Alenarte

Revista cultural y artística

Los Retratos en la obra de Gloria Melgar. Por: Virginia Seguí.

 

Un breve estudio acerca de los Retratos en el siglo XIX a través de la obra de Gloria Melgar, desconocida artista interdisciplinar, que impulsó nuevas formas de arte a finales de siglo.

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Jueves, 5 Junio, 2008 Publicado por alenar | ImagoArte | | No hay comentarios

Pandora; su propia autobiografía: Por: Virginia Seguí Collar.

Recreación de la historia de Pandora, en una mezcla poética entre leyenda, ficción e historia, que, adaptando el mito clásico da una nueva visión lírica del mismo.

 

 

Recreation of the history of Pandora, in a poetic mixture among legend, fiction and history that, adapting the classic myth gives a lyrical new vision of the same one.

Récréation de l’histoire de Pandore, dans un mélange poétique entre légende, fiction et il historie que, adaptant le mythe classique donne une nouvelle vision lyrique de la même.

                                                                  

                                                                   

Sport der Geschichte von Pandora, in einer poetischen Mischung unter Legende, Fiktion und die Geschichte der, den klassischen Mythos anzupassen, gibt eine lyrische neue Vision von den gleichen.

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Sábado, 2 Febrero, 2008 Publicado por alenar | ImagoArte | | 6 comentarios

La Escritura y el Arte: III. Oriente. Por Virginia Seguí Collar.

                                                                          

 (Fig.1. Mapa de Oriente)

                                                                         

Las culturas primitivas que se desarrollaron en Oriente (Fig.1) tuvieron una evolución y unas fases de desarrollo equivalente a las occidentales y en un momento dado de este proceso también llegaron a organizar primero, un lenguaje que les permitiera comunicarse y, después, un sistema de escritura que lo expresara gráficamente. Sin lugar a dudas el lenguaje es una de las manifestaciones más personales y diferenciadas de cada cultura y su organización nos permite descubrir muchas de sus características más significativas.

Durante la Edad del Bronce las facies culturales más activas en Oriente se sitúan en la zona de la actual China y es en ellas donde encontramos los primeros restos de escritura; su carácter difiere del occidental pues no se basa en un sistema fonético sino ideográfico, sus signos de escritura transmiten un significado independientemente de su sonido, lo que permite que habitantes de diferentes regiones e incluso países, con idiomas y pronunciaciones diferentes incapaces de entenderse oralmente, puedan hacerlo perfectamente por escrito.  Los restos arqueológicos prueban que hacia el 5000 a. C. existían ya signos gráficos que corresponden a palabras, aunque todavía sea difícil hablar de un sistema de escritura, que al parecer no aparece hasta el 3000 a. C.; ya en la fase Anyang durante la dinastía Shang. Anteriormente a esto, los registros de la dinastía Tang mencionan que los acontecimientos importantes se mantenían vivos en la memoria mediante un complejo sistema de nudos en cuerdas o mediante el tallado, en madera, de muescas o símbolos. Estos símbolos irían evolucionando y formando imágenes rudimentarias relacionadas con la vida y las necesidades diarias de la comunidad estando, por tanto, fuertemente vinculadas con la naturaleza (Fig. 2). Este tipo de escritura es de una gran complejidad y su aprendizaje puede parecer utópico a un occidental dada la gran cantidad de signos que deben conocerse, aunque no hay que olvidar que el conocimiento de ellos es, en muchos casos intuitivo, y suele estar facilitad por el contexto.

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Sábado, 19 Enero, 2008 Publicado por alenar | ImagoArte | | 1 comentario

La Adoración de Los Magos. Por: Virginia Seguí Collar

Esta escena que forma parte de nuestro acervo cultural y que, de modo tan natural, incorporamos a los Belenes o Nacimientos que solemos montar, en Navidad, plantea, sin embargo, varios temas de debate. Tenemos, en primer lugar, las dudas que surgen acerca de la veracidad o historicidad del episodio, ya que su base documental procede de fuentes no históricas, por ejemplo el tratadista judío Flavio Josefo, nacido hacia el año 37 d. C., que escribe sobre esta época no lo menciona y es el Evangelio de San Mateo el único de los canónicos que relata el suceso aunque de forma breve y poco detallada; no obstante pueden extraerse de él algunos datos básicos: Los magos o sabios de Oriente, que han sido avisados por una estrella del nacimiento del rey de los judíos, llegan a Jerusalén en su busca; Herodes el Grande, gobernador de Palestina, al enterarse les manda llamar para que le informen de todos los pormenores; cómo todavía no saben donde se encuentra, les envía a Belén con la encomienda de que sí lo encuentran vuelvan a decírselo, ya que él también quiere adorarlo. La estrella les guía hasta el Niño, encontrándole en su casa con María, su madre, y arrodillándose lo adoran y le ofrecen sus presentes: oro, incienso y mirra; avisados por un ángel de que no deben comunicar a Herodes su paradero, regresan a su tierra por otro camino. Debe acudirse, nuevamente, a los Evangelios apócrifos para obtener algo más de luz sobre el tema; el tema está tratado en el Protoevangelio de Santiago (Cap. XXI), el Evangelio del Pseudo Mateo (Cap. XVI) y en el Evangelio árabe de la Infancia (Cap. VII).

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Viernes, 4 Enero, 2008 Publicado por alenar | ImagoArte | | 2 comentarios

Iconografía de la Natividad. Por: Virginia Seguí Collar.

En la liturgia cristiana la Natividad del Señor es una festividad que culmina el adviento ya que el nacimiento de Jesús significa la llegada del que para los cristianos sería El Salvador del mundo; la fecha real de su nacimiento ha sido discutida por los eruditos y fijada por algunos de ellos, hay diversas opiniones; unos dicen que acaeció en el año 5228 después de la formación de Adán, con la ambigüedad que esta datación puede conllevar; otros, entre los que destaca Metodio, sitúan el suceso en el año 6000, aunque algunas fuentes critican sus métodos de datación al suponerlos más próximos a supuestos místicos que a criterios cronológicos reales; Eusebio de Cesarea, en sus Crónicas, afirma que el nacimiento de Jesús tuvo lugar en el 5199, siendo Octavio emperador de Roma; fecha con la que coincide Santiago de la Vorágine en La leyenda dorada dándola por buena indicando que aquél qué vino al mundo a traer la paz temporal y eterna eligió por ello, para nacer, una época de sosiego político y social.

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Sábado, 22 Diciembre, 2007 Publicado por alenar | ImagoArte | | 2 comentarios

La Escritura y el Arte.- II- De Roma al Cristianismo. Por: Virginia Seguí Collar.

fig1-imperioromano395dc.jpg ( Fig.1. El Imperio Romano en 395 dc.)

