Textos creativos de: Catalina Zentner
…En tanto una paloma perdida en el cemento… ( Catalina Zentner)
…En tanto una paloma perdida en el cemento… ( Catalina Zentner)
Sintió miedo. Era inevitable. Las horas transcurridas en esos momentos de riesgo siempre eran terribles y atemorizantes… ( Marianne Díaz )
Según nos dice gente mucho más seria que nosotros, gente de esta que sabe y que escribe muy en serio (o sea, para entendernos la Wikipedia, a ver si se creen ustedes que buscamos más a estas alturas…) el Haiku procede del haikai, forma poética cuyo contenido se basa en lo cómico o en lo divertido.
Este contenido el haku lo ha ido perdiendo y se ha hecho más espiritual (que no “espirituoso”, perdónesenos el palabro) y más serio. En teoría, porque aquí en Alenarte la teoría a veces se la saltan los poetas, que para eso escriben en vez de teorizar, dice la Wikipedia que “El haiku tradicional consta de 17 sílabas dispuestas en tres versos de 5, 7 y 5 sílabas, sin rima”
Pues vaya usted a saber…
Aquí les presentamos unos cuantos, y algo más.
Ahora me deslizo en este cofre azul…
Presentamos una breve selección de textos, en formato PDF, que corresponden a algunos de los trabajos creativos llevados a cabo por miembros del Forum Literario Letras Libres en este mes de Diciembre.
Hemos creído que, tanto los escritos, como sus autores, deberían conocerse por todos los lectores de Alenarte, y no solo en el acceso restringido del Forum Literario Letras Libres.
Con el formato PDF damos posibilidad a nuestros lectores de conservar dicha Antología y disfrutarla más allá de la simple lectura en Alenarte.
Inventario
La huella de pintalabios
que ondea sobre mis huesos.
Banderas sin textura.
Estas ganas de romper ventanas.
Esta herida abierta.
Todo lo que me transita
Juega a hacerse carne,
cuerpo,
fiera,
todo es motivo de fiesta
y frustración:
dos pájaros
que habitan mi esqueleto,
¿cómo explicarlos?
Mujer Acurrucada
Cómo recorta el horizonte
tu silueta a contraluz,
con qué delicia
se dibuja tu contorno.
Hay tanto de rebelión
en tu respiración inmortal,
la templanza de tu espalda.
Abres tantas preguntas:
si no habré muerto ya
y el cielo es esta cama
que honras,
si morir de verdad
no será
puro trámite.
Cuento finalista del XIII Certamen Internacional de Poesía y Narrativa, y seleccionado para participar de la “Antología Poetas y Narradores Contemporáneos 2007″, organizado por De Los Cuatro Vientos Ediciones, presentado el 30 de Junio de 2007. En la ciudad de Buenos Aires, Argentina. Leer el resto de esta entrada
Palidez de Cirio Por Esthela Santiago ( “Aletse”)
“Si te llena el alma de imposibles,
es que mi soledad viene a besarte.”
Para alguien como yo, llegar puntual puede ser desastroso: demasiado espacio para un sexto sentido. Para estos casos es mejor llegar a una hora discreta, casi inadvertible.
Al entrar, saludo con la cabeza a los que ya están en el salón, y busco un apartado lugar para sentarme. A cierta distancia la distingo, es ella, me digo, pues toda la atención se centra en su persona. Va llegando más gente, van dando el pésame y se van formando pequeños grupos. Todos hablan en voz baja, con expresiones circunspectas. Ofrecen café y acepto con gusto una taza con su humeante líquido. Con suerte más tarde estarán ofreciendo -con discreción- un tanto de licor, y hasta canapés, para aguantar la larga jornada que nos espera. A mi lado dos tipos hablan de negocios, en voz baja, tono que tienen que ir controlando, por lo que una y otra risa solo queda en su primera nota. Me les quedo viendo fijamente y callan. Me siento cómodo entre lamentos, quizá para desdibujar un poco los míos. A mi izquierda hay dos ancianas sentadas en un largo sillón de cuero negro, viudas de seguro, afanosas en sus rezos y plegarias, como si estuvieran dando gracias a Dios de nos ser las elegidas de esta noche, o tal vez refunfuñando por todo lo contrario. ¿Cuándo se acaba la vida? ¿Cuándo uno se queda bien frío, o cuando se le congela el alma?
