Pájaros e Islas: Por : Alena Collar.
Lo importante es creer siempre… ( Alena Collar)
Lo importante es creer siempre… ( Alena Collar)
A ti, que te informas. A ti, que te entretienes. A ti, que te aburres.
A ti; que provocas, respondes, te ríes; a ti, sigiloso, a ti que nunca dirás nada. A ti; participativo, a ti que no entiendes, a ti, que no encuentras lo que buscas, a ti: que te quedas dos horas y se te pasa la tarde leyendo.
A ti, que dices que aprendes cuando lees. A ti, que te suena todo a baratillo, a ti, que te encanta, a ti que te es indiferente.
Sí.
Escribimos para ti. A ti te escribo.
El teatro es o debería ser un juego. Debería ser un espectáculo desde antes, desde la entrada del espectador en el recinto. El teatro debería ser una proposición de rebeldía aceptable por quien participa en él; sea espectador, autor, o actor.
El teatro que sigue con los viejos moldes de repetir la palabra textual, de repetir el escenario habitual, de seguir la normativa escénica ortodoxa, está muerto. Porque hoy, más allá del recinto, más allá de las salas, todo es también teatro que tenemos que representar saliéndonos a menudo del papel que nos tocó e implicando a otros que no estaban llamados a escena.
¿Se han fijado ustedes la cantidad de veces que durante las fiestas que acaban de pasar hemos dicho eso de “este año tenemos que ir más al teatro, al cine, a los museos?…”
Entonces era la Radio. Con mayúsculas. Como si esa denominación bastara para entendernos.
Eran otros tiempos, claro. Tiempos de televisión en blanco y negro, y una sola cadena. Tiempos en los que el transistor ocupaba el mejor lugar de la casa. Tiempos en los que existía Diego Valor, Elena Francis, Ustedes son Formidables, Cabalgata fin de Semana, C.S y buen Viaje, La Hora de los Santos…Y el Diario Hablado de Radio Nacional de España.
Llevo unos días leyendo no solo en la Red sino en papel impreso noticias y sucesos que, me dan bastante lástima por lo patéticos.
Voy a ser muy clara porque no suelo andar con rodeos.
Ayer hablaba con una persona de confianza sobre los reyes sin camisa. Esto venía a cuento de haber empezado a hablar sobre eso que llaman “intelectuales”. Y comparando sucedidos últimos tanto virtuales como fuera de la Red, decíamos que el problema está en que en una gran mayoría de ocasiones la gente sencilla y sin pretensiones no se atreve a gritar públicamente que “el rey no lleva camisa”.
Hoy en la Red andan subiéndose a la lámpara personajes muy curiosos.
Personajes que proceden de las empresas privadas generalmente, que están en “la pomada” de lo ortodoxamente correcto, de lo que “Debe ser la Red”, que nos adoctrinan con palabras absolutamente pedantes sobre lo que “tiene que ser un blog”, sobre la “trascendentalísima importancia de asociarse, unirse, formar frente común”, que van a sus congresos importantísimos, que están radicalmente en contra de los derechos de autoría, porque “la información es de libre acceso” (con lo que se oculta que la información sí lo es, pero la autoría tiene derechos de autor), que aparecen citados como Referencia para Todos y demás etcéteras.
Fuera de la Red se nos han subido a la lámpara (a otra, porque en la misma de antes no cabrían) una especie de nuevos doctrinarios de la Intelectualidad (pongo todas estas palabras en mayúscula porque para eso son Muy Importantes) que nos explican a los pobres ineptos de turno, lo que debe leerse, lo que debe premiarse, lo que debe valorarse; y nos lo explican desde una posición por encima del Bien y del Mal, porque son Ellos Los Elegidos.
Pero, sucede que el Rey no lleva camisa.
Miren ustedes, hijos míos de mi vida y de mi corazón, no sé si se han dado cuenta de que, fuera de sus normas, fuera de sus asociaciones, fuera de sus Congresos, fuera de sus Estéticas, de sus exquisitos Valores de lo Interesante, Válido y Excelso, está el mundo. Y en él, la gente que -afortunadamente- decide por su cuenta: qué quiere hacer con su blog sin que le den doctrinas, qué quiere escribir sin que se tenga que asociar, qué quiere leer sin que le digan primero que debe o no hacerlo, qué quiere comer (sí, también entran los “sabios” de la hostelería) sin que le expliquen que es anacrónico cenar tortilla de patatas, qué quiere crear sin tener que someterse a lo que dicta el sabio de turno y qué camisa ponerse por las mañanas, a diferencia de estos reyes sin camisa.
Durará lo que dure el que la gente de a pie siga pensando por boca ajena o por la suya propia. Hasta que la gente grite que el rey no tiene camisa.
Nunca había visto yo un vampiro que me causara tal ternura.
Mira que me daban a mí miedo las películas de vampiros: y lo siguen haciendo; no he conseguido ver una sola de Bela Lugosi. Claro que ya sé que no es verdad, no ha sucedido… ¿O sí?…
Pero Fernando era un vampiro tan tierno, tan sentimental, tan entrañable, que persiguiendo a Gracita Morales por aquel castillo tremebundo yo quería que ganara el vampiro.
