigración, el hambre, las fronteras y el desarraigo.

Es la tercera película que ha dirigido este andaluz de Cordoba,  Gerardo Olivares;  la primera fue La gran final, una comedia ambientada en Mongolia, el Sahara y la Amazonía, en el año 2005, y Caravana, un documental del año 2004 de un viaje por el Himalaya y el desierto de Teneré.

 

Clásicos en Alenarte

Rembrandt de Alexander Korda: Por Lucía Aragón

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Título Original: REMBRANDT
Director: ALEXANDER KORDA (Hungría, 1893 – Londres, 1956)

Fecha: 1936

Nacionalidad: Gran Bretaña
Actores: CHARLES LAUGHTON, GERTRUDE LAWRENCE, ELSA LANCHESTER
Fotografía: B/N
Idioma: HABLADA EN ESPAÑOL
Duración: 85 MINUTOS

Dentro del género del Biopic, esta película tiene varios aspectos que la hacen digna de atención. El principal punto de interés es quizá su “antigüedad” que:

– Nos permite analizar el tratamiento del este género, bastante frecuente, durante los primeros años del cine hablado.

– Y el hecho de que a pesar de esta frecuencia, pocas veces antes se había ocupado el cine de la biografía de un pintor o artista.

 

Esta “antigüedad” se convierte a la vez en su peor defecto, ya que a ojos del espectador actual, el lenguaje utilizado es excesivamente “arcaico”. Sin embargo, al menos para mi, este es obstáculo rápidamente superable gracias la curiosidad de conocer a ese Rembrandt al que describen, los aspectos de su vida en que se centran, si se ajusta o no esa biografía a la que hoy en día conocemos. Y así fui descubriendo otros valores en esta obra.

 

La historia nos enfrenta a un Rembrandt adulto y exitoso que ve su vida cambiar de forma radical con motivo de la muerte de su primera esposa Saskya. A partir de entonces la narración discurre de forma lineal pero entrecortada, pasando por las anécdotas más conocidas de su vida: su relación con el ama de cría de su hijo (Geertje) el fracaso de la Ronda de Noche, su uso de mendigos como modelos, su ruina; deteniéndose en la entrada de una nueva mujer en su vida Hendrikje Sttoffels, con la que surge un nuevo Rembrandt que supera la ruina en la que había caído y vive nuevos momentos felices… y finalmente retomar al personaje en su último año de vida.

 

Nos encontramos, en definitiva, ante una biografía construida por medio de la recopilación de diversas anécdotas famosas, no muy fiables que resulta mucho más sugerente por lo que se inventa sobre Rembrandt que por lo que tiene de biopic. Se podría decir que tras ese aspecto biográfico se encierra una segunda lectura más profunda centrada en mundo interior de este artista y desde luego el retrato psicológico de una persona desaparecida hace siglos es un terreno mucho más inestable.

 

Así que pierde un tanto su fidelidad histórica, pero se convierte así en una excelente descripción de un ser humano, cuyo nombre y veracidad deja de importarnos, al que vemos evolucionar a través de estos 83 minutos de película y varios monólogos. ¿Era este Rembrandt?… probablemente no, pero ¡qué importa!!. ¿Cae en la sensiblería?. Tal vez un poco, pero tampoco estropea nada.

 

Se plantea las cuestiones básicas de la vida como el amor, la fidelidad, la validez del éxito. Es la historia de un hombre bueno, fiel, pero que vive mimado y ajeno a lo que le rodea, dedicado únicamente a la pintura y ¿a su amor por Saskya?… con la que cree tener a su alcance a “todas las mujeres del mundo”. Es este un amor egoísta y ciego. Ella vive para él y muere ante sus ojos sin que se entere, cuando su enfermedad es evidente para criadas, discípulos y amigos… Con ella muere su aceptación social (de su matrimonio provenía su fortuna) y su interés por ser aceptado, y comienza el cambio… el cambio en su pintura y en su manera de ser y de ver la vida y de vivirla (pierde su fortuna, pero no parece importarle, quiere ser independiente, no deberle nada a nadie, rechaza el exito…). Tras años de crisis voluntaria, la llegada de Hendrikje le hace reaccionar, la historia se repite… sigue pintando, pero ahora deja de ser una prioridad. Al final de su vida encontramos un Rembrandt empobrecido de nuevo pero que vive sencillamente y sobre todo, feliz.