Entre Ave Marías y Padre Nuestros, hablan de la vida y milagros de difunto sin pudor alguno, y ante su indiscreción me siento incómodo.
Una niña de unos cinco años, sentada entre ellas, se me queda mirando. Se parece a “ella”. Muy serio le saco la lengua y suelta una risita que trata de disimular con sus manos. La amonesta la que probablemente es su abuela, pero unos minutos después me regala una sonrisa con tal brillo que opaca el rubio de sus rizos. Con tal inspiración, me levanto de mi cómodo observatorio para hacer lo propio. Me acerco a un hombre de mediana edad -parado a cierta distancia del ataúd- que sin lágrimas en los ojos, su expresión es el llanto mismo. “Se nos fue todo un amigo…”, me aventuro a decirle ya que no lo conozco, posándole la mano en un hombro. “Como un hermano… como un hermano…”, me contesta, con cierto escalofrío. Espero los segundos suficientes para que sepa que comprendo, y luego tras unas cuántas palmadas sigo mi camino. Se habla de los temas más variados, como si hablar de la muerte que ahora nos convoca, fuera a invitarla descaradamente a quedarse con nosotros. Converso con algunos. Son personas cultas, su hablar refleja sus filosofías de goma, de esas que han masticado porque creen que está de moda, pero que no han digerido. Dos mujeres, guapas, de edad dudosa, cuchichean su coquetería al fondo del salón mientras me miran, y pienso que la desvergüenza del rojo de sus labios desentona con la transparencia de la desolación que me nutre.
Voy por mi séptimo café, desde el segundo ya con piquete, y han abundado los canapés. Pienso que quizá es hora de retirarme.
Pero la miro a ella, que ahora está sola, y sé que aún habiéndomelo prohibido, que está fuera de mi ética, nuestro encuentro es ineludible. Viste un elegante vestido negro, muy sencillo, y lleva el pelo suelto que le llega a la mitad de su esbelto y bien formado talle. Me acomodo la corbata, pretendo un paso ligero -para unos huesos demasiado cansados- y me dirijo a su encuentro. Nunca había visto viuda más desolada ante el féretro de su difunto, y me estremezco. Unas palabras de aliento ante tal escena es casi descortés, por lo que opto por ese abrazo que sin decir nada lo dice todo. Ella se deja, casi desvanecida entre mis brazos. Su aroma de tristeza se mezcla con su Channel 5 -que me encanta-, el del carnaval de flores, y los solemnes cirios. Aspiro… Sé que este buquet de esencias es un póstumo homenaje para él, para otro, para el que ya no está, pero igual lo exhalo como mío.
Entre sollozos, más allá de lo que pueda decir la gente, va dejando escapar ondeadas cálidas de desolación, y me vuelvo a estremecer, por lo que la abrazo con más precisión tratando de calmar un poco el estrépito de su alma. Siento, de pecho a pecho, un dolor mutuo inexplicable, de esos que acompañados pierden un poco su negrura. Una infinita calidez me invade por dentro. Beso su pelo suavemente, para que ella no lo note y no estropear su indefensura. Pero ella lo siente y levanta su cara para arrostrar su mirada con la mía. Me quedo paralizado al notar en sus pupilas un atisbo de duda, pero casi al instante le gana la pena que ahora la reviste, y me susurra un “gracias” dulce que, como muleta, le sostiene una leve sonrisa. La veo alejarse, y sé que será para siempre…
Ante tal revelación, rompo mi segunda regla y me acerco por primera vez al ataúd abierto, y lo miro. Irónico, pienso, el invitado principal, y no tiene vela en el entierro. Me permito odiar por unos segundos esos labios que la besaron, sus ojos que la contemplaron, y esas manos ahora inútiles que jamás fueron verdaderamente mis rivales. Me lo imagino erguido, prepotente ante su certeza de saberla suya. Le pienso una sonrisa irónica, firme, desafiante… Mas su palidez de cirio me recuerda la de ella, y caigo de bruces ante mi incordura. Es hora de echar mano de mi formula de escape, la indiferencia, y lo hago sin escrúpulos.
