Patinir: Un peregrino en sus telas: Por: Pilar Moreno Wallace.


paisaje-con-san-jeronimo.jpg (Patinir: Paisaje con San Jerónimo)

Si Patinir hubiera vivido hoy se habría convertido en un peregrino compulsivo, pero entonces el viajar tenía sus inconvenientes, y la mayoría de los que lo hacían no tenían la seguridad de llegar a su destino. A pesar de esto estaban en boga las peregrinaciones a uno de los tres lugares que en aquel tiempo se consideraban como destino espiritual: Roma, Jerusalén o Santiago. De Patinir no se tiene conocimiento de que hiciera una de ellas, aunque se sabe bien poco de su vida. Lo que nos transmite la historia es que transcurrió en Amberes y que la única salida que realizó fue a Génova. Pero no nos dice nada de cómo era él en realidad, de su carácter, de cuales eran sus sueños. Sólo por las imágenes que sus obras nos hacen llegar podemos intuir su interés por los paisajes, su dedicación al estudio de la naturaleza, y sobre todo nos muestran la fantasía de su imaginación que le hizo ser poeta de sus pinceles. Estoy convencida de que Patinir -inspirado en las zonas rocosas de su tierra natal, el valle del Maas- hizo posible sus deseos de viajar a través de la magia y misterio que plasmaba en sus telas. No podía ser de otro modo.

 

De la mano de Patinir ha entrado en el museo la inmensidad de la naturaleza desplazando el horizonte y haciéndose protagonista. Sus obras están trabajadas minuciosamente. Para ello el pintor -dando siempre al paisaje el papel principal- crea un decorado de figuras, rocas, árboles, edificios, objetos, con los que nos cuenta -con un carácter simbólico- lo que el artista verdaderamente desea. Quizás se puede pensar que sus imágenes sólo satisfacían su curiosidad por la naturaleza, cosa natural en la época que le tocó vivir, y que en lo imaginado de sus creaciones podría verse el interés por los nuevos espacios descubiertos y conquistados. Uno de los mejores ejemplos de esa obsesión por embellecer la naturaleza es Paisaje con San Jerónimo. Marrones, verdes, y azules donde el blanco hace resaltar la línea alta del horizonte, son los colores en este bello cuadro. Un paisaje con contorsionadas rocas y pequeños edificios, en el que la fantasía del pintor se hace presente. San Jerónimo y el león pasan a un segundo plano. Aquí la naturaleza es la protagonista real.

la-huida-a-egipto-patinir.jpg ( Patinir: La Huída a Egipto)

 

 

Sin embargo yo he buscado más intentando descifrar lo que realmente veo en su obra. La magia de Patinir está en dejarnos libre para interpretar sus símbolos, y he creído ver en ellos que, además de esa obsesión por la naturaleza -o quizás por ese mismo motivo- ocultaba el deseo de ser  peregrino a Santiago. En cuadros como “La huída a Egipto” y “San Cristóbal con el Niño” está representado en el bordón -o bastón- el símbolo del caminante. En el bellísimo “Descanso en la huída a Egipto” es curioso comprobar que aparte del bordón, está la calabaza, el saco, la capa y el zurrón. Y por si quedan dudas: no hace falta más que mirar detenidamente el cuadro “La Asunción de la Virgen”. En la parte superior del cuadro, en la esquina de la izquierda y al lado de los medallones, aparece la figura del Santo.

¿No son estos verdaderos símbolos de un sueño? … Es lo que  me hace pensar que Patinir -limitado su espacio a la superficie de las telas- habría sido uno de esos peregrinos que yo he visto en el Camino, si hubiera vivido hoy.

descanso-en-la-huida-a-egipto.jpg ( Patinir: Descanso en la Huída a Egipto)