Cine Capitol: Pipas y ratones…


Era finales de julio cuando me llegó una oferta tentadora: me asignaban, si yo quería, un rincón virtual donde construir un mini cine para llevar amigos, a quien quisiera a soñar bajo un cielo de estrellas, a veces conocidas y, otras, que esperan una oportunidad para brillar. Aquello me venía grande, pero los retos en mi vida han sido siempre el motor para husmear, para aprender, para ser feliz; soy una aventurera temerosa, pero aventurera al fin y al cabo.

Mi ego no callaba «Ángeles odias a quién habla sin saber. ¿Tú qué sabes de cine?…» Pues es verdad, no sé nada, pero como en mi primera oferta de trabajo cuando me ofrecieron pasarme ocho horas hablando por teléfono y dije muy seria: no sé, pero aprendo… Pues aquí estoy, feliz, mucho, porque no sabré de directores, de cine independiente, ni siquiera de actores, pero de vuestra mano aprenderé para ofreceros cada quince días lo que me haya llamado la atención. Además, cuento con dos bazas fundamentales: el cine es soñar, es evadirse, bucear, vamos, es como una novela que en vez de letras está hecha de voces e imágenes… Algo que, desde que fui por primera vez a un cine, contaba entonces siete años, imprimió carácter aquella experiencia: el olor de aquella sala, el cine Capitol, las butacas de madera, aquella oscuridad tan luminosa, el silencio roto por el ruido del cascar las pipas, los suspiros, el hipo de un llanto contenido, las carcajadas… Me introdujo en un sueño de fantasía animada que hoy lo he podido traspasar a mis hijos. Me gusta ver películas con ellos al abrigo de un cucurucho de pipas, un cojín para taparnos si tenemos miedo y una CocaCola.

ratatouille.jpg

 

El cine es tan personal su elección como puede ser un cuadro, una novela o una época artística, es cierto. Por eso, la sala que hoy inauguramos en Alenarte va a ser especial, quizá con tintes bisoños, un cine llamado Capitol, una pequeña sala de un barrio imaginario donde cada quince días invitaré al que quiera  soñar,  conocer películas antiguas, modernas, actores desconocidos, películas que pasaron sin pena ni gloria y que, sin embargo, tienen el encanto mágico de una quimera.

¿Os habéis suministrado de palomitas, pipas, hamburguesas…? En unos segundos apago las luces. En nuestro estreno, proyectamos una película sin complicaciones; acabamos de volver muchos de vacaciones, estamos impregnados de nostalgia, el presente se nos asemeja a una sombra alargada y tediosa. Así que nada mejor que algo que nos devuelva la sonrisa, ese espíritu de niños que duerme dentro de nosotros. Este verano Castilla ha sido ocupada por unos animalillos minúsculos llamados topos, parecidos a los ratoncillos. Hordas de topos se han paseado por jardines, campos, se han comidos las cepas del buen vino. Asquerosos o repugnantes que, sin embargo, la película que os voy a recomendar, te hace mirarlos de otra forma y cuando las luces del Capitol se vuelvan a encender, seguro que tendréis una sonrisa dibujada en vuestros rostros. «Ratatuille» es una película de dibujos animados, donde un ratoncillo sueña con ser cocinero en París, además de contarnos su amistad con Remy, un desgarbado muchacho; no hay más. El resto lo pones tú.

Apago la luz… Hasta dentro de quince días.