La gran cantidad de culturas y países que dominó, política y administrativamente, el Imperio Romano abarcaba, en su época, la mayor parte del mundo conocido (Fig.1); mediante su colonización y la incorporación a su sistema administrativo fue realizando su latinización; no obstante, el nivel de control que obtuvo sobre la  cultura y el lenguaje de estos pueblos colonizados no alcanzó un nivel uniforme, siendo mayores la dificultades cuanto mayor era el grado de desarrollo cultural alcanzado por cada uno de ellos antes de la conquista. En algún caso la influencia fue, incluso, a la inversa, siendo la propia Roma la que asumiría e incorporaría como propios algunos de los aspectos más significativos del acervo cultural de los pueblos conquistados; el ejemplo más claro de esto sería el caso griego.

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Sábado, 8 Diciembre, 2007 Publicado por alenar | ImagoArte | | 1 comentario

La Escritura y el Arte. Por: Virginia Seguí Collar.

Es significativo que la capacidad de expresión humana vinculada al lenguaje sea algo arqueológicamente invisible, es decir, no podemos conocer el momento exacto en el que el hombre adquirió la habilidad de comunicarse a través del habla; y únicamente puede intuirse una capacidad de comunicación gestual a través de los utensilios o elementos artísticos que el hombre prehistórico fue creando; de hecho el concepto de Prehistoria está relacionado con este hecho, ya que por definición es la época de la que no existen testimonios directos; vinculando así el concepto de historia a la aparición de la escritura; que a su vez no es sino un paso más del desarrollo del lenguaje humano, que primero seria gestual, después oral, finalmente su expresión gráfica por medio de la escritura.

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Sábado, 24 Noviembre, 2007 Publicado por alenar | ImagoArte | | 3 comentarios

Jardines Medievales II. El Islám. Por Virginia Seguí Collar

fig1-ciudadislamica.jpg (Fig. 1. Modelo de ciudad islámica) fig2-casaislamica.jpg (Fig. 2. Modelo de casa islámica)

La cultura islámica se instala originariamente, a partir del siglo VII, en la península Arábiga, limitada en el norte por el creciente fértil y teniendo a Siria y Palestina al noroeste; conformada por una gran zona desértica muy cálida que ocupa el norte y su zona central en la que escasean los oasis; su población se componía mayoritariamente de tribus nómadas y escasos núcleos urbanos poco desarrollados, entre los que destacaban La Meca y Yatrib, después Medina; y una franja costera del sur muy fértil, el Yemen actual, con población sedentaria, agricultura establecida y un mayor numero de núcleos urbanos. Estas zonas eran dos estados independientes de organización tribal hasta la unificación islámica.

Las condiciones climáticas y las creencias religiosas condicionaron la morfología de  las ciudades que se irán creando desde que Muawiyya, gobernador de Siria, en el año 661, estableció la primera dinastía Omeya. Inicialmente actúan sobre las ciudades preexistentes que van conquistando y una vez asentados construirán ex novo. La morfología de la ciudad musulmana presenta características diferenciadas de las occidentales, funcionalmente son organismos mucho más simples que llevan al extremo la dicotomía campo/ciudad; sus calles no son un espacio público sino un camino, a veces tortuoso, trazado por casas cerradas al exterior agrupadas sin planificación alguna; su crecimiento es orgánico como el de una célula viva formando un compacto caserío con terrazas y patios como únicos espacios abiertos, en ellos es donde sus habitantes instalaban sus jardines. (Fig. 1)

Yaqubi describe la construcción de Samarra por Al-Mutasim, en las proximidades del Tigris, indicando que estaba planificada con cuatro calles paralelas al río y cuando hubo dispuesto el reparto de la ciudad: “[...] construyó un puente sobre el río  dividió la tierra de la otra orilla en granjas, importando semillas de buena calidad para palmerales, huertos  viñas“, trajo expertos artistas y artesanos e industriales técnicos en diversos oficios y los instaló en una zona de la ciudad: “Todos los estableció en aquel barrio, al otro lado del Tigris, en casas que tenían su jardín, su pérgola para descanso, su estanque y establos con picadero [...]“. (Fig. 2)

(Fig.3. Plano de la ciudad de Bagdag)fig3-planobagdag.jpg (Fig.4. Pintura mural de Quasayr Amra)fig4-quasayramrabanoviii.jpg

 

 

El mejor ejemplo de ciudad ex novo es la ciudad de Bagdad, construida ya en período abbasí, y que supone una excepción del modelo expuesto ya en su misma ubicación al seleccionar siguiendo la tradición persa un lugar privilegiado entre los ríos Tigris y Éufrates, será conocida como la Ciudad de la Paz. Es un modelo de ciudad perfecta o ideal, con una planificación utópica de planta circular, de 6600 metros de diámetro, rodeada de una doble muralla, precedida posiblemente de un foso. Cuatro grandes vías confluyen en el centro donde se situaban los edificios nobles: Mezquita o aljama, Palacio o Dar al Imara y otras dependencias, aisladas por un paradeison o jardín coto de caza, de herencia sasánida, de grandes dimensiones con vegetación y animales en semilibertad. (Fig. 3)

Existen también otro tipo de edificios civiles construidos a partir del califato Omeya en los que al parecer pudo también existir algún espacio dedicado a jardín, se trata de los palacios o residencias del desierto, donde descansaban de la insalubre y bulliciosa vida urbana, aunque a veces son espacios muy reducidos y situados en zonas con bastantes dificultades para el crecimiento de vegetación, pero hay pruebas de la existencia de baños y estanques en ellos, así pues encontraron la manera de abastecerlos de agua, que bien pudiera servir también para crear algún espacio ajardinado, destaca el de Quasayr Amra, Hammam As-Sarakh, Mschatta, Qasar Al-Hair, en el citado en primer lugar existe una pintura mural con una escena de baño que muy bien pudiera estar ubicada en uno de estos espacios. (Fig. 4)

fig5-patiointeriorcasacordoba-001.jpg(Fig. 5. Patio interior de casa cordobesa)fig6-moraensujardinromerobarros1878.jpg (Fig. 6. Mora en su jardín. Romero Barros.1878)

 

 

La organización del jardín y los elementos que lo constituyen son una expresión más del carácter de quien lo construye, en la cultura islámica está vinculado al concepto de paraíso que les promete el Corán, eternos jardines repletos de gozos paradisíacos y  sublimes, con abundancia de agua, vegetación y sonidos de pájaros; donde colmarán todas sus aspiraciones; mientras esto llega crean jardines para emularlo. Los construían de diversos tipos: el ya comentado paradeison, el bustán o jardín de olor cuya finalidad es el disfrute del olfato con distintas fragancias embriagadoras exaltando el mundo de la sensualidad, los de agua para disfrute del oído o riyad con su rumor y diferentes ritmos y de la vista entendiendo el agua como espejo al duplicar la imagen de las arquitecturas entre las que se encuadra. Los de tipo crucero rectangulares con un punto de agua central y cuatro puntos cardinales. De estos jardines de época medieval casi no se han conservado más que los construidos de Al-Andalus en España donde veremos algunos ejemplos.

