Alenarte

Revista cultural y artística

Creación, Misterio y eco en el Viento…

                                                            

¿Deja el artista parte de su ser interior en las formas y principios de su obra?… (Mireia C. Caballero)

Elegir, muchas veces, significa despedirme… (Iasone Cañada Zorrilla)

 

Creación, misterio y muerte.  Por Mireia C. Zubiaurre

Arte, es vida y creación, es desprendimiento y es muerte.

¿Qué es la magia para el hombre, por qué el embrujo de los sentidos humanos ante determinados ambientes, ante determinados paisajes de incuestionable belleza? ¿Existe realmente esa magia o es una invención sensorial del ser humano?

No es más que la capacidad que poseemos los mortales de dejarnos llevar por nuestros sentidos y pasiones, sin control alguno, por unos instantes cuando nos encontramos frente a un espectáculo de la naturaleza, frente a un regalo de Gaia que nos embelesa e hipnotiza, tan solo por unos instantes.

¿No busca pues el artista con su obra la misma sensación, la misma reacción en aquellos que observan su creación, el despertar de las conciencias, una comunicación más allá de lo intelectual entre él mismo y su público anónimo?

Arte es nacimiento, creación y vida de una idea surgida racionalmente y alimentada por esa necesidad de plasmar en la obra la fuerza sentimental suficiente como para dotarla de un mensaje, de valor, de carisma, de un poder de atracción. ¿No deja el artista parte de su ser interior, de su saber, de su forma de ver y entender el mundo y la vida en las formas y principios de su obra? Cuanto mayor es el desprendimiento del artista sobre su obra, ¿resulta más cercana, más humana o quizás la propia psique del hombre es demasiado compleja como para ser comprendida y asimilada de manera natural?

Cuántas veces observamos obras que no acabamos de entender y, sin embargo, ponen alas a nuestra imaginación y revolucionan nuestros sentidos, instante que puede verse roto, interrumpido grotescamente e incluso anulado de nuestra mente en el momento en el que alguna voz nos desvela el verdadero trasfondo de la obra, la intención artística del autor. ¿No es ese el fin del arte, no dejar indiferente a nadie, despertar las almas, para bien o para mal?

¿Quién no se ha interrogado sobre el significado de determinados elementos artísticos por los que nos hemos sentido incomprensiblemente atraídos, como si sus autores quisieran hablarnos a través de ellos, de sus miedos, sus inquietudes, sus experiencias personales, de sus explosiones de euforia artística? ¿Quién no se ha descubierto embrujado ante lo pétreo de unas gárgolas góticas, ante lo siniestro de una fotografía en blanco y negro entre cuyas sombras se asoma un atisbo de tristeza, de desesperación quizás?

Soñar, volar con la mente abierta a cualquier nueva especulación es a lo que nos invita la observación de la Biblia del Diablo*, cuyas maquiavélicas ilustraciones se pierden en los primeros siglos de la Edad Media, presentándonos a un colaborador del autor nada desdeñable y sin cuya ayuda le habría resultado imposible terminar tan impresionante obra en tan solo una noche. A su nombre y persona  dedica la histórica y definitiva denominación de su obra de arte.

(Fig.1. Escena apocalíptica. Fresco. S.XI

Iglesia de San Pietro al Monte)

 

 

 

 

 

 

 

 

Arte, es vida y es muerte. Es el fin de una idea y el comienzo de una obra, expuesta, desnuda, abierta a interpretaciones, a admiraciones, al olvido. Es transformación y muerte donde la intuición alerta de que la reencarnación racional es posible, pero poco aconsejable. Crear y morir. ¿No es la muerte misma una fuente inagotable de inspiración por el desconocimiento de su funcionamiento, por el juego al que nos permite estar sujetos, por lo misterioso y macabro de su inevitable existencia? Es el sueño eterno del que nadie despierta, al que lanzamos nuestras dudas y suposiciones más tenebrosas y del que aún esperamos con angustia alguna respuesta. ¿No envían los artistas sus propias preguntas a la muerte, no nos dan su propia interpretación de la misma? ¿No está la muerte presente en nuestras vidas, en el día a día, y no sabemos bien lo que esto significa? Lo tiene, sin embargo, la muerte, un lado que nos atrae y nos seduce, que nos invita a jugar con ella, a especular, a adivinar e imaginar su forma, su imagen y su poder. A nosotros, pobres y miserables mortales.