Me dirijo a la salida. No volteo a verla más. Está demasiado viva como para soportarla un segundo más a mi lado. Seré más precavido en el velorio de mañana -como tantos antes a los que acudo a diario desde hace meses-, y los que siguen. Elegiré a los difuntos con mayor precaución, para que no sean tan intensos como este, Una cosa es tratar de evadir la soledad de una forma peculiar, y otra que me la restrieguen en la cara. Al salir, su aroma quedará en el olvido, y la imagen de su rostro se consumirá en mi memoria como los mismos cirios que mañana no serán más que cera derramada. No sé su nombre, nunca lo sabré, y casi me importa poco… Pero miento, algo me dice que la chispa de esos ojos ajenos, y a la vez cómplices por un segundo, ha encendido por fin la mía. Lástima que desde que me siento muerto, desde que murió Alicia, sólo los sentidos me quedan vivos, y que ante el primer rayo de sol, no soy más que esa cera esparcida.
(*Pintura, James Ensor: Las máscaras y la muerte)*
Asombro. Por Esthela Santiago (”Aletse”)
He perfilado mis dudas por el sendero del asombro, que no quede huella de certeza alguna, asidero para esperanzas vanas. He depositado mi cuerpo en las fauces de noches sin luces, pletóricas en sensaciones acuáticas. Clepsidra que va dejando escapar, inevitable e ingrávida, cada gota de su aliento. No ha quedado prenda alguna que cubra este rubor intraducible.
Cuando llegue la albura de tu arribo, entontes sí podré colgar al sol todas mis sombras.
(Alberto Sánchez. La mujer de la Estrella)
Un relato Romántico por: Luís de Diego
Un zumbido, acompañado de una música conocida, aunque olvidada, interrumpió los pensamientos del hombre. Parsimoniosamente sacó el celular del bolsillo de su camisa y miró quién le llamaba.
Efectivamente, era ella y oprimió el botón para recibir la llamada.
-Sí-contestó de forma seca.
-Hola-respondió una voz melosa y dulce al otro lado de las ondas.
-Hola-su voz seguía siendo cortante.
-¿Cómo estás?-preguntó la voz amorosa al otro lado.
-Bien-dijo él continuando el monólogo que parecía haberse adueñado de sus respuestas.
-¿Qué haces?-insistió ella.
-Lo que hace cualquier alcohólico social a estas horas-respondió con ironía.
Al otro lado se comenzó a oir un sonido que él conocía muy bien. El de un lloro sordo y tenue que quería pasar desapercibido. Solo que no aguantaba el lloro, era superior a él.
-¿Quieres dejar de llorar?-le reprendió él.
-Sabes que lloro con facilidad-le contestó ella-.
-Está bien, ¿qué querías?-trató de consolarla.
-Quiero verte-la voz parecía estar más calmada y menos tensa.
-¿Para qué?-inquirió él.
-Quiero que nos veamos y hablemos-dijo ella, ahora con más seguridad.
El se quedó en silencio durante un momento. Solo se oía su respiración acompasada, el ruido que hacían sus pulmones cargados de tabaco y un largo suspiro que salió de muy adentro.
-¿Sirve para algo?-preguntó finalmente.
-Necesito verte, estar contigo y sentirte cerca-le dijo ella, lanzándose a decir cosas largamente pensadas y muy escondidas en su interior-Me gustaría-afirmó finalmente.
Nuevamente silencio. Otra vez el mismo ruido de sus pulmones cargados, el negro y temido silencio, el sonido rancio de nada.
-Está bien-dijo por fin-Ven a verme.
-No-la voz de ella volvía a denotar miedo e inseguridad-En semana santa iré a Granada y me gustaría que te vinieras. Así no estaremos ni en tu territorio ni en el mío.
-Perdona-objetó él-Tu estarías jugando con ventaja-le recriminó.
-Eso es lo que hay-dijo ella cansándose ya de sus respuestas cortantes.
Había hecho un esfuerzo muy grande para superar sus miedos y llamarlo, para intentar recuperar algo que sabía perdido, lo conocía muy bien, pero vencer a su orgullo era ya una victoria. Tratar de volver a incendiar las ascuas de un fuego que sabía casi apagado, pero con la esperanza de hacerlo volver a resurgir de las brasas.
-Está bien. No sé si podré ir-le dijo por fin-Aun no sé como lo haremos con los niños mi ex y yo. Si puedo te llamo y voy.
-Vale-su voz se notaba ahora mas relajada. Había conseguido que al menos no le diera un no por respuesta. Era algo positivo.
-Bueno, pues, quedamos en eso-dijo finalmente él-Ahora te dejo, tengo cosas que hacer.
-Espero tu llamada-contestó ella.
-Hasta luego-se despidió él.
