Conflictividad y factores de unión de las Lenguas: El Euskera. Por: Mireia.C.Zubiaurre


Toda nación que se precie debe poseer unas bases que sustenten sus principios esenciales, que otorguen sentido a su existencia y fuerza dialéctica para defender sus derechos políticos y sociales. Dichas bases pueden ser inherentes a la nación a la que pertenecen, o bien pueden ser unas características únicas capaces de identificar social, cultural o lingüísticamente a un grupo de personas susceptibles de ser consideradas como nación independiente. Todas ellas, inherentes o no, se complementan entre si ejerciendo de aglutinante para una sociedad que, en su defecto, carecería de carácter e identidad propia.

En el caso del pueblo vasco, estas bases están en tela de juicio por su discutible valor unificador y aunque existen dentro de la sociedad vasca, por diferentes causas históricas son fuente de conflictos y, por lo tanto, una excusa más para aumentar el caos político y social actual.

Como ejemplo de esto tenemos el euskera, una lengua de orígenes aún desconocidos, preindoeuropea, que ha logrado sobrevivir a la influencia de lenguas tan potentes como el latín, a la censura y a determinados planes políticos que parecen estar diseñados para propiciar un paulatino desgaste y posterior desaparición de la lengua de los vascos.

El euskera no solo destaca por su antigüedad o por identificar al pueblo que lo conoce y habla, si no por ser un indicador lingüístico y territorial de lo que el pueblo vasco fue y perdió a lo largo de su historia. En torno al año 1000 de nuestra era el euskera era utilizado en algunas zonas correspondientes a las provincias actuales de Burgos , La Rioja y Huesca; Lingua Navarrorum (lengua de los navarros) la llamó Sancho VI el Sabio a principios del siglo XI; 1545 será el año en el que saldrá a la luz el primer libro en euskera y durante el siglo XVI serán varios los autores euskaldunes que despuntarán por sus escritos, tales como Axular, Oihenart, Lazarraga… Tiempo después se comprobará cómo el euskera va retrocediendo cuando no desapareciendo de manera casi absoluta. No obstante, el golpe de gracia llegó con el franquismo y no es hasta la finalización del régimen dictatorial el momento en el que el euskera renace a la par que lo haría el resto de elementos culturales vascos. Revive tanto dentro del mundo de la literatura como de la música, los medios de comunicación, la educación… Se impulsan actividades a favor de esta lengua ancestral, aumenta considerablemente la impresión de libros en euskera que, por otra parte, alcanzará otros ámbitos como el de la administración o aquellos relacionados con el sector servicios. Aún así existen muchas zonas de Euskal Herria, como en Navarra, en las que ni se habla ni se entiende el euskera, situación esta fruto de una asignación lingüística sin sentido en la que la oficialidad de esta lengua es diferente en la Ribera de la Zona Media o la Montaña.

Tampoco se puede olvidar que en Iparralde, aunque cada vez menos, también se habla euskera y que su más que necesario reforzamiento y preservación se presenta como una oportunidad única para estrechar lazos entre las zonas norte y sur de Euskal Herria.

Sin embargo el euskera, pudiendo ser un potente factor unificador, base esencial de una nación como la vasca, es objeto de desavenencias, tanto a nivel político como social. Poseedora de una historia apasionante, debería de estar más presente en el día a día de la sociedad vasca, de una manera más homogénea (territorialmente hablando), pero también ser respetada y reconocida como lo que es y no por lo que quieren hacer y hacen de ella. Convertirla en un recurso político.