 

Charles Laughton consigue con su actuación, transmitir mucho más de lo que dicen el texto (ya de por sí bastante expresivo en los monólogos antes citados): al principio altiva, e incluso acartonada, reflejando a ese hombre triunfante, a ese pintor respetado y preocupado sólo por su arte, un tanto pagado de si mismo y demasiado enfrascado en su persona como para mirar un momento a su alrededor y atender a su esposa, su hijo o sus discípulos…; después en plena crisis, enfrentado a una cura de humildad y finalmente transformado un buen hombre sencillo.

 

La dirección artística esta en manos de Vincent Korda, hermano del director, muy valorado en estos años. Su labor nos permite disfrutar observando como los encuadres se transforman repentinamente en cuadros de género flamencos: paisajes con molinos, paisajes nevados, patinadores… Los vestuarios y puesta en escena que se inspiran de forma evidente en la pintura del propio Rembrandt y de otros pintores flamencos como Brueghel.

 

Todo esto se ve completado por la fotografía, en general bastante luminosa, pero con toques que revelan sin lugar a dudas el origen centroeuropeo de su director y de muchos de sus ayudantes, especialmente en las  escenas nocturnas de fuertes contrastes lumínicos, sombras (aspas del molino) de su padre que se proyectan sobre la nieve blanca, canceles de ventanas.

 

Alexander Korda fue uno de los personajes más importantes para el florecimiento de la industria cinematográfica desde los años 30 hasta su muerte por su doble labor como Productor y Director. Desde 1916 rodó largometrajes en Hungría, Alemania, Austria, Estados Unidos, Francia y finalmente Gran Bretaña, donde acabó por establecerse.

 

Pese a sus contribuciones iniciales al nacimiento de la cinematografía, la Industria Británica había sido desplazada por Hollywood y Alemania donde los medios técnicos eran superiores. Mientras Hebert Wilcox, Alfred Hitchcock y otros directores como Maurice Elvey habían comenzado muy pronto a dirigir sus películas en Munich o Berlín, los productores británicos no vieron el incentivo para invertir en tecnologías avanzadas y nuevos estudios hasta la promulgación de la Cinematograph Film Act (1928), conocida como la ley de cuotas (quickies), que obligó a los exhibidores a proyectar un porcentaje mínimo de películas nacionales (cerca del 20% en 1935). En pocos años la producción británica se dinamizó (de 26 a 128 películas en 1929). Este resurgimiento coincide con el declive de la industria alemana debida a la invención del sonoro y la llegada de muchos técnicos germanos a Inglaterra en busca de trabajo.

 

Casi simultáneamente se produce la llegada del director/productor húngaro Alexander Korda enviado por la Paramount para producir películas destinadas a cubrir la cuota de pantalla. Tras él llegaría un sinnúmero de productores, guionistas y otros técnicos, forzados a abandonar Alemania tras el triunfo del nazismo.

 

El cambio en el panorama del cine inglés condujo a un crecimiento sin precedentes de su industria. Las películas, cuando no eran producciones expresas para el mercado interno, intentaban llegar al mercado estadounidense. Korda pronto montó por su cuenta la London Films Productions, pidiendo préstamos a una multitud de inversores, para producir en 1933 La vida privada de Enrique VIII, que lanzaría al estrellato a Charles Laughton. El éxito internacional de la película permitió a Korda recibir financiación de la Prudential Assurance Company para construir los mayores estudios británicos en Denham, Londres. Con ellos pretendía atraer a los mejores productores independientes ingleses, y obtener beneficios también con el alquiler del espacio. El conocimiento que Korda tenía del sistema de distribución estadounidense era único entre los productores británicos, por ello sus películas, entre las que se contaban un buen número de superproducciones, fueron distribuidas por la United Artists. Él mismo dirigió La vida privada de don Juan (1934) y Rembrandt (1936); y produjo otras muchas como: Catalina de Rusia (1934), de Paul Czinner, La Pimpinela escarlata (1934), de Harold Young, El ladrón de Bagdag, El niño elefante, El fantasma va al oeste (1935), de René Clair, La vida futura (1936), de William Cameron Menzies, La condesa Alexandra (1937), de Jacques Feyder, y el melodrama en technicolor de su hermano Zoltan, Las cuatro plumas (1939).