La entrada de los musulmanes en la península Ibérica se produce en el 710, año 91 de la Hégira, a partir de esta fecha distintas oleadas de pueblos árabes fueron entrando realizando un proceso de conquista, asentamiento y finalmente de asimilación y convivencia de culturas. Su instalación supuso una intervención en las ciudades que iban conquistando y que poco a poco fueron adoptando una morfología más apropiada a su cultura, dejando en las ciudades, hoy españolas, una impronta todavía visible. (Figs.5 y 6 )

 

El momento culminante de la dominación musulmana en la península se produce, sin duda, a partir de Abderraman I (Abd al-Rahman), único príncipe Omeya superviviente de la matanza Abu Al Abbas, que conseguirá huir de Damasco y fundar en Córdoba en el año 756 el I Emirato independiente. Este príncipe omeya, nieto del califa Hisham, criado en el palacio de al-Rusafa, próximo al Éufrates, intentará emular en Córdoba los edénicos jardines en los que vivió su juventud; para ello mandará traer plantas originarias de su tierra natal, palmeras y granados que no crecían aquí para plantarlos en el solar del palacio de los gobernadores, a la orilla del Guadalquivir.

Se sabe que en Córdoba existía un discreto Dar al-imara, rodeado de casas en una ciudad de aproximadamente medio millón de habitantes, por ello, en 936 Abderraman III, autoproclamado Califa en 929, iniciará la construcción de una ciudad palacio a la que trasladar su residencia y la vida de corte; al noroeste de Córdoba en la montaña llamada la desposada se levantará: Medinat al-Zahara, con un sentido jerárquico la ciudad descenderá desde lo alto de la montaña donde se situaba la zona áulica, el descenso se hice mediante tres terrazas en las que se distribuye el resto de la ciudad situándose en la zona mas baja el pueblo llano. Un acueducto la abastecía de agua; las excavaciones han demostrado la existencia de jardines tanto en los aposentos del Califa como en algunas de las casas, posiblemente residencias de  cortesanos, que incluso son denominadas por el tipo de jardín que contienen: de la Alberca, de la Alberquilla. No quedan restos visibles de los jardines auque se han anastilosado varios edificios de la zona noble.

 

En muchas otras ciudades a lo largo de los ocho siglos de dominación árabe, se construyeron jardines, sobre todo en los edificios que utilizaron como residencias, las Alcazabas de Málaga y Almería, la Alfajeria de Zaragoza, los Alcázares de Sevilla, etc, pero como paradigma del jardín, sin duda, nada como la intervención de la dinastía Nazarí en Granada con las construcciones la Alhambra (Fig.7) y los jardines del Generalife. (Fig.8)

fig7-planoalhambragranada.jpg ( Fig. 7. Plano de la Alhambra. Granada)fig8-plantageneralife.jpg (Fig. 8. Planta del Generalife. Granada)

 

 

En ellas el arte nasrí llego a su mayor refinamiento mientras se debilitaba políticamente, hay que considerar que es el único palacio musulmán de época medieval que se conserva y es un perfecto ejemplo del concepto islámico de arte total. El conjunto incluye palacios construidos para sucesivos gobernantes, teniendo en cuenta que cada uno de ellos cuando ascendía al poder deseaba hacer ostentación de ello. En el conjunto se integran arquitecturas, sonidos, olores, reflejos, colores; una arquitectura intimista abierta a espacios interiores en muchos casos ajardinados.

Muhammad I construyó la primitiva Alcazaba en el extremo de la colina llamada Sabika (una roca), pese a ser un periodo de asentamiento con un sentido defensivo está documentada la existencia de un jardín a los pies de la Torre de la Vela. A partir de él los siguientes reyes de la dinastía nazarí van construyendo sus aposentos añadiéndolos a los existentes, así Ismail I, a principios del siglo XIV, construye El Partal, pequeño conjunto que incluye un jardín tipo espejo. (Fig.9) y su sucesor Yusuf I la zona administrativa o mexuar, con la famosa torre de la cautiva, que jalona la muralla y la torre de Comares con el salón de embajadores, el Patio de la Alberca o de los Arrayanes se encuentra ubicado en este entorno (Fig. 10); en él se combina el jardín de espejo y el bustán para deleite de los sentidos. A Muhammad V le debemos el Patio de los Leones que combina el de tipo crucero con el riyad, joya del arte nasrí al que están dedicados unos versos escritos en sus muros, relativos a la fuente central. (Fig. 11)

fig9-elpartalalhambragranada.jpg ( Fig. 9. El Partal de la Alhambra) fig10-patiodelosarrayanesalhambragranada.jpg (Fig. 10. Patio de los Arrayanes. La Alhambra. Granada)

 

 

“Bendito sea Aquél que otorgó al iman Mohamed
las bellas ideas para engalanar sus mansiones.
Pues, ¿acaso no hay en este jardín maravillas
que Dios ha hecho incomparables en su hermosura,
y una escultura de perlas de transparente claridad,
cuyos bordes se decoran con orla de aljófar?
Plata fundida corre entre las perlas,
a las que semeja belleza alba y pura.
En apariencia, agua y mármol parecen confundirse,
sin que sepamos cuál de ambos se desliza.
¿No ves cómo el agua se derrama en la taza,
pero sus caños la esconden enseguida?
Es un amante cuyos párpados rebosan de lágrimas,
lágrimas que esconde por miedo a un delator.
¿No es, en realidad, cual blanca nube
que vierte en los leones sus acequias
y parece la mano del califa, que, de mañana,
prodiga a los leones de la guerra sus favores?
Quien contempla los leones en actitud amenazante,
(sabe que) sólo el respeto (al Emir) contiene su enojo.
¡Oh, descendiente de los Ánsares, y no por línea indirecta,
herencia de nobleza, que a los fatuos desestima:
Que la paz de Dios sea contigo y pervivas incólume
renovando tus festines y afligiendo a tus enemigos!”

                fig11-patiodelosleonesalhambragranada.jpg ( Fig. 11. Patio de los Leones. Alhambra. Granada)   

 

 

El entorno conocido como Jardines del Generalife, es en realidad una casa de recreo de los califas, un lugar de descanso sin las obligaciones de la corte, próximos al conjunto de la Alhambra y como su propio nombre indica un espacio dedicado al ocio y los placeres, a los que en el mundo islámico se llegaba, en muchos aspectos, a través de los jardines. (Figs. 12 y 13)

fig12-vistadelosjardinesgeneralife.jpg( Fig. 12. Vista del Jardines del Generalife)  fig13-patioacequiageneralifegranada.jpg ( Fig. 13. Patio Acequias. Generalife)               

Viernes, 9 Noviembre, 2007 Publicado por alenar | ImagoArte | | 3 comentarios

Jardines Medievales I: Occidente. por: Virginia Seguí Collar.

fig1-parejaenamoradosenjardinmedievalrenauddemontaubon1462-70.jpg( Fig 1. Pareja de enamorados en jardín medieval. Renaud de Montaubon)

Centrándonos en occidente las invasiones bárbaras significaron el fin del Imperio Romano, durante varios siglos se vivió una gran inestabilidad lo que significó la desaparición de la organización territorial romana; desde el siglo II el proceso fue acentuándose y las guerras y la inestabilidad dificultaron la supervivencia de la población; la decadencia fue apoderándose de las ciudades ante la imposibilidad de que sus habitantes pudieran realizar, no sólo actividades artesanales, comercio e industria, sino incluso las necesarias para la obtención de productos para su abastecimiento y manutención lo que hizo muy difícil la vida en las ciudades. Fue necesario el transcurso del tiempo y que los invasores, una vez establecidos en los territorios conquistados se planteasen su organización; sólo así las ciudades retomaron su actividad iniciando un nuevo proceso de desarrollo. Durante siglos X y XI las ciudades preexistentes que habían logrado sobrevivir, en la mayoría de las ocasiones, gracias a la presencia en ellas de alguna autoridad eclesiástica y su correspondiente sede o, bien gracias a la instalación un monasterio en las proximidades, iniciaron su recuperación.

