Textos creativos de Pilar Moreno, Olga Muñoz, Luis. E. Prieto.


 Tintoretto: una pasión descubierta 

Pilar Moreno Wallace

La verdad es que no me había interesado mucho este hombre hermético e introvertido. Sabía de sus preferencias -que Vasari llamó caprichos- y su carácter poco condescendiente. Lo mitológico de sus obras y sus dimensiones, no favorecieron un acercamiento, y su estilo de trabajo apresurado, las enérgicas pinceladas y furiosos trazos me hacían ver en sus obras un aspecto desordenado, pendientes aún de la mano del pintor.

Sabía de él, pero sólo llegué a conocer algunas versiones del nombre de aquel niño que correteaba entre los tintes y las sedas con las que trabajaba su padre. Fue allí -entre el rumor de la tarea diaria- donde despertó su admiración por los colores y aprendió a valorar el efecto de la luz en las telas. Todo eso marcó el destino del pequeño tintorero, que dirigió sus sueños con presteza hacia la pintura, poniéndola en practica de una manera impulsiva y renovadora. Su estilo rompió los límites que el Arte marcaba, al actuar de forma independiente y seguir sus propias convicciones. Un comportamiento que turbó voluntades e hizo crecer el recelo en su entorno.

Hoy me he acercado de nuevo a él con la disposición confiada de mis preferencias, sin dar oído a críticas ni a intereses que deformen las palabras. Mi recelo le debía mi propia disciplina y tiempo. Hoy he conocido a un hombre audaz con sus pinceles, defensor de su  prestezza y su nunca acabado sueño de pintar. Jacobo Robusti me ha fascinado con el dramatismo de la obra presentada -la composición, los gestos, el movimiento- y el planteamiento pasional del artista a través del color, la luminosidad y la perspectiva, en pulso siempre con su maniera particular de ver el Arte …

Se recrea el color y la forma

en buscar la geometría,

y el aire

deja el movimiento perceptivo

de los cuerpos.

La luz juega en escorzo

con la dualidad de los hombres.

Blancoscuros, azules,

y una estructura

que fragmenta la superficie al infinito.

El trazo y el protagonismo

de las pequeñas y grandes cosas

en los espacios teatrales de los lienzos …

Así me habló, proyectando sus palabras en la materia más allá del límite establecido, con el lenguaje cromático de sus telas, con los signos, los esbozos, el fulgor de los barnices y el vigor con que me atrajo -desde su mirada cansada y triste- hasta apasionarme para siempre.

   Sin distancia  Olga Muñoz

Bajó la mirada levemente, a escondidas. Adivinó un mágico misterio bajo la sutil tela color ámbar que se confundía con su piel. Recordó aquella tarde en la que jugando con los últimos rayos de sol, descubrió junto a las rocas el primer cuerpo desnudo de mujer. Aquel cuerpo brillaba como brilla la arena, liberando mil reflejos verdes, azulados, rojizos de sol de media tarde. No entendió entonces porque su cuerpo entero parecía vibrar y a pesar del fresco de la tarde, un calor envolvente empapó su vieja camiseta.

Una sonrisa dulce y mansa apareció en sus labios. Volvió a mirar aquella tela color ámbar. A escondidas, levemente, imaginando un nuevo y mágico misterio. Y un calor tibio caldeo su frágil cuerpo, y una tarde más,  como cada tarde de aquellos  setenta años, abrazó aquel cuerpo como  si fuera la primera vez.  Y  una tarde más, fieles a su cita, bailaron junto a ellos arenas de colores.

Mayo 2007

VENDRÁ LA LUCHA   Luis E. Prieto

Las horas se agazaparon en una espiral de negros: lágrimas secas para un tiempo que dibujaba muertes sin sentido.

tiempo contra tiempo

dolor contra risas

presente contra futuro vacío de rosas.

Un torbellino de recuerdos agolpándose en los intestinos, vomitando promesas de chocolate rancio, recolectando agujas sin sangre ni caricias.

tormenta que asola

el corazón perdido de los besos,

lujurias

que se paralizan

en los toboganes del amor ausente:

terror

de la carne huera,

de la piel que se resquebraja

yerma de luces.

El monstruo había mordido, sigilosamente, el azul, para retomar marrones y grises con sabor a tumba, y los ojos se hundieron en la concavidad difusa del silencio disfrazado de promesas, ahíto de preguntas sin respuesta, de signos vagabundos en la niebla.

las manos, entonces,

recorrieron los confines del cariño

aunando voces escarlatas

en un ulular

de claveles colorados: hombro a hombro

acorralaron el sonido lúgubre

de las campanas de muerte

con el poder de la vida.

La luz se dejó ver entre las tripas de las máquinas y los fotones rasurando un espacio sin carcomas, fotografiando hormigas gozosas dispuestas para luchar y vencer al dios sin cara.

Y todo se volvió verde, reajustando el valor dormido de la esperanza…

Vendrá la lucha, pero sabremos que hay lugar para el tiempo y el espacio, y que las manos entrelazadas siempre vencerán al monstruo silente de la voz bronca vestido de brumas.

Mayo-07