Alenarte

Revista de actualidad cultural y artística

¿Se ha quedado antigüa la Vanguardia?…por: Antonio.J.Sánchez Fernández. Primer Accésit.

Primer Accésit Primer Certamen Alenarte de Ensayo.

Ensayo autoría de:

Antonio .J.  Sánchez Fernández.

 

 Nació en Sevilla en 1971. Trabaja como contable administrativo. Desde los quince años ha colaborado en distintas emisoras de radio local. Entre 1993 y 1998 escribió, dirigió y produjo numerosos montajes audiovisuales, obteniendo en 1994 el Premio Especial de Tema Flamenco en el Concurso de Vídeo “Claudio Guerin” con su montaje “El Aire y el Árbol”. En 2002 su relato “Cristales de Olvido” obtuvo el 2º Premio de Cuentos “Al Pie de la Giralda”. Colabora con la Asociación Literaria Itimad, con la que ha publicado diversos poemas y cartas. Ha publicado en la revista digital Palabras Descalzas, y ha sido incluido en el libro colectivo “Poemas Para Un Minuto” (Edit. Hipálage. Pertenece a la Asociación de Informadores APEI-PRTV. Actualmente es responsable de contenidos de la web destinosevilla.com.

 

 

¿ Se ha quedado antigua la Vanguardia?… Por: Antonio. J. Sánchez Fernández.

Siempre ha sido característica propia de los verdaderos artistas el ir por delante de su tiempo, tener algo de visionarios o de creadores de tendencia, introduciendo modelos estéticos que en su momento provocan rechazo o incluso desprecio, pero que, más tarde, son plenamente asumidos a nivel social. Eso pasó con las Pinturas Negras de Goya, con la pincelada suelta y nerviosa de los impresionistas, con los violentos claroscuros del Caravaggio, y posiblemente sucediera en su día con las ojivas góticas o con los brillantes colores del Beato de Liébana, por poner algunos ejemplos.

 

Pero hubo un momento histórico (que quizás podríamos situar en el tránsito entre los siglos XIX y XX, con la aparición de lo que, en un evidente oxímoron, se conoce como Vanguardias Históricas)en el que parece instalarse en la conciencia de los artistas la fijación por el concepto de vanguardia. A partir de entonces se hace preciso romper con todos los puntos de referencia anteriores y crear algo radicalmente distinto.

 

Ese movimiento tenía pleno sentido en aquel momento: la industrialización, con sus revoluciones económicas y sociales, había cambiado la faz del mundo, y hacía falta un arte nuevo que fuera reflejo y actor de esa realidad. Pero -quizás respondiendo a un trepidante ritmo social, marcado por la constante evolución tecnológica- la necesidad prioritaria de hacer vanguardia ha seguido en el centro mismo de la creación artística (y no sólo entre los creadores, sino también entre críticos y consumidores de arte) de forma que parecen haberse modificado los criterios tradicionales de valoración: En muchas ocasiones, el foco se pone en la novedad o actualidad de la obra, pasando por alto la evaluación de otros conceptos como calidad o contenido.

 

La vanguardia como actitud parece exigir para algunos la constante transgresión, la ruptura con lo establecido, la provocación, el desagrado incluso. En ocasiones parece que los autores buscan “no gustar”, se identifica el arte con la rareza, con lo minoritario, hasta el punto de que si un artista goza de aceptación del público enseguida se le tacha de comercial, de acomodaticio; “Best Seller”, que solo quiere decir “Más vendido”, se ha convertido en sinónimo de literatura basura.

 

Pero el acto transgresor pierde todo su sentido cuando la sociedad lo integra y deja de escandalizarse con él (y eso es algo que, en un entorno de consumo, ocurre con gran velocidad). Por ello, cuando una obra artística se basa única y exclusivamente en la transgresión, no pasará mucho tiempo antes de quedarse vacía de contenido (e incluso dar la sensación de cierta ingenuidad, completamente contrapuesta a la intención originaria). Además, cuando las transgresiones son constantes, llega un momento en que el público se acostumbra, y ya no se sorprende, por lo que para impactar verdaderamente, hay que forzar hasta el extremo la estridencia y lo grotesco.

 

La dinámica “transgresión-asimilación de la transgresión-necesidad de nueva transgresión” provoca una aceleración del arte, que si bien tiene el aspecto positivo de estimular la actividad creativa, obligando a un constante esfuerzo de imaginación, también propicia que muchas corrientes estéticas se aparquen como anticuadas antes de poder haber sido desarrolladas en todo su potencial; es difícil elaborar ninguna obra madurada en los warholianos “cinco minutos de gloria”.

 

El trabajo del artista es crear, y en la creación va implícita la búsqueda, la experimentación, la apertura de nuevos caminos. Hay una función social del artista que consiste en proponer a la colectividad nuevas concepciones estéticas, y renovar así el  aspecto general del imaginario colectivo, adecuándolo a cada momento histórico. Está función es importante no sólo desde el punto de vista de la imagen, sino a un nivel más profundo. El artista, de esta forma, acostumbra a la mente social a estar siempre abierta a las nuevas propuestas, a aceptar los cambios, facilitando así la evolución y el progreso de mentalidades en todos los aspectos.

 

La vanguardia no sólo es necesaria sino que resulta esencial al arte, pero debe surgir como consecuencia natural, no ser una pose forzada (en eso sucede con la vanguardia como con el estilo) Lo que se hace ahora es actual, por definición. El artista no debe sentir miedo de experimentar: usar nuevos materiales y técnicas, ensayar discursos rompedores. Pero tampoco debe temer el recurso a las formas y los modelos considerados clásicos, si es que siente que son el cauce más adecuado para expresarse en un determinado momento. En cada proceso creativo hay algo de profundamente individual, de experiencia irrepetible y fuera del tiempo, y el artista ha de ser plenamente libre de emplear todos los elementos que la historia, la experiencia y la imaginación pongan a su disposición en ese instante, sin miedo a transgredir, pero tampoco a no hacerlo.

 

 

 

 

 

Viernes, 3 Octubre, 2008 - Publicado por alenar | Artículos de Opinión | , | 2 comentarios

2 comentarios »

  1. Totalmemnte de acuerdo, Antonio con el planteamiento de tu artículo, muy bien estructurado por cierto, en el que dejas clara ( al menos para mí que “Las vanguardias” no son un estilo en sí, y muchos menos aún, la única manera de expresarse para ser actual, aunque marchantes y la mayoría de los jurados de muchos certámenes -para ser modernos a su vez- así lo estén imponiendo entre quienes participan. La “vanguardia” como única solución a la modernidad está resultando mucho más alienante que las propias formas clásicas para el arte, que muchas veces deja de serlo para ser solo vanguardista.

    Enhorabuena por el artículo y por el premio.

    Agustín Pérez

    Comentario por Agustín Pérez | Lunes, 6 Octubre, 2008

  2. Felicidades por el premio. Tu ensayo hace recapacitar y nos muestra el concepto de vanguardia dentro de un planteamiento obvio

    Comentario por Esperanza García | Jueves, 9 Octubre, 2008


Deja un comentario