Luis Prieto y el cansancio ( “Equidistancias de Mar y Sierra”)
Escribir muchas veces es auto reconocerse. Y en ocasiones saberse demasiado es peligroso para uno mismo. Porque de vez en cuando nos reconocemos cansados. Más que cansados de vivir, que no es el caso, cansados de decirnos las mismas cosas y a pesar de saberlas, seguir pensando “sí, pero no”… o “no, pero quizás”.
Equidistar (se ha dicho por otros) es estar en el punto medio de algo. Pero en algunas ocasiones equidistar significa pura y simplemente detenerse a mirarse a los ojos.
Y Luís Prieto está cansado. Y en su libro, Equidistancias de Mar y Sierra (Editorial Fundalea), destila ese sentimiento.
En realidad, el libro es una pequeña Antología de lo que el autor ha escrito en el breve (o larguísimo) plazo de dos años; de 2005 a 2007. Poemas esta vez, apuntalando su más cara afición; pues aunque es narrador, le atrae más la poesía. Y poemas que, aunque tratan temas muy recurrentes en Prieto, como el amor, como la espera, como la nostalgia, como el encuentro del mar como testigo de la desesperanza, como algunos temas sociales (curiosamente en minoría en esta selección), esta vez tienen como iteración absoluta el cansancio. El hastío, la percepción de que nada era en el fondo necesario, de que todo al final vino a ser lo que era casi sin intervención de una vida de esfuerzo.
Es cierto que razones íntimas pudieron hacer al autor afrontar la vida de un modo mucho más crítico, y ello se puede leer en “Entonces los dos”, “vendrá la lucha”, que son del 2007, pero antes de ellos, en “ha venido el mar”, por ejemplo, ya se percibe esta sensación de vacío, de impotencia, de cansancio.
Un libro lleno de belleza desolada, de apartamiento, de casi renuncia…en un tono casi de elegía.
Casi, porque el último poema de este libro se titula “Espera”, y mientras se puedan escribir estas palabras es que aún existe la esperanza.




Tengo el libro en mis manos y puedo constatar que algunos de sus poemas son de una belleza casi dolorosa, un grito de angustia…
Abrazos desde el mar.
Lola Bertrand
Gracias, Toñi.
Gracias, Lola.
Evidentemente existe un cansancio filosófico, pero existe también -sobre todo en La Herida del Monstruo- un dolor agudo y un miedo desesperado a que el amor se muera, que se torna esperanza y futuro.
Luis E. Prieto