Fernando me enseñó que ser pícaro también era un arte, que los abuelos pueden dar lecciones, que siempre viajamos todos a ninguna parte, que alguna vez se pondrá también el tiempo amarillo sobre mis fotografías, que contar historias, actuar en historias, es también contarnos a nosotros mismos.
Pero Fernando además encarnaba para mí- para muchos de nosotros- una manera de ser; un no comulgar con ruedas de molino, un decir lo que se piensa pensando lo que se dice y pasando olímpicamente del ortodoxo de turno que se escandaliza y se dedica a anatematizar lo que no casa con “su” ley, “su” Moral, “su” pudibunda mediocridad de sacristía.
Fernando era - para muchos de nosotros- un referente. Si había problemas en el sector del cine, del teatro, de los artistas, pensábamos, “a ver qué opina Fernando”. Cuando hubo que dar pasos adelante por el progreso de las libertades en este país, Fernando estuvo entre quienes se mojaron. Cada vez que en España ha habido necesidad de salir a la calle defendiendo el futuro, Fernando era uno de los nuestros.
Hoy le han dado la última ovación en su teatro.
Hoy ese aplauso se lo hemos dado todos los que creemos que el Arte se hace en libertad.
Alena. Collar.
Yo no sé si los lectores de esta Revista creen en la magia…
Vivir en el mundo que vivimos no deja lugar al ensueño, ni a la imaginación, ni a todos los posibles “quizás” con los que la magia se presenta ante nosotros.
Normalmente todos- la primera yo- somos muy prosaicos, muy cotidianos, muy prácticos: trabajamos, hacemos gestiones, nos ocupamos de nuestra pequeña vida, Y no entra la magia en nuestras vidas.
Y sin embargo…
Sin embargo la magia está ahí, esperando. Esperándonos. Esperando la mano que sepa tocar con su hilo de azules en el lugar exacto para desatarse.
Y volar.
Verán ustedes; los arcanos, que son los seres protectores de los niños buenos, saben que ustedes han perdido la memoria de los días en que veían al gnomo de los ojos verdes, y al duende de la noche estrellada. Pero ellos esperan. Esperan que alguien cumpla su papel; su papel de transmisor de recuerdos. Y entonces, el mensajero solo tendrá que soplar suavemente sobre sus sueños para que en su vida sencilla, cotidiana, sin lugar para el ensueño, tan práctica, llamará a su puerta otra vez, como cuando eran pequeños la línea de plata que lleva allá donde habitan los Imposibles.
Solo quisiera desearles que encuentren ustedes pronto a los Arcanos.
Yo los encontré una noche - mágica por supuesto- y aún viven aquí.
Alena. Collar.
Escucho esta música mientras desayuno y parece que hasta el café con leche sabe mejor. La compré con el diario El País que la oferta. No sé si esto es publicidad encubierta; en todo caso me da igual: con la cantidad de porquerías que nos quieren vender a precio de saldo haciéndolas pasar por lo último de lo último, encontrar el Orfeo y Eurídice de Gluck por seis euros y en edición de lujo merece la publicidad, encubierta o directísima.
Mientras la escucho y mojo el bollo, pienso precisamente en eso, en la publicidad, en la forma de vender que tienen en general los publicistas. El otro día, viendo la televisión, sale el típico anuncio de la rubia platino, o sea, teñida, de sonrisa Profidén, al lado de un coche; del coche se baja un señor estupendo, al que ella no mira, mientras acaricia la carrocería del coche, se mete dentro y lo deja tirado (al caballerete, no al coche). Es de suponer que si la rubia midiera 1,50, y el muchacho fuera cojo, ni él tendría coche, ni ella estaría allí… Esto, claro, según el anunciante…Los feos, discapacitados o aún los normalitos, no tienen coches, ni rubias, ni señores estupendos…
Después pienso en los anuncios musicales: es una joyita de imaginación del marketing; para vender un disco aparecen una serie de chicos jóvenes, en cualquier discoteca al uso, bajo una música a prueba de sordos, bailando como si tuvieran el mal de San Vito y rodeados de una atmósfera de humo que para sí quisiera un bombero a la hora de lucirse. Y entonces una voz en off nos dice que compremos el disco de fulanito “ya a la venta”…Pues mire usted, si por comprar el disquito me voy a ver trasladada por arte de birlibirloque a ese escenario, mejor que lo dejo…
Acabo el desayuno mientras un coro le dice a Orfeo que debe atravesar el infierno y hallar a Eurídice… Me gusta pensar que Orfeo lo consigue en el próximo acto y que a él no le hicieron falta las discotecas…
Viajar es mirar con otros ojos y detenerse. Viajar es aquietar la vista para entender lo que es nuevo, extraño o distinto.
Por eso hay mucha gente a quien no le gusta viajar. Viajar es tener los zapatos dispuestos a hacer camino, las manos dispuestas a abrir puertas, los labios dispuestos a aprender palabras diferentes, palabras que en principio no eran nuestras, viajar debería ser una oportunidad para la cultura, para el sentimiento compartido, para el conocimiento de aquello que desde nuestro pequeño mundo personal no pensábamos que existía.
