Visiones Dantescas II- El Infierno: Por Virginia Seguí Collar.


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(Rodin: Puerta del Infierno)

El viaje que Dante emprende en La Divina Comedia por los reinos de ultratumba: Infierno, Purgatorio y Paraíso, tiene como finalidad práctica llegar al conocimiento de Dios, se trata de la peregrinación que toda alma debe emprender en su búsqueda del bien infinito. Lo curioso es que el poeta lo plantee partiendo del amor humano entendido como participación finita del amor que Dios siente por sí mismo en virtud de su propia perfección. El hombre ama a Dios, aunque no le conozca, a través de su amor hacia las cosas presentes en su vida cotidiana. Dante experimentó esto y lo expuso en una obra anterior: Vida Nueva; aunque después las pasiones dominaron su vida arrastrándole a la <selva salvaje> en la que se encuentra perdido cuando comienza su relato en la Divina Comedia. Selva en el que vive todo hombre cuando en su corazón todavía dominan las tres pasiones que le impiden llegar a la razón. La lujuria representada por una onza o leopardo, la soberbia representada por un león y, finalmente, la loba será alegoría de la codicia o avaricia entendida como deseo desenfrenado de quien se pone a sí mismo en el centro de todo. La presencia de estas fieras le dificulta el inicio del viaje, llegando a plantearse no continuar hasta la aparición de Virgilio que se ofrece como guía para ayudarle a superar las primeras etapas del viaje; representará la razón poética que nos inspira y nos permite pensar en un paraíso de felicidad conquistable en la tierra. En época romántica estas escenas fueron inspiración  para varios artistas plásticos entre ellos: Joseph Antón Koch con su obra: Inicio del poema Dante y Virgilio (1827-9) y Camille Corot con Dante y Virgilio (1876)

            Para Dante el infierno es un oscuro torbellino que bulle bajo la corteza del hemisferio boreal; un cono invertido formado por nueve círculos concéntricos que descienden al lugar más alejado de Dios y de la luz que, a la vez, es el centro del Universo; un lugar en el que se precipitan las almas dominadas por sus pasiones. Dante y Virgilio inician el viaje desde una oscura llanura que sirve de vestíbulo en el que se encuentran las Puertas del Infierno y dan paso a una triste ribera sobre la que caen las almas como hojas muertas depositándose en los márgenes del Aqueronte; río infernal  cuyas aguas cruzarán sobre una barca conducida por Caronte, para finalmente enfrentarse al primer círculo: El limbo, lugar de reposo de los niños muertos sin bautizar y de las almas de los que honraron el arte y la ciencia pero carecieron de la verdadera fe, poetas y personajes relevantes de la Antigüedad precristiana.

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                                                                (Delacroix: La Barca de Dante)

En 1880, Auguste Rodin, recibió el encargo de diseñar un gran pórtico que diera acceso al Museo de Artes Decorativas. Para su realización el artista se inspiró en la obra de Dante, planteándose diseñar unas puertas que representaran, en sí mismas, todo lo que el poeta planteó en su obra y que, a la vez, fueran un contrapunto a las Puertas del Paraíso que Lorenzo Ghiberti realizó para el Baptisterio en Florencia. Sus primeros diseños tuvieron como referente la obra de Ghiberti, pero pronto romperá con él y planteará un diseño abierto, donde las figuras caen en cascada dislocando el contexto narrativo con su particular visión de la obra dantesca. Desde el dintel superior, tres sombras, señalan e indican al espectador la entrada al Infierno a través de unas puertas que, en sí mismas, contienen los pasajes más esenciales de la Divina Comedia. Nunca llegaron a su destino y Rodin empleó en su ejecución el último tercio de su vida; en 1905 después de mostrarlas por primera vez al público, incluso devolvió los fondos que había recibido por su encargo; las versiones en bronce se vaciaron después de su muerte. Las llamaba su Arca de Noe, su realización le permitió desarrollar al máximo su fantasía y de su trabajo en ellas surgió su inspiración más salvaje y sus obras de mayor éxito. Williams Blake había realizados las ilustraciones para una nueva edición de la obra entre 1824 y 1827, entre las que se encuentra una visión de las puertas, aunque el planteamiento del tema tiene otras dimensiones acordes con su finalidad.

