Anuncios con Orfeo al lado.


Escucho esta música mientras desayuno y parece que hasta el café con leche sabe mejor. La compré con el diario El País que la oferta. No sé si esto es publicidad encubierta; en todo caso me da igual: con la cantidad de porquerías que nos quieren vender a precio de saldo haciéndolas pasar por lo último de lo último, encontrar el Orfeo y Eurídice de Gluck por seis euros y en edición de lujo merece la publicidad, encubierta o directísima.

Mientras la escucho y mojo el bollo, pienso precisamente en eso, en la publicidad, en la forma de vender que tienen en general los publicistas. El otro día, viendo la televisión, sale el típico anuncio de la rubia platino, o sea, teñida, de sonrisa Profidén, al lado de un coche; del coche se baja un señor estupendo, al que ella no mira, mientras acaricia la carrocería del coche, se mete dentro y lo deja tirado (al caballerete, no al coche). Es de suponer que si la rubia midiera 1,50, y el muchacho fuera cojo, ni él tendría coche, ni ella estaría allí… Esto, claro, según el anunciante…Los feos, discapacitados o aún los normalitos, no tienen coches, ni rubias, ni señores estupendos…

Después pienso en los anuncios musicales: es una joyita de imaginación del marketing; para vender un disco aparecen una serie de chicos jóvenes, en cualquier discoteca al uso, bajo una música a prueba de sordos, bailando como si tuvieran el mal de San Vito y rodeados de una atmósfera de humo que para sí quisiera un bombero a la hora de lucirse. Y entonces una voz en off nos dice que compremos el disco de fulanito «ya a la venta»…Pues mire usted, si por comprar el disquito me voy a ver trasladada por arte de birlibirloque a ese escenario, mejor que lo dejo…

Acabo el desayuno mientras un  coro le dice a Orfeo que debe atravesar el infierno y hallar a Eurídice… Me gusta pensar que Orfeo lo consigue en el próximo acto y que a él no le hicieron falta las discotecas…