Es difícil generalizar el proceso dada la gran extensión territorial de la que hablamos, en cada zona su ritmo fue el adecuado a sus propias características y al paulatino asentamiento de los pueblos invasores. Poco a poco y a medida que los nuevos reinos o estados fueron formándose, comenzó una especie de “renacimiento” cultural y político que permitió la reanudación de actividades en las ciudades existentes o su creación ex novo. Puede hablarse de diversos tipos; preexistentes ya tengan origen romano o no; los llamados burgos que habían ido construyéndose con fines defensivos y militares y las aldeas que fueron creciendo para acabar siendo núcleos urbanos de mayor entidad. Por otro lado tenemos las de nueva creación, algunas encuadradas en planes concebidos por el poder político para controlar disidencias como sucede con las llamadas bastides francesas, inglesas o galesas.

La existencia de jardines en las ciudades medievales, está documentada aunque, actualmente, sean difíciles de rastrear; las palabras de Mumford en La ciudad a través de la historia así lo corrobora: “La típica ciudad medieval se hallaba más próxima a lo que ahora denominaríamos una aldea o una población rural que a una moderna y abarrotada aglomeración urbana comercial. Muchas de las ciudades medievales que vieron detenida su expansión antes del siglo XIX aún presentaban jardines y huertos en el corazón del municipio.” Morris en su Historia de la forma urbana cita la ciudad flamenca de Furnes como un ejemplo de esto haciéndose eco de lo que Sir Patrick Abercrombie menciona en su obra Urbanismo y planificación rural, en donde llega a considerarla casi una ciudad jardín: “[...] la concepción medieval de una ciudad de negocios, con su plaza en el centro, su grupo de edificios públicos, entre los que figura la catedral, una gran iglesia urbana, el ayuntamiento, los juzgados, etc., casas alineadas a lo largo de las calles con continuidad, aprovechando económicamente cada metro de fachada, pero provistas de amplios jardines en su parte trasera“. (Fig. 2)

fig2-ciudadfurnesflandes1590.jpg ( Fig.2. Plano de ciudad jardín de Furnes, Flandes. 1590)

(Fig. 3. Plano del Monasterio Benedictino de San Gall) fig4-planosaintgall.jpg fig3-claustrofontenayborgona.jpg (Fig. 4. Claustro Fontenay,  Borgona)

 

En el primer caso el ejemplo más claro estaría en los Monasterios que fueron creando las distintas órdenes religiosas y que pronto se convirtieron en lugares de concentración y preservación del legado cultura de la Antigüedad. Está documentado que los miembros de éstas órdenes, ya fueran reglas masculinas o femeninas, dedicaron parte de su tiempo a la creación y cultivo de jardines; así como a la conservación y recuperación de los conocimientos preexistentes sobre el tema. Dadas las dificultades existentes para el comercio y transporte de mercancías los miembros de la orden tuvieron que asumir su propio abastecimiento convirtiéndose en centros autárquicos capaces de producir los productos agrícolas necesarios para la alimentación de sus miembros. En consecuencia, se crearon varios tipos de espacios de contenido vegetal. El plano del monasterio benedictino  de Saint Gall (720) fundado por San Othmar a partir de una antigua ermita; nos permite apreciar esto al poder distinguir en él (Fig. 3) varios espacios ajardinados, y aunque ninguno de ellos tuviera en esencia el mismo sentido que hoy día le damos al jardín como tal; sí podemos hablar de espacios dedicados al cultivo de plantas con distintas finalidades: el claustro (4) elemento básico del monasterio, cuadrangular y posiblemente derivado del antiguo atrio romano es un espacio dedicado a la oración, el reposo y la meditación al que, en ocasiones, se da un tratamiento ajardinado, como puede apreciarse en el de Fontenay en Borgoña (Fig. 4); un huerto (6); un herbolario (9) situado junto a la casa del medico y la farmacia; un cementerio (7) en el que sin duda existían árboles y plantas.

En 1084 San Bruno fundó la orden de los Cartujos, regla de inspiración benedictina, que establece la separación de sus miembros en celdas individuales y aisladas a las que se añadiría un pequeño jardín. El primer establecimiento cartujo construido en Chartreuse, de donde la orden tomó su nombre, tenía las celdas orientadas al sur, abriéndose éstas a pequeños jardincillos que los monjes organizaban libremente cultivando las plantas que eran más de su gusto; actualmente los cartujos españoles, suelen dedicarlos a las rosas para obtener de ellos una producción de pétalos con destino, dadas sus características odoríferas, a la industria perfumera; a veces las dimensiones de estos jardines pueden quedar reducidas a pequeños patinillos o balconadas como sucede en las sedes de Avignon o Galluzo cerca de Florencia.

 

El Cristianismo cambió la concepción clásica de las plantas; y el jardín dándoles un sentido más simbólico e intentando acercarlas a sus propios intereses y relacionarlas con su ideología, por ello dominaban las plantaciones de rosas, lirios y azucenas, relacionadas con la pureza, la pasión, etc.. (Fig. 5 y 6)

El poema de 447 versos obra de Walafrid Strabus conocido como El pequeño jardín dedicado a Rimoaldo, abad de Saint Gall, nos habla del trabajo de los monjes y las plantas: “con la rosa compiten las azucenas gloriosos, cuyas flores expanden más lejos su olor llenando el aire”

fig5-anunciacion1393-9broederlam.jpg (Fig. 5. Anunciación. Broederlam. 1393-9) fig6-jardincitodelparaisomtroaltorin-dos.jpg ( Fig. 6. Jardincito del Paraíso. Maestro Alto Rhin)

 

 

Como indica Santucci en L’omme jardinier de Dieu, a comienzos del siglo XII personajes como San Bernardo de Claraval o Abelardo nos hablan del comienzo de las profundas conmociones que pronto removerán la sociedad, aunque San Bernardo tiende a ceñirse al concepto cristiano manteniendo la autoridad de los símbolos sobre el reino vegetal e indica: “[...] los textos cistercienses [...] hablan a menudo del jardín, pero no a la manera de un botánico o de un arquitecto paisajista. Hablan de él como en la Edad Media se evocaban las piedras y los animales, es decir, de una manera alegórica.”. Al parecer San Bernardo en su sermón 23 sobre el Cantar de los Cantares, explica la simbología tripartita del jardín relacionando su plantación con la creación; su germinación con la reconciliación del hombre con Dios gracias a Cristo y la recolección con lo que llegará al final de los tiempos.

