Música en Buenos Aires (“Caticrónica”)


Cultura al paso

(Caticrónica) Por Cati Cobas.

La calle Florida es el termómetro cambiario de mi ciudad, amigos. No hace falta consultar las cotizaciones en las casas de cambio para saber la relación peso-dólar. Es suficiente  con mirar los rostros de los transeúntes y el contenido de los escaparates de Florida para deducir si el cambio nos favorece o por el contrario, lo hace con los visitantes.

 

En la época en que “El Capicúa” inventó que éramos Primer Mundo, y estaba  la balanza del uno a uno, los comercios de esta calle imploraban por un cliente, y no se veía un artículo de cuero ni con lupa. Ahora, las vacas de mi país deben clamar por la vuelta del “patilludo” porque los negocios chorrean cuero por doquier de una forma, yo diría, casi  agresiva, y no debe haber etólogo capaz de consolarlas ante el temor de ser convertidas en cinturón o billetera. Lo mismo sucede con la rodocrosita, esa piedra natural tan característica de San Luis. Me admiro del genio creador de nuestros artesanos, que están convirtiendo la arteria más emblemática del centro de mi ciudad en un museo de la escultura kitsch: ni la más afiebrada mente puede pergeñar tanto indio, gaucho y boleadora sin mencionar equinos, vacunos y aves en las más variadas formas y posturas; para no hablar del pobre Gardel, que saldría de su tumba si se viera con una expresión más cercana a un zombie que a un cantante emblemático,  y, para colmo, tocado por un chambergo hirsuto, cuya rigidez resulta emergida de los hielos patagónicos.

Pero no sólo de cuero y piedra vive esta arteria. Con el turismo, Florida está “ídem” de artistas callejeros. Lo gracioso es que en mi ciudad, así como hay un escalafón para morirse, también lo hay para brindar cultura al paso.

 

Si se camina desde Avenida de Mayo hacia la Avenida Santa Fe, podrá observarse lo que expongo: El cruce con Diagonal Norte se llena de  jóvenes, ya que se escucha rock y rap combinando sus sonidos con el de con unos cuantos viejos que siguen aporreando puertas bancarias en pos de recuperar íntegramente los “verdes” que el corralito se llevó;  mientras que el tramo que va hasta Corrientes está lleno de quenas y charangos. Deberían ver, amigos, los pintorescos rasgos aindiados de los ejecutantes y la picardía que esbozan para conquistar al público. Simpáticos y coloridos,  han convertido esta zona de la ciudad en una sucursal del Altiplano.

 

Lavalle marca el corte entre la música del campo y la ciudad porque a partir de ella, todo Florida es tango de exportación: bandoneones, pequeñas orquestas y bailarines de firulete y meta y ponga que deslumbran a los visitantes y pintan una expresión de “eso no es tango” en los porteños más arrabaleros.

 

Resumiendo: Buenos Aires no sólo tiene “copetín o pizza al paso”  (una buena porción de muzzarella con un vasito de moscato en Las Cuartetas puede tentar hasta a Su Santidad, si éste se atreviera a hollar mi suelo, lo aseguro) sino que ofrece también el valor  agregado de nuestra “cultura popular al paso” en esta Florida 2007  en la que cada dólar representa tres debiluchos pesitos para gloria del turismo foráneo y disgusto de las vacas y las canteras nacionales.

* Las “Caticrónicas” de Cati Cobas pueden leerlas en :

http://caticobas.blogspot.com/

Esta Revista agradece muy especialmente la cesión de este artículo y de su difusión en exclusiva por Alenarte.