-Hasta luego.
Y cortó la comunicación. Lo que no supieron ninguno de los dos es que dos besos salieron en direcciones opuestas, cruzaron el cielo estrellado y se saludaron a mitad de camino, como lo hacen dos viejos conocidos que hace tiempo que no se ven, con alegría y nostalgia. Acabaron por depositarse en algún lugar desconocido para ellos, o tal vez demasiado conocido.
Efecctu. Por: Sagrario Hernández
Caminarás descalzo sobre cristales,
se desgarrará tu piel y tus tendones
quedarán al descubierto,
pero eso no te hará llorar.
Podrás mirar al sol de frente,
tocar sus flamas con tus manos,
ahogarte en todas las aguas,
pero eso no te dará la muerte, ni el dolor te dará.
Podrás ver más allá de los ojos,
mirarte en los espejos oscuros,
saborear los líquidos más amargos,
pero eso no alterará tu gesto.
Podrás sentirte solo en los desiertos,
más solo aún en las ciudades,
única cosa sin destino ni salida en un mundo irreal,
pero eso no llamará a la locura.
Podrás sentir que toda tu materia es devorada por los perros salvajes,
que no hay padre ni madre que acuda a tus gritos,
que no hay vestidos que cubran desnudeces para tu pobre cuerpo,
pero eso no vencerá tus ansias de hallar
una sola palabra que defina
aquello que tú eres
cuando te ha abandonado
la dignidad de ser
lo
que
se es.
Ignorarte es haber nacido de la muerte del olvido
al dolor de la memoria.
Cuento corto por: Rolando Revagliatti
En sus cuentos -me refiero a mi hija-, que son breves, hay misterio, suspenso. Y siempre mata a alguien. Acababa de leerme el último, y en ese, moría el protagonista. Le dije: ¿Por qué no hacés que siga vivo? Ella me explicó: No me salía, no sabía cómo continuar, me cansé y, además, ya estuve mucho rato. Le sugerí: Seguí escribiéndolo mañana. Dijo: No; porque es un cuento corto.
Retazo por: Rolando Revagliatti
Nació por vía de cesárea Cristina, único descendiente que tuvieron sus padres. El nombre lo improvisaron de apuro, por así decir; lo extrajeron de una criteriosa galera, tras evaluar la armonía fonética junto al apellido. Aguardaban a Juan Ramón Ernesto e irrumpió Cristina. El desencanto se fue desplegando corrosivo en sus ánimos.
La niña, alumna aplicada, fantasiosa y fácilmente ridiculizable, encorvaba la espalda, fruncía los labios cuando se concentraba, bizqueaba a veces y, adolescente ya, padecía ataques de picazón, o lloraba.
En procura de reducir fatigosa gimnasia (contar paradas de colectivos, o perros, o automóviles con tales o cuales características), ritos incoercibles (sentarse durante unos instantes en determinado sillón, antes de tomar la merienda), sueños repetitivos (su madre obstinándose en ofrecerle muestras de comprensión y cariño), concurrió a un curso de control mental que promocionaban por radio. En esas estaba, cuando ella y el licenciado que dictaba el curso se enamoraron. Sin tropiezos accedieron al altar; y ahora, él la embarazó y la tiene ilusionada con que por fin nacerá Juan Ramón Ernesto, una generación después. Retazo de vida.
Paseo por mi ciudad. Por Iasone Cañada
Un día gris y lluvioso… la ciudad queda envuelta en la bruma y huele a humedad. Pasear al borde de la ría, un día como hoy, tiene una belleza especial. Me estoy despidiendo de esta ciudad… mi casa durante estos largos años. Mi hogar.
Han sido años extraordinarios, de un vivir silencioso y solitario. Quizá ese silencio ha permitido la reflexión profunda que desencadena los cambios necesarios, la transformación anhelada por mi alma.
Imagino lo que está por suceder… ¡lo intento! Pero no hay nada ahí delante. Es como un salto al vacío, impetuoso y libre.
Esa libertad, ahora, la puedo sentir y al hacerlo todo me parece posible. El vértigo de la aventura, el murmullo de la vida cambiando de ritmo, de cadencia… poco a poco.
Es un arte estar viva… es un arte dotar a esa vida de sentido, es un arte amarla y extenderla… como un eco al que llegan los sonidos del mundo, infinito. Sonidos no siempre reconocibles… pero están los que nos tocan más de cerca…esos son los imprescindibles.