Las fuentes literarias nos hablan de los jardines relacionados con el poder político o aristocrático; dándonos ejemplos de ellos; estas fuentes van aumentando con el paso del tiempo y sobre todo durante la Baja Edad Media son cada vez más claras y precisas.

Se sabe que Carlomagno (774-814) durante lo que se conoce como renacimiento carolingio en su palacio de Aquisgrán no tenía jardines reales pero curiosamente sí los evocaban las pinturas de sus paredes y los tejidos de sus tapices, como queriendo rememorar las antiguas estancias de la antigüedad, aunque es muy posible que esto estuviera compensado por la existencia del palacio granja de Ilgelheim. ( Fig. 7   )  Aunque existen muestras de que en los palacios de gobernantes posteriores como por ejemplo el emperador Otón sí existían jardines como prueba la pintura: La injusta sentencia de Otón obra de Dirk Bouts. (Fig. 8)

(Fig. 7. Palacio Granja de Ilgelheim)fig7-carlomagnoilgelheimpalaciogranja.jpg fig8-boutslainjustasentenciadeoton.jpg ( Fig. 8. La Injusta Sentencia de Otón. Dirk Bouts)

 

 

Le roman de la rose es una obra significativa en este sentido, escrita en dos partes; la primera de ellas obra de Guillaume de Lorris, escrita entre 1225 y 1230, en la que aparece la descripción de un lugar llamado vergel, un espacio cuadrado amurallado y almenado y en el que la naturaleza presenta todo su esplendor; y una segunda parte, más tardía, obra de Jean de Menú escrita entre 1269 y 1278, describe un jardín más conceptual y simbólico, de forma circular, que asume gran parte de la filosofía dominante en la época recogiendo el imaginario jardinístico propio del poeta. El poema nos deja descripciones de jardines: “A cierta distancia, me encontré ante un jardín cerrado por muros almenados y ricamente decorados en su exterior con imágenes y pinturas” o “Sin decir una palabra más, entré en el jardín por la puerta que Ociosa me había abierto, una vez dentro mi alegría llegó a su colmo. Sabed que creí hallarme en el Paraíso terrenal, el lugar era tan delicioso que parecía sobrenatural. Pensé que no podía existir paraíso mejor que aquel placentero vergel” (Fig. 9)

Otro ejemplo es el Liber ruralium commodorum (Fig. 10) obra de Pietro de’ Crescenci (1230-1305) y dedicado a Carlos II de Anjou, rey de Sicilia y Jerusalén; que recoge los métodos de cultivo propios de finales de la Edad Media y los Jardines de Hesdin, creados por Roberto II de Artois a finales del siglo XIII a orillas del Ternoise entre Arrás y el mar; en el que se combinaba el parque con el jardín de placer cerca del castillo, fueron destruidos por las tropas inglesas durante la guerra de los Cien Años; adquiriendo nuevo auge después con los Duques de Borgoña, como muestra el cuadro Bodas en los Jardines de Hesdin.

De los jardines cortesanos nos hablan las fuentes literarias medievales; el romance de Florie et Blancheflor relata la historia de un amor contrariado en la infancia que finalmente será triunfante, aunque necesite para ello mil peripecias y aventuras que vivirá Florie para conseguir a Bancheflor. Aparecen  en la obra tres jardines: el de los padres de Florie; el que recoge la falsa tumba de Blancheflor y finalmente el del Emir de Bagdad en el que Florie salva a su enamorada.

fig9-miniaturailustracionromandelarose5.jpg( Fig. 9. Miniatura ilustración del Roman de la Rose)fig10-liberruraliumpietrocrescenzi.jpg (Fig. 10. Liber Ruralium Commodorum. Crescenzi)

 

 

Chrétien de Troyes en su obra Erec y Enid (1135-1183) relata la historia de un caballero que para conseguir formar parte de la Tabla Redonda parte a la ventura con su joven esposa y para probar su valentía debe afrontar varias pruebas; en una de ellas es encerrado en un jardín inexpugnable protegido por un cinturón de aire impenetrable: “[...] el vergel no tenía alrededor ni muralla, ni empalizada, a no ser de aire; el aire está cerrado por todas partes -por nigromancia- aquel jardín, de forma que nada podía entrar en él sino entraba por un lugar determinado. [...] Durante todo el verano y todo el invierno había allí flores y fruta madura; y la fruta tenia tal condición, que se dejaba comer allí dentro…”  

En el siglo XVII el abogado Henri Sauval en su obra Historie et recherches des antiquités de Paris nos hablaba de los jardines de Carlos V en el Marais: “A la entrada de un bellísimo parque/ un caballero le trajo un hermoso arco/ [...] /me llevó con su mano desnuda/ junto a una bellísima fuente/ que caía, dulce, clara y sana/ en un estanque de mármol oscuro/ [...] En torno al mármol había prados/ muy bien ordenados, y árboles/ plantados estaban con tal maestría/ que el sol no se imponía/ Al contrario, el lugar estaba enteramente resguardado/ bien trazado y todo verde.

fig-11-jardinamorosoalegorico-dos.jpg (Fig 11. Jardín Amoroso-Alegórico)

 

 

Al final de la Edad Media y entroncando ya con el Renacimiento los escritos de Dante(1265-1321), Petrarca (1313-1375), Boccaccio (1304-1374), demuestran que el jardín se ha convertido en un tema plenamente literario. Paralelamente a esto el progreso de las innovaciones técnicas como el desarrollo de la metalurgia, la aparición de la brújula portátil o del rectángulus, etc. facilitarán la creación de jardines. Mientras que  Italia asumirá el papel preponderante en el despegue cultural del momento; y las personalidades políticas de las más importantes ciudades italianas, entre las que destacaran los Medicis, asumirán las nuevas corrientes filosóficas renacentistas que conducen a una nueva concepción del jardín.  (Fig. 11)

 

Sábado, 27 Octubre, 2007 Publicado por alenar | ImagoArte | | 5 comentarios

Historia del Abanico- II- De la Antigüedad al Neoclasicismo. Por: Virginia Seguí Collar.

fig1-actorkabukisamuelgrum1930.jpg(Fig.1.  Actor kabuki. Samuel Grum. 1930)

Las fuentes están de acuerdo en atribuir a los japoneses el invento del abanico plegable, al que denominan sensu, y nos hablan de dos sucesos en los que este preciado objeto parece tener su origen. Fue, al parecer, un obrero llamado Tamba, durante el año 670 de nuestra era, a quien al observar a los murciélagos y viendo el modo de plegar las alas durante su vuelo, se le ocurrió imitar sus movimientos y crear lo que acabaría convirtiéndose en el abanico plegable, que en principio denominaron Kawahori o murciélago, fabricó varios ejemplares y al ser un objeto de fácil manejo y comodidad su uso fue extendiéndose y generalizándose en oriente.

Por otro lado los anales del imperio japonés hablan de que durante el año 763, el emperador admitió su uso entre sus cortesanos, mencionando que el primer abanico plegable había sido construido por Atsuori, una mujer que disfrazada de monja asistió a un monje budista durante una enfermedad, en el templo de Medido en Kyoto, curando al paciente de las calenturas que sufría refrendándole con el aire que hacía su abanico plegable de papel. Esta segunda historia prueba la difusión del invento realizado por Tamba años antes, demostrando su uso años después por Atsumori quien, con gran sentido practico, lo utilizó como remedio para las calenturas del monje budista.