            La travesía del Aqueronte sobre la barca de Caronte es otro tema de éxito entre los artistas, los mejores ejemplos los tenemos en las obras de Mehus: Dante y Virgilio en el Infierno (1675) y, sobre todo, en Delacroix con La barca de Dante (1822).

paolofranchescacoupin1812.jpg (Coupin: Paolo y Francesca)

La visión física del Infierno está bien ejemplarizada en los dibujos realizados por Botticelli para ilustrar el frontispicio de la Edición florentina de 1481; comentada, en vulgar, por Cristoforo Landino uno los miembros destacados de la Academia Platónica florentina quattrocentista.

            En el infierno presenta a Dante la justicia de Dios; lo irá recorriendo en sus distintos círculos y encontrando, en ellos, una galería de personajes mitológicos e históricos entre los que se incluyen algunos de su propio tiempo que provocarán en él, dada su contemporaneidad, turbadores sentimientos.

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                                                                                        (Ingres: Paolo y Francesca)

paolofranchescafeuerbach.jpg (Feuerbach: Paolo y Francesca)

                                                                    

 Los momentos más significativos, de este relato, son los que han tenido mayor repercusión en los artistas plásticos. El canto V se centra en el segundo círculo donde se encuentran las almas lujuriosas; entre ellas se destaca la figura de Francesca de Rimini, hija de Guido El Viejo de Polenta casada con Giovanni Malatesta, conocido como el <cioto> (derrengado) que, dominada por la pasión amorosa cae en brazos de su cuñado Paolo; los amantes murieron a manos de un marido en busca de su honor, hechos que sucedieron en 1285 y que Dante conocía de primera mano. Nos presenta a una joven dominada por la pasión pero consciente de las consecuencias que puede tener su acción; nos describe la acción en los aposentos, de un palacio, donde una mujer joven se entretiene leyendo un libro de amor cortés que relata las venturas caballerescas de Lanzarote. Los sucesos del libro se trasladan a la realidad y la lectora acaba en brazos de su amante. El autor en uno de los mejores ejemplos del dulce stil nuevo, transcribe la sensualidad del amor y lo enmarca en un ambiente tormentoso, con el viento soplando que envuelve a los amantes y los enmudece, mientras la presencia de estorninos, grullas y palomas elevan a elegía la línea poética. El movimiento romántico tendrá predilección por este episodio y bajo el título de Paolo y Francesca sus mejores representantes ejecutarán varias obras, centradas básicamente en dos momentos del relato: La escena palaciega, que en ocasiones se traslada a un jardín, en la que el beso robado de Paolo hace sucumbir a Francesca que abandona su lectura para caer en sus brazos, destacando las obras de Coupin (1812), Alberdi (1828), Ingres (1834), Feuerbach (1863-4), Dyce (1845) , Rossetti (1855) y Rodin (1886).

                                   

paolofranchescapreviati.jpg (Previati: Paolo y Francesca)

  El segundo momento elegido es la escena en que las almas de los amantes flotan abrazadas, a veces en torbellino; los mejores ejemplos son obras de Sala (1823), Ary Schffer (1835), Rodin (1867), Gaetano Previati (1909) y Boccioni (1908-0), Rodín (1889 y 1909). La muerte de los amantes es el tema de otros: Cabanel (1870) y Previati (1887).

ugolinodiotti1820.jpg( Diotti: El conde Ugolino en la Torre)

                                                                    

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(Delacroix: Ugolino y sus Hijos)

Otra historia de éxito es la del Conde del Ugolino de la Gherardesca y su familia que murieron de hambre prisioneros de la torre de La Muda, tras la traición del arzobispo Ruggierri degli Ubaldini con quien había conspirado por el gobierno de Pisa. En ésta ocasión los artistas eligen representar al Conde en actitud pensativa y los momentos de prisión. Entre ellos, Diotti con El Conde Ugolino en la torre (1820), Delacroix: Ugolino y sus hijos (1856-60), y se sabe que Rodin realizó una obra con este tema pero no está localizada ; Carpeaux representó a Ugolino en 1857.

Sin duda el Infierno dantesco daría para más, pero consideramos que lo reseñado hasta aquí es una buena muestra de las imágenes que Dante consigue crear en su obra. Dejamos al poeta a punto de abandonar el Infierno y continuar su viaje por los mundos de ultratumba; pronto lo encontraremos visitando el Purgatorio, en el próximo capítulo le acompañaremos en su nuevo recorrido.

                                                                             lujuriosos.jpg (Blake: Lujuriosos)