Siempre he tenido la sensación de que la manera en que cada cual diseña su vida corresponde a una línea dibujada por la que vamos pasando día a día… haciendo aparecer un dibujo que ansiamos perfeccionar y convertir en algo bello y hermoso. No siempre tenemos los colores adecuados, ni los lápices pero si el deseo de seguir, para conocer más de ése dibujo que va apareciendo, ver como se entremezcla con otros miles de dibujos, conformando el dibujo del mundo y del universo…. siempre inacabado, activo, transformándose.
Siento el privilegio de mis actos y mi arte. Privilegio que, como un don divino, me invita a diseñar el mejor dibujo del mundo, para el mundo. Los limites de mi destreza son los limites de unas manos que se ajustan a su saber. Torpes y entusiastas. En mis lápices y colores, caben otras manos y corazones que en muchos momentos acompañaran los pasos que dibujan línea a línea los contornos nuevos del dibujo.
Entonces me siento compartiendo la vida. Exquisito regalo, el compartirla.
No puedo permitirme el desasosiego inquieto de mi alma, porque estoy situada en la parte del mundo donde tengo todos los colores y lápices con los que dibujar. No puedo permitírmelo por demasiado tiempo. Solo lo justo, para recordar lo inmenso de la vida cuando se sabe una, viajando en ella.
Sigo haciendo las maletas… me cuesta elegir lo que va en ellas. Ordeno lo que dejo atrás. Recojo y limpio los rincones de estos años. Y… me quedo pensando en el color de este momento.
Es un azul magnifico. Cielo y mar. Trazo grueso. Al fondo un toque rojo-naranja… amaneceres y atardeceres perdidos en el horizonte.
Unos toques verdes. Son todos los seres que andan por mi vida, por mi dibujo, seres amados y seres imposibles de amar.
Me voy ligera, una línea suave que se irá impregnado lentamente de la intensidad de los colores y pinceladas de los nuevos lápices para mi mano.
Sonríe mi corazón.
El Desencuentro . Por Vera Guastavino
¿En qué jardín decidí dejarte?
¿Bajo qué luna sin luz
seguí camino?
Ahora son otros ojos
que miran
No te reconozco
Ahora lo sé:
Soy la que camina sin sombra.
( Kandinsky. Estación otoñal en Oberau )
Lésbico Floral . Por Issa Martínez.
Rosas, orquídeas negras, azules nomeolvides…
Cóctel de pétalos suaves
enredados en la voz de los dedos,
prolongaciones de sexo y labios
que degluten mieles:
senos de agua acunados en la lengua,
carnes de gardenias
amancebadas donde la boca sufre deleites.
Mujer sobre mujer,
en dulces aguas sirenas y valquirias en la tierra:
leyenda de flores menstruadas
y amaneceres despuntados en el pubis
donde la caricia de la mejilla duerme,
manos húmedas del rocío
en el que el amor es espejo para saciar su sed.
Mujer añil, marea índigo,
anarquista de orgasmos con sabor a luna llena
Esta Revista, que nacerá justo cuando pueda nacer (ni un momento antes), no tiene “presupuestos básicos solemnes” que anunciar a sus lectores. Porque nace para la diversión de sus integrantes y principalmente para divertirme yo, que soy quien se la inventa cuando empieza a echar humo la cabecita. Así que: No intentamos dar prestigio ala Red. No intentamos demostrar lo cultísimos que somos.No intentamos demostrar que lo hacemos mejor que otros. No estamos en contra de nadie.No estamos a favor de nadie. No intentamos patrocinar nada, salvo aquello que nos guste mucho.No intentamos “dar cabida a todos” porque sería un jaleo y bastante cansado. No intentamos excluir, porque ya se ocupan otros de autoexcluirse.No intentamos ofrecer un “amplio abanico de propuestas creativas” porque las palabras solemnes son un verdadero coñazo. No intentamos mirarnos al espejo porque somos de lo más corrientitos. No intentamos competir porque nos trae al pairo la estadística. Estamos aquí porque: Nos da la realísima gana. Estaremos aquí hasta que nos de la realísima gana. Estamos aquí para tener una manera divertida de pasarlo bien en los pocos ratos libres que nos van quedando entre la casa, el trabajo, la familia, los animalitos domésticos, los disgustos variopintos, y otras garambainas parecidas. Quien avisa no es traidor…
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