 

Arte, es comunicación, es unión del intelecto y del alma, es vida, pero también muerte y olvido.

El nombre de “Biblia del Diablo” se debe a una leyenda que narra que a un monje díscolo le fue impuesto el castigo de escribir el manuscrito en una noche. Viéndose incapaz de cumplir con la tarea, el fraile pidió ayuda al diablo.El demonio exigió a cambio ser retratado en el códice.

Eva Manethová

http://www.radio.cz/es/articulo/71551

(Documentación Alenarte)*

 

 

ECO DEL VIENTO por Iasone Cañada Zorrilla

 

 

El viento revuelve todo lo que se apoya en la tierra. Es cálido. Es misterioso… parece sugerir que,  tras su impetuoso paso por ésta zona de la isla, será inevitable un cambio que cada cual medirá en su intensidad y color.

 

Rehacer las cosas tras un vendaval  resulta agotador. Pero a veces es bueno mirar largamente aquello que debemos recomponer. Quizá es el momento de aprovechar el instante, y elegir lo que podemos dejar atrás. Quedarnos con aquello que aún nos es necesario en éste presente inmediato, en éste presente que va haciendo de los caminos el transcurrir de los actos nuestra vida…

(Remolino. Iasone Cañada)

 

Mirando los remolinos he recordado imagen a imagen, los que generan las relaciones humanas, y como a veces esos remolinos, son un vendaval que todo lo arrasa y destroza en el interior de una misma. Y cómo elegir, se vuelve tan difícil y doloroso, ya que muchas veces, significa despedirme de alguien que no volverá a formar parte de mi vida. Lo dejo en el centro mismo de su propio remolino, del que me sustraigo agarrándome firme y confiadamente, en el flexible tallo que como un eje, aquieta y sujeta mi vida.

 

 

Dejar atrás según que, según quien, deja un eco escondido en los entresijos de mi ser. “Eco” que como hoy, devuelve a mi memoria los sonidos de quien no estando en mi vida, perdura. Como viejas notas de música que rebotan una y otra vez por los bordes recónditos de lo que soy.

(Composición. Legueult)

 

Miro la vida extensa e indefinible, preguntándome con que herramientas cuento para limpiar un “Eco”. Quizá deba encontrar otros sonidos, otras notas, que poco a poco integren en su melodía a éstas que, parasitadas en una nanofrecuencia, emiten un dolor eterno y desafinado.

 

Me dejo llevar por el viento, cálido y luminoso… percibo a través de su fuerza las primeras notas de ésa melodía que atraviesan mi cuerpo y mi respiración. El “Eco” de mi corazón comienza a cambiar de ritmo…

 

Sábado, 2 Febrero, 2008 - Publicado por alenar | SinArrinconArte | | 2 comentarios

2 comentarios »

  1. Muy interesante estos dos temas, que aportan nuevos datos que no conocía, y me lleva a reflexionar sobre temas que -por mucho que esten presente en lo cotidiano de la vida- también me han hecho “tropezar” en las dudas de mi propia manera de pensar: la vida, el arte, la creación (aunque esto último sea ya en sus comienzos un arte) Me quedo con esta reflexión: Arte es vida y creación … Y para llegar a ello tenemos que “elegir” qué camino llegar; Tendremos que prestar atención a ese rítmo que nos trae el “eco” de nuestros sentimientos.

    Comentario por Pilar | Sábado, 2 Febrero, 2008

  2. Estupendos los textos y las imágenes

    Comentario por seguicollar | Jueves, 22 Mayo, 2008

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