La Imparcial arbitrariedad Crítica. Por: Cristina Muñoz Mena. Segundo Accésit.
Segundo Accésit Primer Certamen Alenarte de Ensayo.
Ensayo autoría de:
Cristina Muñoz Mena.
Residente en Dos Hermanas, Sevilla. Estudiante de Bellas Artes en la Universidad de Sevilla. Partícipe como ilustradora de algunas revistas. Regala su tiempo a la pintura y la lectura, y del mismo modo a ilustrar y a escribir. Fascinada tanto por el texto como por la imagen y su relación.
La Imparcial Arbitrariedad Crítica. Por: Cristina Muñoz Mena.
A concretos tipos de arte se les acusa de timo y dichos acusadores dicen sentirse ofendidos.
[No argumentaré qué es el arte sino engaño].
¿A que llaman timo? ¿Qué características hacen que una obra sea realmente válida?
Principalmente se argumenta que el artista crea en su obra. (¿Sabemos con certeza si “La dama del armiño” era convincente para Leonardo?).
Nos alegramos de vender ciertas obras para alejarlas de nosotros, por el repaso constante que hace nuestra mente a sus fallos o ideas no conseguidas a veces tan insoportable, y sin embargo, ello no lo hace menos a los ojos del comprador (Evidentemente absténganse de comentárselo).
Las artes plásticas tienen que sobrellevar su nudismo, su desprotección, aunque se resguarden en códigos, símbolos intimistas o eruditos, siempre queda la libre interpretación y su silencio e impotencia para defenderse.
Es difícil pero a su vez peculiar imaginar las obras como si tuviesen vida desde la primera pincelada, desde el primer roce de barro, o tantos olvidados comienzos. Que todo fuese guardado en su memoria.
Los momentos en que su creador la colocaba con delicadeza en un lugar donde la luz la acariciase dejando ver sus rasgos definidos y los aún por marcar.
O aquellos donde la desesperación hacía desechar toda optimista apreciación.
La indefinida y difícilmente decidida conclusión, dándolas por maduras, por independientes.
Algunas nos acompañan como inigualables cómplices, otras son dejadas marchar por ese destinado trueque.
Todas estas historias serían brillantes o decepcionantes pero siempre interesantes y sorprendentemente diferentes a lo que creemos.
Llegado el mencionado trueque, cómo se valora… ¿por su exterior o su interior?
Algunos prefieren una gran labor artesanal meticulosa y en muchos casos desinteresada.
Otros quedan fascinados por lo que intuyen que hay en ella, por lo que les despierta y remueve.
Eso sí, no culpemos a las obras por cómo fueron creadas. No tienen culpa.
Dejando esta perspectiva, reflexionaría a cerca del fantasmal argumento que como sombra las acompaña… ¿el artista puso todo su empeño en ella?
El esfuerzo, la convicción, la seguridad ante lo que hacemos.
Al artista se le exige ser esclavo fiel de sus ideas, no debe hacer trampas.
Se infravalora por su aparente facilidad e incluso por su rapidez de ejecución.
Si se le trata como tal trabajador de su arte, aquellos que crean que debe ser así, ¿son ellos dignos de su sueldo?
Una comparativa como aclaración, centrémonos en el arte de la cocina.
Permítanme dudar que todos apreciemos la comida de un reconocido chef. En este caso no se duda de su profesionalidad, al contrario es nuestro paladar el que sufre las críticas de ignorancia y poca amplitud adquiridas
Extraigamos la esencia de este ejemplo a la pintura donde es bastante común encontrar opiniones en las que nuestro paladar visual presume con orgullo de su cualidad crítica y sin mayor pudor nos muestra su respetable opinión de “cómo se quedan con la gente“.
Démosle un voto de confianza, analicemos y después volvamos a mirar.
Nadie gana o pierde en este juicio, tan sólo puede cambiar la apreciación.
¿Y qué hay más enriquecedor que cambiar?
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