Alenarte

Revista de actualidad cultural y artística

Mireia C. Zubiaurre, Iasone Cañada: espacios temporales

Mireia C. Zubiaurre: Jamás intuí el poder del tiempo para cambiar lo que me rodea…

Iasone Cañada: Que cada lienzo contenga un dibujo en el que quepan otros muchos…

Desde Rostock… A Contratiempo Por Mireia C. Zubiaurre

Jamás pensaré que lo que ahora digo lo hago por ti, por buscar una explicación coherente que me haga revivir y olvidar, sino que lo hago por mi, por abrir una puerta que cerraré después y tras la cual guardaré lo intocable e inenarrable, lo que ni tan siquiera sé si quiero volver a compartir con nadie; dudo de las segundas oportunidades.

Jamás he reflexionado sobre el valor del tiempo, sobre el peso de los minutos, sobre la posibilidad de encerrarlo en una mano y la frustración de verlo deslizarse líquidamente entre los dedos; la fuga del tiempo en el que vives a corazón abierto, que corre lento entre el anochecer y el amanecer, veloz entre tú y yo; llegar un minuto, quizás cinco, antes al paraíso, la condena de mi extraña existencia.

Jamás intuí el poder del tiempo para cambiar lo que me rodea; el final de la noche siempre sería el mismo, la carretera de vuelta, eterna y solitaria, en movimiento y presa de un caos inexplicable, en un instante de absurda lógica.

Una noche tras otra el camino de vuelta se alargaba hasta el infinito por no otorgarme unos minutos más; la tentación a la evasión y la huida cobarde y sin sentido, una y otra vez en la inexplicable quietud del puerto de Rostock; el destino en su sabiduría no pudo, sin embargo, conmigo y mi deseo exhausto llegó esta vez más lejos, contra el tiempo aún sin transcurrir. Cinco minutos antes.

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Así fue surgiendo en mi interior, así creciendo ese mundo nocturno tan diferente al real, único para mí, especial por su fragilidad, diferente por su fortaleza y el poder y lo etéreo del deseo, del ansia que envuelve al cuerpo que no encuentra lo que anhela.

Nunca me perdí en la noche, bien lo sabes, mas ella me retenía a mi entre paredes de cemento y un calor infernal mientras, pensaba yo, me esperabas al igual que yo la salida del sol. Y por verificarlo, por comprobarlo y saber si lo que yo mismo supe construir era similar en ti, le arranqué cinco malditos minutos a la vida, por llegar antes hasta ti y tocar, rozar tan siquiera, aquello que soñaba en tu interior.

Cinco minutos por comprobar que es verdad, es cierto que todo es distinto, porque el cielo nocturno también existe tras las luces de neón, pero nunca será el mismo que asoma entre las cortinas de tu habitación. Y lo que ocurra entre esas paredes del infierno no cambiará nunca, noche tras noche, serán las mismas consecuencias arrastradas en la soledad del regreso a casa, como si cuerpo y mente intuyeran que ya nada ni nadie podrá curar las heridas, y otro día más. Y la angustia se alimenta de necesidad, del descanso que de verdad repara y no del que me ofrece el vacío de una cama sin vida.

Cierro la puerta y ni tan siquiera tengo recuerdos reales, sino soñados y anhelados una y otra vez, y así creé mi mundo contigo, como pude, como supimos. Ya no deseo saber si en algún momento llegaste a construir para ti aquello que a mi me mantenía vivo. Tal vez me dejé arrastrar por el embrujo nocturno y me dejé hechizar por una imagen, por una ilusión, por un sueño inalcanzable que paradójicamente ha acabado por derrumbarme.

Si en cinco minutos cambia tanto la vida, ¿qué se puede esperar de ella?

Viajar por un mundo paralelo en el que la intuición iba despertándome los sentidos y me hacia retroceder ante la mentira, reventando mi frágil mundo creado entre forjas y martillazos del averno. Cinco minutos para descubrir la realidad, el valor de mi mundo interior, el valor de tu mundo interior. Cinco minutos para ver lo evidente, para comprender que todo podría haber sido diferente si en vez de alimentar los sueños y los deseos desde la distancia los hubiera llenado de realidad palpable. Cinco minutos para comprobar lo que perdía, aquello que nunca más me dejaría disfrutar de la vida. Cinco minutos, los suficientes, para ver salir por la puerta a alguien que no era yo.

Cinco minutos para mirarte a los ojos y ver tras ellos cómo tú también habías sabido levantar tu propia utopía interior.

El camino de vuelta, esa carretera, lo quiera reconocer o no, siempre fue solitario. Ya no recuerdo desde hace cuánto tiempo que estoy solo, desde hace cuánto tiempo que dejé de viajar en compañía.

 

Un nuevo año… Por Iasone Cañada Zorrilla

Lo miro con los ojos tan abiertos como me lo permite esta luz intensa de amanecer. Lo miro con la mirada que surge del corazón, de ése mundo interior que no parece tener límites ni contornos.

Aun sabiendo que es una manera de romper el tiempo para que mi mente, pueda vivir su tiempo sin vértigo excesivo, empezar el año tiene el encanto especial de sentir que puedo pararme, y percibir los días como lienzos prestos a ver surgir en ellos trazo a trazo, un dibujo…

Lienzos nuevos. Perfectos. Todo es posible. Todo puede quedar plasmado en ellos. Todos los colores. Todo lo que desee dejar en ellos.

Un nuevo año…

Siento lo divino posarse en cada una de las pequeñas cosas que dan consistencia a este mundo, a mi vida, a este planeta…

… y a “ese divino” me dirijo cuando pido a la vida, la fuerza de utilizar esa libertad de elegir, en toda su infinita belleza y amplitud. Me siento privilegiada de elegir desde un espacio lleno de posibilidades. Tengo todos los colores a mi alcance, nada falta. Gracias vida.

Me propongo convertir este privilegio en un don. Que cada lienzo contenga un dibujo en el que quepan otros muchos dibujos y que juntos vayan creando otro dibujo. Que ese dibujo final sea tan hermoso y fuerte, que otros trazos puedan refugiarse en sus colores y tonalidades, haciéndolos suyos, llenando su propio dibujo. Después, doblar el lienzo de cada día hasta darle la forma de un pájaro, y echarlo a volar hacia el horizonte.

Allá donde se pose, el toque divino adquirido en su vuelo, ofrecerá todo lo que he/hemos sido capaces de plasmar para la vida.

¿Cuál es el propósito de mi vida?. Difícil descubrirlo. Difícil sustraerse a sus impulsos una vez intuido. Reto para un nuevo año.

Os deseo un feliz vuelo, para este año 2008

Viernes, 4 Enero, 2008 - Publicado por alenar | SinArrinconArte | | Aún no hay comentarios

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