En Japón el abanico adquirió gran relevancia y pasó a formar parte de la indumentaria habitual de sus ciudadanos de ambos sexos (Fig.1). Los abanicos japoneses fueron pronto muy apreciados y sus artistas han dedicado mucha atención al diseño de abanicos; tanto para el uso interno como para su comercialización que tuvo, quizás, su momento más álgido durante el siglo XIX. (Fig.2)

Así pues desde China y Japón comenzó a extenderse el uso del abanico, ya en todas sus variantes, primero por los imperios limítrofes y después por los que fueron surgiendo en las zonas más próximas; para desde ahí pasar a Europa a través del contacto con estos pueblos y/o con los intercambios comerciales.

fig2-liebrelunahonamikoetsu1558-1637.jpg(Fig.2. Liebre, luna. Honamiko Etsui. 1558-1637)

 

 

Su uso en Persia, la India y el resto de las culturas islámicas está documentado, a través de las creaciones artísticas, relieves y miniaturas, que han dejado prueba de ello. (Fig.3)

Como hemos visto su presencia en el continente europeo se documenta ya dentro de las culturas griega y romana y a través de esta última seguirá propagándose aunque en principio su uso esté restringido al culto.

(Fig.3. Miniatura persa. Joven bajo el sauce)fig3-miniaturapersaxvijovenbajoelsauce.jpg

 

En Egipto y en Roma el abanico tuvo un uso religioso, que continuó durante la época de los primeros cristianos, que al parecer lo usaron tanto en su vida privada como en las ceremonias sagradas. Al parecer San Jerónimo lo usó durante su retiro en el desierto de Calcis. La antigua liturgia que se encuentra en las Constituciones Apostólicas, indica que durante la celebración de los santos misterios, desde el ofertorio a la comunión, dos diáconos agitaban unos abanicos, generalmente de plumas de pavo real, para adecuar la temperatura y que no afectara el calor al oficiante, así como para espantar moscas y demás insectos de los elementos sagrados como el cáliz o el pan. La liturgia ortodoxa utilizaba también el abanico, como demuestran manuscritos y mosaicos. En las ceremonias en las que interviene el Papa se usan todavía siendo de plumas de pavo real, aunque en la antigüedad solían ser de pergamino, membrana muy fina o de hojas de palmera. La catedral de Maguncia conserva el ejemplar más antiguo que data del siglo VII, hay otro del siglo IX de la abadía de Turruns que pertenece a la colección Carrand y es de pergamino adornado con inscripciones en verso; los de pluma son semicirculares y los de pergamino circulares, la hojas están formadas por varillas a modo de radios que se cruzan. En la capilla de los Cuatros Santos Coronados de Roma hay un ejemplar rodeado de flecos datado hacia el año  c 1100.

 

Durante la Edad Media los abanicos en Europa, seguían siendo verdaderos flabelos de plumas de pavo real, avestruz, papagayo, faisán, etc, sujetas a un mando de oro, plata, o marfil y se habían convertido en uno de los comercios mas lucrativos, desde el levante español eran exportados a Roma, Venecia y otras ciudades italianas. La catedral de Monza conserva el flabelo de la reina Teodolinda, casada en el 558 con Ontorio, rey de los Lombardos; de plumas pintadas y montadas sobre mango de metal esmaltado. También existían flabelos constituidos únicamente por dos alas de pájaro adosadas por su parte convexa.  

En las cortes europeas están documentados a partir del siglo XII y los primeros debieron ser de tipo flabelum o de bandera, llegando posteriormente los plegables a través de los portugueses y el comercio que establecieron desde Goa su enclave oriental. Los retablos y miniaturas de los siglos XIII y XIV muestran damas teniendo en la mano grandes abanicos y en el inventario de Carlos V (1338-1380), rey de Francia, se cita: un abanico redondo con el mango de marfil, y en los listados de su servidumbre se incluyen: dos abanicadoras para refrescar a su majestad durante las comidas.

fig4-ventuarioepocaenriqueiifrancia.jpg( Fig4.Vestuario en época de Enrique II. Francia)

Gaiguieres en su obra: Las bodas de Joyeuse (Museo de Rennes), dejó constancia de lo que parece ser la llegada del abanico plegable a la corte de Enrique III (1551-1589) y que al parecer, es el mismo del que nos da noticia un pasaje del panfleto de Thomas Artus contra los “favoritos” del rey titulado La isla de los hermafroditas (1605), en el que puede leerse: le  colocaba en la mano derecha a Enrique III un instrumento que se doblaba y se extendía dándole un solo golpe con el dedo, dicho objeto que llamamos aquí abanico estaba hecho de vitela cortada con mucha delicadeza y tenía a su alrededor hermosos encajes, era grande pues debía servir como paraguas, para preservar del aire, que tuesta la piel y al mismo tiempo para refrescar la delicada piel, cada una de las personas que pude ver en otros salones tenía también un instrumento fabricado de la misma tela o tafetán con encajes de oro o plata semejantes al mencionado. Ya hemos visto cómo durante los siglos XIII y XIV las damas de la corte francesa conocían y  usaban con asiduidad abanicos tipo flabelum que fue inicialmente conocido como espantamoscas y a los abanicos plegadizos llegados después de oriente les llamaban esventadoir,  siendo  Bramtone quien les dio su nombre definitivo al hablar de ellos en sus crónicas como los evantail (Fig.4).  Pero lo que inicialmente fue un objeto exótico pasó a ser una moda gracias a la intervención de la reina Catalina de Médicis (1518-1589) quien lo incorporó a su vestuario en las grandes recepciones y actos palaciegos, alternando el abanico plegado con el circular de plumas y con el que se asemejaba a una bandera; lo que supuso su gran difusión en las cortes europeas; como demuestran la multitud de retratos de mujeres en las que vemos cómo el abanico ha pasado a ser una pieza fundamental de su vestuario (Fig.5).

(Fig.5. Catalina de Médicis.Clouet.)fig5-catalinamedicisclouet.jpg

 

 

En el resto de cortes europeas, teniendo en cuenta que tanto los españoles, ingleses, holandeses y portugueses fueron abriendo las rutas comerciales con oriente es de suponer que el abanico fuera un objeto conocido. El caso español es curioso ya que existen diversas vías de entrada, en primer lugar tenemos la vía islámica y como ejemplo de ello la arqueta de marfil conservada en la Catedral de Pamplona, fechada en el año 1005, tallada en talleres cordobeses para un hijo de Almanzor, en ella podemos distinguir unas figuras en ambiente distendido rodeados de servidores que sostienen un espantamoscas y lo que parece ser un abanico de palma (Fig.6). Las Crónicas mexicanas de Alvarado Tezozomoe prueban también una vía azteca ya que relatan el regalo de abanicos del emperador de México Moctezuma a Cortes cuando tuvo noticia de su desembarco; por otro lado en la obra de Vecillio Cesare Habiti antichi e moderni di tutto il mundo (1585) se publica un grabado que presenta la imagen de una Donna antica di spagna (Fig.7) en la que aparece una mujer con un abanico en la mano; todo esto además de la existencia de retratos de reinas, infantas y damas de la corte en las que se las ve representadas con abanico (Fig.8). El retrato de Isabel de Inglaterra fechado en 1592 (Fig.9), en el que aparece con abanico plegable en mano indica su existencia en la corte inglesa y las descripciones que William Shakespeare hace de abanicos en su obra Las alegres comadres de Windsor abundan en el mismo sentido.

