La forja de una ilusión


Tomás Martín, 15-10-2007

Cuando supe del nacimiento de este proyecto llamado ALENARTE, tuve el convencimiento de que llegaría a buen puerto. Conociendo a su promotora, Alena Collar, resultaba difícil que un empeño personal de estas características, proviniendo de quien provenía, no contara con los apoyos suficientes para en apenas seis meses verse convertido en la realidad que es hoy en día.

En el corto espacio de tiempo que va de febrero a octubre de este año, cuarenta mil ojos se han asomado a conocer lo que es y lo que significa ALENARTE: la consolidación de una forma de hacer en la Red, con sencillez, humildad y, sobre todo, seriedad. Abrir sus páginas, entrar en las secciones, empaparse de las colaboraciones y de las opiniones, conocer, en fin, el discurrir de esta aventura cultural, convierten a ALENARTE en un lugar de referencia en el singular mundo de Internet, alejado de otros modelos al uso en los que el protagonismo, la complacencia, los celos y también las envidias suelen en ocasiones echar al traste lo que sin duda surgió con nobles intenciones.

Vaya desde aquí mi felicitación a Alena por su empeño, su dedicación, su entrega, su entusiasmo y su ilusión. Saber rodearse de un grupo de fieles colaboradores en torno a si, es un logro del que no todos pueden presumir. Un servidor, escribidor de poca monta, que aporta su granito de arena a este proyecto, sabe que está en buenas manos y que, aunque queda mucho por recorrer, la brújula de quien capitanea la nave apunta en la dirección correcta. Quizá por eso no dudé en dar un sí rotundo a su autora cuando me fue comentada la idea y solicitada mi colaboración.

Enhorabuena, Alena, y felicitaciones a todos cuantos colaboran en esta tu ilusión, sin olvidar a los lectores, por supuesto, dueños y señores de esos cuarenta mil ojos que han tenido la amabilidad de fijar su mirada en tu creación.