Tres Reflexiones sobre el Arte y la Vanguardia. Por: Alena Collar.
Dicen los que entienden que el Ensayo es un género literario que plantea una tesis, para, a través del razonamiento, demostrarla. También se dice que el Ensayo debe tener una estructura inductiva o deductiva, es decir, partir de lo concreto para llegar a lo general o viceversa.
Por otra parte, dicen también los que entienden que las Vanguardias del Arte son aquellos movimientos que pretenden – muy en general- ir más allá de lo actual y dar un paso adelante creativo de modo que sirvan de punta de lanza para lo que en cada época histórica se llama “arte nuevo”.
Esa es la teoría que nos ha llegado a principios de este siglo XXI, caótico y complicado también en el terreno artístico.
La práctica, parece ser otra.
Para empezar – y quizá por la propia manera de ser de la Vanguardia- lo que no existe ya es una aceptación preceptiva de la forma y contenido de lo que siempre se conoció como Ensayo, y ello gracias a la interdisciplinariedad de géneros, que, admiten así distintas maneras de acercarse al discurso razonado sobre un tema cualquiera.
De modo que hoy la novela puede desarrollar una tesis y el ensayo crear una ficción narrativa, por ejemplo.
Y podemos ir más lejos, y acercarnos al soporte, y entonces ya complicamos tremendamente la noción de ensayo como objeto de discurso y de vanguardia como sujeto que actúa sobre el arte. Porque es evidente que el arte de vanguardia ya no se sustenta solo sobre el soporte habitual (visual, sonoro o impreso) sino sobre un soporte que a menudo es volátil: el virtual.
De eso a su manera reflexionan los tres ensayos que han recibido los Premios Alenarte, desde la propuesta de Cristina Muñoz, reflexionando sobre esa frase tan habitual que expresa a veces el desconcierto artístico ante la obra: “cómo se quedan con la gente”, o la valoración de Antonio. J. Sánchez Fernández sobre el pretendido acto transgresor de la Vanguardia, que pierde tal sentido como nos dice: “cuando la sociedad lo integra y deja de escandalizarse con él”, hasta la reflexión de Luís Felipe Valencia, “Hemos caído en el sueño del hombre al que sólo le interesa que lo mantengan entretenido, no que lo animen a pensar o lo instiguen con cuestiones que resultan incómodas.”
En este comienzo de milenio, son tres propuestas a considerar; también vanguardistas, también artísticas, también reflexivas. También, por ello, plenamente transgresoras.




Es muy esclarecedor el ensayo de Luis Felipe Valencia Tamayo para entender a qué le llamamos arte, sobre todo al arte contemporáneo. Creo que no es digno de ese nombre (puedo estar equivocada)todo lo que se hace por muy vanguardista que sea.