(Fig. 6. Arqueta de marfil. Catedral de Pamplona.Año 1005)fig6-arquetacatedralpamplona1005.jpg 

fig7-donnaanticaedispagna.jpg(Fig. 7. Grabado “Donna Antica di Spagna”) fig8-infantaisabelclaraeugrubens.jpg( Fig. 8. Infanta Isabel Clara Eugenia. Rubens)

 

(Fig. 9. Retrato de Isabel de Inglaterra.Marcus Gheeraerts)fig-9-isabelinglaterragheeraerts1592.jpg

 

 

Los que poseía Catalina de Médicis eran de todo tipo y condición, los había de tipo italiano: ovalados o de bandera, hechos de plumas de pájaros raros o especialmente singulares; solían tener una rica empuñadura que en ocasiones tenía incrustaciones de piedras preciosas y se sujetaban a la cintura por una cadena de oro o plata. Podían perfumarse para uso particular o incluso encargaba a sus perfumistas preparaciones especiales para ocasiones en las que necesitara sus efectos; conteniendo entonces efluvios exquisitos o filtros y venenos misteriosos de los que conocía el secreto y la experiencia según se dice. (Fig.10)

Los abaniqueros franceses adquirieron fama en todas las cortes europeas y se cuenta que el pintor español Cano de Arévalo(1656.1696), se encerró un invierno en su casa dedicándose a pintar abanicos y que cuando llegó la primavera, fecha propicia para venderlos, salió de su encierro haciendo creer que llegaba de París con una colección notable; al parecer los vendió todos y fue nombrado proveedor oficial de la reina. Pero en el reinado de Luis XIV (1638-1715) el abanico llegó a su expresión llegando a convertirse en una alhaja, sus hojas se cubrieron de acuarelas realizadas por los mejores pintores del momento entre ellos Watteau, Boucher, Lancret, etc y posteriormente con pintores propios de cada época; a la vez que se enriquecieron sus varillas fabricándolas de oro, plata, marfil, nácar o carey. (Fig.11)

fig10-venusadonisveronestipobandera.jpg (Fig. 10. Venus y Adonis. Veronés. 1580) fig11-agadapielcisnevendedoraamorcillos.jpg (Fig 11. Vendedora de amorcillos. Hecho en aguada sobre piel de cisne)

 

 

Se convirtieron en instrumentos de coquetería y de pudor al ocultar detrás de ellos la curiosidad de su dueña; pues llegó incluso, a colocarse entre sus varillas, encajes y cintas unas pequeñas ventanillas por las que se podía observar con disimulo y sin temor a ser descubierta; se cuenta que Minón de Lenclós tenía uno con vidrios o lentes colocados en esas ventanillas con lo que conseguía acercar las imágenes a modo de lupa. Mme Pompadur dio su nombre a una variedad: de montaje calado, esculpido y decorado con motivos de flores o frutas. La Reina Maria Antonieta tuvo algunos ejemplares notables, al igual que algunas de sus cortesanas, como la princesa de Lamballe.

En Francia la revolución perjudicó la popularidad del abanico y la aparición, en 1807, del ridículo, pequeño bolso de toillete puesto de moda por las señoras de la época, le asestó un golpe mortal.

Viernes, 12 Octubre, 2007 Publicado por alenar | ImagoArte | | 6 comentarios

Jardines de la Antigüedad: Roma. Por: Virginia Seguí Collar

Según la leyenda, en el año 753 a. C. Rómulo y Remo fundaron la ciudad de Roma, dándose  así inicio a la historia de un pueblo que consiguió el dominio del mundo conocido; el proceso, está convencionalmente dividido en tres grandes etapas o fases de evolución a través de las cuales una monarquía, inicialmente centrada en la península itálica, se transformará en un vasto imperio dominador de otros muchos pueblos: La Monarquía (753-510ª.C.); La República (509-27 a. C.) y el Imperio (27 a. C. - 330 d. C.). Si consideráramos la amplitud del proceso temporal, así como la espacial vinculada a la diversidad geográfica del Imperio, tendremos claras las dificultares que presenta un estudio de algo que intentamos constreñir en el concepto de: jardín romano.

Empezaremos centrándonos en el estudio de jardines en la propia Roma y en otras ciudades de la península Itálica en las que, mediante excavaciones arqueológicas, hayan permitido a los expertos establecer hipótesis u obtener certezas de la existencia de jardines.

Originariamente, Roma, es el producto de la unión de varias tribus latinas que habían ido asentándose en los siete montículos o colinas que circundaban el valle o depresión por el que transcurre el cauce del Tiber, desde estas siete colinas las diferentes tribus fueron extendiéndose hasta llegar a fundirse en el área central formando la ciudad de Roma. La difícil orografía de la zona y sus antecedentes pantanosos dieron problemas a sus habitantes y requirieron la intervención de arquitectos y urbanistas desde los primeros tiempos del asentamiento. La ciudad, con el transcurso del tiempo fue desarrollándose y sufriendo transformaciones para adaptarse al crecimiento de la población y a las diferentes visicitudes históricas. El plano esquemático que presentamos permite apreciarlo, los expertos indican que cuando se construyó la denominada Muralla de Aureliano (272-280 d. C) como defensa de la invasión de los bárbaros, la ciudad comprendía en total 1386 hectáreas de las cuales 24 estaban destinadas a jardines.  (Fig. 1)

 (Plano de Roma. Fig 1)

 

 

Debió pasar cierto tiempo para que estos primeros habitantes de Roma se plantearan crear un jardín conceptualmente similar al actual. El lenguaje nos ayuda a aclarar esta cuestión ya que el significado del término: hortus, con el que los romanos denominaban el jardín se refiere en realidad al recinto o cercado que enmarcaba las dos yugadas de terreno que cada familia poseía en propiedad. Pero sus creencias hicieron que este espacio se desarrollara y fuera habitual en las casas romanas, los Lares eran para los romanos los protectores de ellos mismos y de sus bienes más queridos: el hogar y el heredium o jardín productivo; y en este sentido el testimonio de Plinio el Viejo, en su Historia Natural, menciona que los únicos lugares que se utilizan para desviar el mal de ojo son: el hogar y el jardín y que estos últimos eran el campo de los pobres siendo cuidados por la madre de familia. Catón hablaba del jardín en estos términos: “Los campesinos de antaño estimaban que una madre de familia no valía nada en una casa, cuando el jardín estaba abandonado“.Otros autores, como Plauto, consideraban el jardín bajo la protección de Venus. Los ciudadanos romanos tuvieron siempre presente su procedencia y los beneficios de obtener ciertos productos de primera necesidad de sus propiedades y, de una manera o de otra, procuraron tener siempre un jardín productivo o de despensa que les permitiera sobrevivir en tiempos difíciles. Las excavaciones arqueológicas así lo demuestran.