 

En los últimos años prebélicos sufrirá algunos reveses económicos; pero tras el conflicto volverá con energías renovadas, siendo el productor de películas tan destacadas como El Tercer Hombre, The Fallen Idol o Ricardo III.

 

Nuestras Críticas

Un Franco, catorce pesetas: (de emigración y silencios) Por Maria Ángeles Cantalapiedra

Cuando en la pantalla quedó parada la imagen, un sabor agridulce vino a mi cabeza. Acababa de ver una pieza bellísima, un trabajo impecable aunque un halo de tristeza envolviera mis sensaciones. La trama me había mostrado un trocito de nuestra historia más reciente-¡ojo! que yo sea española, no quita para que cualquier persona de distinta nacionalidad se identifique también con ella; ciertas realidades y sentimientos son universales. Expresada con una sensibilidad fuera de lo corriente y que yo sólo recordaba en imágenes con Alfredo Landa a la cabeza, actor emblemático de la década de los 60.

Me hacía, por una parte, preguntarme si el film que había visto era ése que llaman de autor. Automáticamente me fui a mi fondo de armario a buscar respuestas y éstas me decían “el cine de autor es aquel en que el director tiene un papel preponderante al basarse en guión propio, ser el realizador. Controla todo el proceso cinematográfico. Películas hechas al detalle”… Y dentro de mi ignorancia, he llegado a la conclusión que esta frase que nació allá por los años cincuenta de la mano de una de las revistas más prestigiosas de cine “Cahiers du Cinéma” y que fue Truffaut el que imprimió selló al concepto de cine de autor, yo había tenido la fortuna de ser espectadora de una exquisita obra y que, para más placer, es española.

Les hablo,  de la película 1 franco, 14 pesetas de Carlos Iglesias, cuya dirección, guión y protagonista es él. Muchos se preguntarán quién es este hombre. Les cuento…  Carlos Iglesias es titulado por la Real Escuela de Arte Dramático de Madrid, comenzó trabajando en el teatro. Posteriormente, se dedicó a bregar en televisión; no más. Como ven, su CV es pequeño, sin dosis de estrella.

 1 franco, 14 pesetas está basada en su autobiografía, nos pone delante la  pequeña historia de la emigración española en los años 60, haciéndonos reír a veces, otras, llorar, pero, sobretodo, posee la magia de involucrar al espectador, identificarse con cada uno de los personajes y sus sentimientos. Nos envuelven los sueños de Marcos y Martín, los protagonistas, por prosperar, tener una vida económicamente desahogada. Por lo que irse lejos de casa con esa ilusión a cuestas no les duele arrancarse de sus raíces. Es, después, cuando la realidad araña a sus ilusiones y han de poner las sensaciones sobre la única verdad que es palpable: la soledad, la añoranza, el vacío, carencias, la lejanía… Aquí los personajes se crecen, ponen corazón a sus tristes episodios para que la realidad no se vuelva más cruel de lo que ya es y pueda cegar su objetivo.

Es un trabajo honesto, en el que palpas el amor y esmero con que está tratado cada detalle. Unas imágenes de Suiza espectaculares, la fotografía  está a merced de una sensibilidad fantástica… Tiene la magia de acercarnos, además, a nuestro fenómeno actual de la inmigración y hacernos parar unos instantes a comprender a  ese colombiano, venezolano, por ejemplo, que te cruzas cada día por la calle buscando un hueco donde plantar una pequeña raíz para que sus duelos no sean tan dañinos en su propósito y, así,: dar a los suyos lo que es su tierra se les ha negado o no encontraron

Les recomiendo esta película. De verdad, que no les defraudará ni les dejará indiferentes…

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