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Revista de actualidad cultural y artística

Cine de Diseño: “El Último” (hoteles y cine) Por Lucía Aragón.

 

El hotel es uno de los escenarios mas explorado por el cine desde sus comienzos. Es fácil pensar en películas, desde el cine más comercial hasta el cine de autor, en las que este espacio está presente.

 

Un lugar de tránsito, donde pasar una noche en un largo viaje; un espacio de ocio donde olvidar el estrés del año y de la vida diaria; un hogar prestado durante una temporada. Un testigo mudo de diversas vidas y circunstancias personales.

Espacios impersonales, a la última, espacios de comodidad prefabricada, que oscilan en su amueblamiento entre la fantasía historicista hasta el movimiento moderno.

EL ÚLTIMO                                                                                         

FICHA TÉCNICA                                               

DIRECTOR: Friedrich Wilhelm Murnau               

GUIÓN: Carl Mayer

BSO: Giuseppe Becce

DURACIÓN: 101 minutos

PAÍS: Alemania

AÑO: 1924

B/N. Muda

INTÉRPRETES:

Emil Jannings (El portero)

Maly Delschaft (La sobrina)

Max Hiller (El prometido de la sobrina)

Hans Unterkircher (El director del hotel

Sinopsis: Un portero de un prestigioso hotel de la ciudad de Berlín, orgulloso de su labor y su uniforme, es respetado y considerado por sus vecinos y amigos, que le saludan incluso con gesto militar. Un buen día, el portero descubre que ha sido sustituido en su puesto por otro empleado más joven, siendo destinado como encargado de los lavabos. Desesperado en su nueva situación, intenta ocultarla a su familia y amistades, robando el uniforme para ir con él a la boda de su hija.

 

El Kammerspielfilm. Un género de emociones

Esta película conocida como El último hombre o La última carcajada iba a ser dirigida por Lupu Pick, famoso actor y director alemán del período mudo, y debía servir como colofón a una trilogía, cuyas dos primeras entregas habían sido Raíles (1921) y Sylvester (1923), fruto de la colaboración de este director con el guionista Carl Mayer. El guión de El Último también fue realizado por este autor, quien se inspiró en el cuento de Gogol, El Abrigo.

Con Raíles habían planteado un nuevo tipo de película: el Kammerspielfilm, derivado del teatro Kammerspiel, que literalmente significa “teatro de cámara”.  Era un género intimista, sin gestos ampulosos, en el que se ofrecía a un número pequeño de espectadores una función donde la emotividad y las sensaciones eran los principales protagonistas. En el cine se dejaron atrás los personajes grandilocuentes y la estética poco realista del expresionismo para dar lugar a la representación de pequeños problemas humanos, dramas psicológicos, realistas, con pocos personajes y situaciones ordinarias en ambientes corrientes.

Finalmente quedó en manos de Murnau, uno de los directores más significativos de este momento, que se adaptó perfectamente a este nuevo género, que siguió cultivando en películas posteriores como Amanecer. Se estrenó en 1924.

Como los demás Kammerspielfilms, El último prescinde de los intertítulos, y cuenta la historia apoyándose en tres elementos básicos: la capacidad narrativa de la imagen encadenada, los novedosos recursos y movimientos de cámara y la utilización de objetos-símbolo. Tres elementos que habían ido surgiendo en el cine mudo de las dos décadas anteriores, y que confluyen ahora, logrando un largometraje de una inigualable fluidez narrativa.

Espacio y objeto, contenedores de conceptos abstractos

Así, los objetos y espacios toman un enorme protagonismo, convirtiéndose en símbolos que profundizan en las emociones y mundo interior del personaje principal.

         a) El uniforme simboliza autoestima y su status destacado en su centro de trabajo. La pérdida y el robo de esta prenda, le sirven al director para contar los sentimientos que le provoca esta situación.

         b) La puerta giratoria Es su principal punto de trabajo, en el que se muestra la pasión de este hombre, de origen humilde, por su profesión que le da una sensación de control y importancia al codearse con los ricos clientes, organizar el tráfico de taxis, la descarga de equipajes…  

         c) Los lavabos, son su nuevo destino en el hotel, blancos modernos, desnudos. Sirven como escenario de su desolación, tristeza.

         d) El restaurante, el bar y demás escenarios de convivencia del hotel, aumentan sus apariciones en la segunda parte de la película, mostrándonos, a través del contraste, la soledad, la falta de integración que siente este personaje en su nuevo puesto de trabajo, completamente alejado de la activa vida diaria del hotel…

 

El viejo portero, en sus sueños, imagina todos estos escenarios magnificados, haciéndose más evidente este sentido simbólico.

 

Por encima de este nivel de lectura hay otro que convierte esta anécdota en una historia universal en la que el portero no es un hombre cualquiera, sino todos los hombres, o más específicamente cierta clase social oprimida; el uniforme representa el poder, la autoridad, el status; y la puerta giratoria es el devenir de la vida, sus altos y bajos, como si se tratase de una rueda de la fortuna.

 

La cámara y por tanto, el ojo del espectador, se mueve como si de un cliente del hotel se tratase, mostrando en muchas ocasiones la acción a través de puertas, ventanas, la puerta giratoria, el ascensor. Acentúa la implicación del público en la historia, que se siente como si andase por el hotel, y observase los acontecimientos a modo de voyeur.

El Hotel Atlantic

El Atlantic corresponde con un tipo de “gran hotel internacional”, con más de diez plantas, que combina un gusto heredero de los interiores decimonónicos con elementos variados sustraidos de varias vertientes del primer diseño del siglo XX. 

 

Donde mejor se aprecia la entrada de la modernidad en el Diseño Interiores es en su faceta de espacio público, vinculado con el mundo de las oficinas y edificios administrativos; edificios que van a ser usados por mucha gente,  que transita incesantemente por ellos y la tendencia es a una funcionalidad muy temprana (balda de cristal y acero de los lavabos, puertas giratorias y puertas batientes) e incorporan  los últimos avances tecnológicos (como el gran ascensor que protagoniza algunos planos y da comienzo a la película). La decoración, puntualmente se encuadra dentro de un estilo cercano a la Secesión Vienesa (sofás del café), con una geometrización que tiende ya hacia el Art Decó (decoración geométrica de las paredes y lámpara del vestíbulo, “camarera” de servicio de mesa)…

 

Sin embargo, en otros espacios encontramos todavía muebles de una tradición anterior, como las sillas del comedor se asemejan al estilo del Barroco inglés “Reina Ana”…

 

 

 

 

 

Sábado, 19 Enero, 2008 - Publicado por alenar | Cinema Alenarte | | No Comments Yet

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