Los datos que actualmente poseemos sobre la tipología de las casas romanas son innumerables, los mejores ejemplos de época preimperial los encontramos en ciudades como Roma, Ostia o Pompeya. Tanto Vitrubio como Varron han descrito el modelo y estudiado sus variantes, habiéndolo tipificado en lo que se conoce como: Domus romana, en la que habitualmente existe un espacio dedicado a jardín. (Fig. 2)

(Domus Romana. Fig 2)

 

 

Este modelo con el tiempo y el crecimiento de las ciudades fue complicándose produciéndose un crecimiento en altura, aunque las dificultades técnicas de construcción no permitieron superar los 21 m, dato que nos permite inferir la existencia de cuatro o cinco pisos cómo máximo, el grosor de los cimientos y de los muros del primer piso indican las alturas existentes, las recreaciones de estas ciudades en maquetas o dibujos permiten hacernos una idea de su morfología. (Fig. 3)

 

En las ciudades las casas, normalmente, se alineaban en hileras de idéntico diseño y presumiblemente idéntica altura, existiendo a intervalos estrechos callejones cubiertos (angiportus), se eliminaron algunas de las habitaciones tradicionales que, en altura dejaban de tener sentido, como el tablinum. No eran infrecuentes los patios largos, estrechos y paralelos a la calle situados detrás de la línea de casas ni los pequeños patios interiores adornados frecuentemente con plantas y fuentes. (Fig. 4)

(Ciudad recreada en maqueta. Fig. 3)  ( Maqueta de Roma. Fig. 4)

 

 

Además de estos jardines solaz de los ciudadanos mas desfavorecidos, en Roma existieron famosos jardines, asociados ya con personajes vinculados al poder político y/o económico.  Uno de los más célebres fue el de Lucio Licinio Lúculo que construyó su villa en Roma, en la zona del Pincio, sus jardines fueron conocidos como Horti Luculliani y se extendían por el declive en el que hoy día se sitúa la escalinata española y la Villa Borghese, el grabado que el arquitecto Pirro Ligorio realizó, en 1561, sobre la Roma Antica nos permite visualizarlo.( Fig. 5)

(Grabado de Pirro Ligorio. Fig 5)

 

 (Fresco  Villa Livia. Prima Porta. Fig. 6 )

(Fragmento del Fresco de la Casa Brazalete. Pompeya. Fig 7)   (Frescos Casa de Campo Boscoreale.Fig.8)

 

 

 

El antiguo hortum había pasado a ser el vidriarium, jardín compuesto por plantas ornamentales, además de las necesarias para las ofrendas; también se incluían fuentes y balaustradas rematadas por hermas para sostener stilopinakia o pequeños cuadros de mármol de imágenes femeninas identificadas como ménades; el espacio se organizaba mediante celosías. Gracias a representaciones de la pintura romana, clasificadas como del segundo estilo arquitectónico podemos conocer su morfología y visualizarla en los frescos existentes en algunas de las habitaciones de casas romanas y pompeyanas, en los que aparecen representaciones de jardines. Destacan los de la Villa de Livia en Prima Porta, los de la Casa del Brazalete en Pompeya o los de una Casa de campo en Boscoreale, que nos permiten apreciar su frondosa vegetación ya la disposición de los diferentes elementos. Dentro de este mismo estilo de pintura podemos encuadrar los frescos de la Casa de campo de Boscoreale. (Fig. 6, 7 y 8   )

Desde finales de la época republicana y sobre todo a partir de la Imperial el desarrollo y las conquistas efectuadas por los romanos conllevó su entrada en contacto con las culturas preexistentes de los lugares que iban colonizando y en los que se instalaban, creando campamentos que luego se convertían en ciudades cuya morfología no quedó exenta de influencias autóctonas gracias al proceso de sincretismo propio de este tipo de relaciones que acabó diversificando y sofisticando sus gustos. Las culturas, griega, egipcia, mesopotámica, púnica, etc. fueron dejando su poso en la romana, dando numerosas variables a la tipología de sus casas y jardines. Una de las influencias más significativas, en esta época, respecto a nuestro estudio fue el helenismo; esta última fase de la cultura griega había desarrollado el jardín griego al máximo haciéndole evolucionar hacia formas lujosas y exóticas; y los ejemplos existentes en las villas helenísticas se convirtieron en el modelo ideal y muy adecuado para los gustos romanos bajo las nuevas condiciones sociopolíticas del imperio.

Las villas suburbanas habían ido haciéndose cada vez más frecuentes, guardando cierto parecido con el tipo más lujoso de Domus urbana, aunque a veces carecía de atrio o aparecía muy modificado; el núcleo principal de la casa era un amplio peristilo en torno al cual se agrupan las habitaciones principales, a menudo en forma desordenada. Adosada a la cual existía, normalmente, adosado un gran jardín peristilar; de este tipo era el palacio de Domiciano en el Palatino; las estancias se agrupaban alrededor de un peristilo y había además otras dos zonas con peristilo: una, el gran jardín que ya hemos mencionado, entre el salón del trono y el triclinio, y la otra un jardín privado a nivel inferior con un extremo curvo, el llamado stadium del Palatino, que queda detrás de las estancias privadas de éste. La reproducción encontrada en la Villa de Marco Lucrezio, en Pompeya, nos permite visualizar un modelo de Villa con pórticos, que se enmarca en un espacio o recinto ajardinado. (Fig. 9)

(Reproducción de jardín. Casa de Marco Lucrezio.Pompeya. Fig. 9)

 

 

Dentro de las villas, quizás, la más significativas sea la Villa de Adriano, en Tivoli, que ejemplifica el modelo en todo su esplendor, hay que considerar que estamos ante una villa construida para un emperador; sus diferentes elementos, van tomando nombres de famosas ciudades y santuarios de su imperio, visitadas por en sus viajes, y que sus arquitectos intentarán reconstruir de manera que el itinerario se convierta en una visita asequible en un deambular normal para cualquiera de sus residentes o visitantes. (Fig. 10)

(Plano de los jardines Villa Adriano. Fig . 10) (Alberca Central y columnata.Villa Adriano. Fig. 11)

 

 

 

La Piazza d’Oro era dentro del conjunto un bloque independiente en la zona sur del Gran Palacio, quedaba separada del resto de edificios por un enorme jardín rodeado por una columnata de un solo orden, con una hilera interior de columnas, al modo de una stoa griega, columnata que en su exterior se extendía en corredores cubiertos por bóvedas de crucería. Los arquitectos que actuaron en la villa tuvieron gran libertad de actuación y crearon espacios conceptualmente sofisticados y de gran efectividad que fueron, en cierto modo, inspiración para artistas posteriores.  (Fig. 11)

Viernes, 28 Septiembre, 2007 Publicado por alenar | ImagoArte | | 2 comentarios