Se viaja en tren, en automóvil, en avión…tantas y tan distintas maneras…y sin embargo, cuando se llega al destino, ¿se ha mirado el trayecto, se ha degustado la parada en el hotel para tomar el café, se ha disfrutado del sol o la lluvia que acompañaba?…
No digo ya el avión, que parece que se toma como si fuera un homenaje a la prisa y los ojos cerrados…
Viajar debería ser caminar sin prisa, entrar en las ciudades como si fuera la última que fuéramos a ver, hablar con la gente, sentarse en el banco en el que se sientan los pertenecientes a ese lugar, intentar hablar en su lengua, mostrarse…sí, mostrarse y dejar que se muestren.
Viajar, en el fondo, es un arte. Un Arte para quienes quieren aprender que el viaje solo significa algo cuando se regresa distinto.
Alena. Collar.
(Maqueta de Monasterio de Suso)
En el Monasterio de San Millán de la Cogolla (no Cogulla, como señala una de las voces más autorizadas sobre el tema, el Padre Joaquín Peña Lerena) se guardan las muestras de las primeras palabras en castellano y en euskera que conocemos.
Se encuentran en el llamado “códice 60″, y son las conocidas como glosas emilianenses.
Esto es conocido por todos, al menos en su generalidad de datos, todos conocen que esas palabras son, digamos, el acto fundacional de nuestro idioma.
Sin embargo, cuando nos queremos informar del tema, habitualmente topamos con libros muy técnicos, muy filológicos, llenos de datos, cifras, aclaraciones para lingüistas, que al lector sencillo y corrientito le confunden más que le explican y le dejan en la misma idea que tenía al principio.
(Reproducción del códice 60. El original está en Madrid)
( El códice 60.Reproducción. Visto de cerca)
Para fortuna de los lectores normales ha aparecido un libro absolutamente exquisito, informativo, sencillo, aclaratorio, sin veleidades técnicas, y además muy bien escrito. Es decir, con lenguaje claro, con explicación de conceptos que, a algunos les parecerán evidentes, pero que otros, no conocedores de términos propios de la filología les pueden chocar o simplemente despistarles, y con una amenidad que hace desear seguir leyendo.
El libro tiene 93 páginas, está profusamente ilustrado con fotografías del entorno de San Millán, de los códices, cantorales (libros de música) y manuscritos, además de las glosas famosas que allí se guardan.
Su autor es Juan Ángel Nieto Viguera, y su título lo dice todo: San Millán de la Cogolla.Glosas Emilianenses. Cuna de la Lengua castellana. Editado por Edilesa Esencias, en 2007.
( Uno de los “cantorales”, de San Millán)
( Fragmento de la vida de Berceo, en lengua galicana)
Tiene un defecto el libro, y es que probablemente circulará en edición restringida a quien conozca de su existencia o vaya a San Millán; y es una lástima, porque merecería estar en todas las librerías del país. Pocas veces se lee algo tan bien escrito, con tanta sencillez, con tan claro lenguaje exento de pedantería y con tanto afán por motivar el entusiasmo al lector; su autor escribe de San Millán y las Glosas con tanto entusiasmo que contagia. Si desde aquí sirve para algo, nos atreveríamos a pedir desde Alenarte que sea libro a utilizar en Secundaria por los profesores de Lengua Castellana y Literatura; lo merece su autor y nuestro idioma.
( Códice con figuras de la Transfiguración, ricamente ornamentado)
Alena. Collar.
(Fotografías originales de Virginia Seguí Collar)
Esta Revista, que nacerá justo cuando pueda nacer (ni un momento antes), no tiene “presupuestos básicos solemnes” que anunciar a sus lectores. Porque nace para la diversión de sus integrantes y principalmente para divertirme yo, que soy quien se la inventa cuando empieza a echar humo la cabecita. Así que: No intentamos dar prestigio ala Red. No intentamos demostrar lo cultísimos que somos.No intentamos demostrar que lo hacemos mejor que otros. No estamos en contra de nadie.No estamos a favor de nadie. No intentamos patrocinar nada, salvo aquello que nos guste mucho.No intentamos “dar cabida a todos” porque sería un jaleo y bastante cansado. No intentamos excluir, porque ya se ocupan otros de autoexcluirse.No intentamos ofrecer un “amplio abanico de propuestas creativas” porque las palabras solemnes son un verdadero coñazo. No intentamos mirarnos al espejo porque somos de lo más corrientitos. No intentamos competir porque nos trae al pairo la estadística. Estamos aquí porque: Nos da la realísima gana. Estaremos aquí hasta que nos de la realísima gana. Estamos aquí para tener una manera divertida de pasarlo bien en los pocos ratos libres que nos van quedando entre la casa, el trabajo, la familia, los animalitos domésticos, los disgustos variopintos, y otras garambainas parecidas. Quien avisa no es traidor…
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Actualización:
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