Alenarte

Revista de actualidad cultural y artística

“San Francisco, Juglar de Dios”; una recreación de Rafael Álvarez.

El teatro es o debería ser un juego. Debería ser un espectáculo desde antes, desde la entrada del espectador en el recinto. El teatro debería ser una proposición de rebeldía aceptable por quien participa en él; sea espectador, autor, o actor.

El teatro que sigue con los viejos moldes de repetir la palabra textual, de repetir el escenario habitual, de seguir la normativa escénica ortodoxa, está muerto. Porque hoy, más allá del recinto, más allá de las salas, todo es también teatro que tenemos que representar saliéndonos a menudo del papel que nos tocó e implicando a otros que no estaban llamados a escena.

 

El teatro debe ser del juglar; que canta, ríe, llora o sueña y lo dice, y quiere que nos sintamos dentro de la piel, de la suya, y que cantemos, ríamos, lloremos o soñemos con él.

San Francisco, Juglar de Dios, obra del italiano Darío Fo (y ahora para los ortodoxos hay que añadir, “premio Nobel de Literatura”) se está representando por la compañía de Rafael Álvarez, “El Brujo”, en el teatro Infanta Isabel.

Y esta obra es de un juglar y es para ser recitada y/o cantada en plazas al aire libre, para que los niños la acompañen con risas, y para que el público aplauda con palmas que se oigan; para la memoria de las gentes, y para que al final, al Brujo se le regale “un bon vaso de vino”, por su recitado.                

 

Obra de teatro dentro del teatro; cuentecillo amoral y genial por revoltoso sobre San Francisco, sencillez y llaneza y ternura, y leyenda: sí, leyenda, porque en la leyenda nos cuentan la historia del hermano Lobo, y El Brujo nos relata las desventuras del animalito con tanta dulzura que parece verdad…

Hace Rafael Álvarez una interpretación absolutamente antológica; por supuesto preparada, pero también improvisada en ocasiones; con ello consigue que el texto, lo que se dice, lo que no se dice, lo que se inventa y hasta lo que se oculta transcurra en dos horas que parecen diez minutos.

Nos gusta ese San Francisco revoltoso, revolucionario, heterodoxo e incorrecto; si todos los clérigos fueran como este escuchador de pájaros que escenifica  El Brujo y que inmortaliza Dario Fo, otro gallo nos cantaría y no precisamente para negar a nadie.

                                                                                    

 

Alena. Collar.

Sábado, 19 Enero, 2008 - Publicado por alenar | En clave de Mí... | | Aún no hay comentarios

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