Iasone Cañada: “Aventurarse”. Jeroni Mira: ” Diálogos con el no-nacido”
Aventurarse. Por Iasone Cañada
¿Podemos descubrir algo nuevo?
Tras escuchar un maravilloso concierto, mis pensamientos quedaron en ebullición mientras cenábamos…
Me preguntaba ¿cuanto hace que no se escribe una Sinfonía?
¿Cuanto hace que no se escribe algo nuevo y grandioso?
¿Cuanto hace que no se ha creado ningún instrumento musical?
¿Cuanto hace que la música se escribe en el pentagrama (occidental) de 5 líneas?
¿Cuanto hace que no hay ninguna nota o clave nueva?
Este pensamiento, trasladado a otros sectores de nuestra vida, me lleva a preguntarme lo mismo. Es cierto que la tecnología no para de reinventarse cada día, y que apenas somos conscientes de los grandes descubrimientos de antaño. Quizás sea el universo el único mundo que aún nos asombra verdaderamente… pero hablo de esa mayoría que no estamos ni entre telescopios ni mentes privilegiadas que se sumergen en las tecnologías ingeniosamente.
Hablo del resto del mundo. ¿Como miramos nuestro mundo cotidiano? ¿Con que estímulos y con que vértigo?
Parece que todo lo sabemos. Nos alcanza la información allá donde estemos. Todo lo que hay en el planeta que habitamos nos es conocido. Casi podríamos recorrerlo por completo a través del Google Earth.
Siento que el ser humano necesita el estimulo de “descubrir”. Arriesgarse en asuntos en los que cada fibra de nuestro ser se aventure e implique en lo desconocido. La aventura de estar viva. La aventura de saberse dueña de la vida y actos de una misma, elegir los caminos y elegir los destinos.
Mirando el mundo desde el corazón, sabiendo que lo que una misma elige para vivir no existe hasta el mismo instante en que lo vive.
Es la soledad del que arriesga en la vida todo, en cada momento elegido. Es ésa soledad, que sustraída de tanta información, se lanza a la aventura. Feliz y esplendida. Sabiéndose y midiéndose en su propia fuerza.
La magia de la vida nos es necesaria para vivirla intensamente. Y esa magia esta ahí. Crear nuestra vida sin límites, sabiendo que todo es posible. Sentirnos como un pentagrama en blanco, en el que iremos dibujando nuestra melodía, según el ritmo que nuestra propia aventura deje con sus notas en la tierra.
Cada una somos, así, la clave que convertirá al final nuestra vida, en la más grandiosa sinfonía.

Diálogos con el no-nacido Por: Jeroni Mira
El diálogo entre soporte-cabeza-codo-muñeca y mano
“En un principio fue la chispa primaria de luz, la que despierta y queda muy adentro. Y el “ser” vio que era bueno. El segundo día abrió los parpados y engendró con su mirada, entre luces y sombras, las formas; degustó por unos instantes el sabor de lo que aún no tenía nombre, se dijo: es curioso. Llegado el tercer día interactuó con los animales, las plantas, los objetos aparentemente inanimados, estrujó tierra y arena entre sus manos abriendo, como flores de un día, todos los sentidos, página a página, y se preguntó hasta dónde podía comunicarse con la ilusión de la existencia.”
“En un amplio espacio cúbico de seis lados, exento de toda presencia u objeto, aparecieron el soporte, los pinceles, las espátulas, los pigmentos, las resinas, la trementina, el óleo, la goma arábica, la cola de raspa de pez y huesos de conejo; frunció su entrecejo, sus pupilas se dilataron, sus hombros, antebrazos, codos, brazos, muñecas, manos y dedos vibraron, en el pecho se abría el loto de los dieciséis pétalos montado sobre rayos dorados de luz. Y sintió que era apetecible bailar entre la desnudez de lo que todavía no había sido clasificado. Así transcurrió el cuarto día y su noche colgada del ojo de la luna llena.”

( Esclat d´un ocell. Jeroni Mira)
En las bóvedas de su cráneo aletearon la palabra y una sonrisa, lo indescriptible del placer recobrado. Fue dicho:
-¿Qué sería de este día si no podemos regarlo con una sonrisa fresca y un poco de alegría?”
“Tras los velos de lo que en un principio, mucho tiempo atrás, fueron las cortinas protectoras, antecesores de los parpados, de sus ojos se encendieron fogatas, ciudades, cielos crepusculares, estrellas y planetas distantes. Ingirió las formas, la mente efectuó una personalizada digestión que, seguidamente, expulso mediante impulsos eléctricos que recorrieron desde el cerebro toda la médula, todas las terminales nerviosas, envolviendo las yugulares, el palpito esencial de acción, los hombros hasta alcanzar los dedos articulados, prensiles, versátiles, trasmitiendo todo el flujo de energía sobre pincel, espátula, paleta, color, soporte. Observó el resultado, y, ahí, en el quinto día quedo en un estado expectante, de aliento contenido.”
“Pasó gran parte del sexto día barruntando el “porqué” de todo lo dulce y lo agrio, de lo que permanecía arriba y de lo que quedaba abajo, de la distancia cromática que separaba el más puro negro del blanco. De nuevo el eco de sus zonas catedralicias estalló en un murmullo soterrado de átomos haciendo malabarismos, cobrando sonido y sentido, escuchó:
“-El cuadro “nada dirá” a nadie, en su pretendido diálogo con el observador, si el artista, a más de técnica, no ha sabido dejar algo del “sí mismo eterno” y de su experiencia vital sobre él.”
“Cientos de miles de monos treparon a las copas de su arbolada mente, saltando de liana en liana, de rama en rama, emitiendo, entre el canto de los pájaros, gritos que al final del séptimo día fueron una oleada de melodías.”




Realmente, queramos o no asumirlo, somos pentagramas en blanco, la “historia” da cada vida se escribe en el día a día, aferrarse a lo que creímos ser en el hacer, o a lo que la “otredad” creyó que eramos es una falacia que nos lleva a un sufrimiento inútil, yermo, sin posibilidad de dar frutos.
El tema da para mucho. Una de las últimas lecturas que tengo como habitual, desde hace meses, es le libro de Osho sobre la Creatividad y El libro de la vida y la muerte; aclaran muchos aspectos de este boceto que has trazado.
Disculpa, el anterior comentario hace alusión al escrito de Iasone Cañada.
Leer tu artículo ha sido como repetirme a mi misma algo que pienso cada día, Iasone. Así siento que me gustaría sentir cada día y cada momento de cada día. No siempre lo consigo,pero estoy en esa aventura. Me ha encantado encontrar una compañera de “aventura” en la revista. Ojalá logremos vivir esa sabiduria que tu apuntas en tu texto.
Vuestros comentarios me hacen sentir acompañada, no sólo en la “aventura” quincenal de Alenarte, sino en el de vivir cada día…gracias. Un gran abrazo!