En Memoria de Oteiza: Por Mireia. C. Zubiaurre/ Bajo el flamboyano:Por Iasone Cañada.
Construcción Vacía: Por Mireia. C. Zubiaurre.
“No es frustración lo que me produce, sino un impulso instintivo que me obliga a echar un paso hacia atrás como quien encuentra algo diferente”
Bajo el Flamboyano: Por Iasone Cañada Zorrilla
“Así podría sostener el dolor que en su cadencia infinita, atrapa el alma en telarañas impotentes“
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(Fotografía tomada del libro Ahora tengo que irme . Autor Jorge Oteiza. Ed Txalaparta)
Construcción Vacía
(En Recuerdo De Jorge Oteiza) por: Mireia C. Zubiaurre
Amparándome en la disculpa, me permito el lujo de homenajear a un artista, a un genio incomprendido al que no conozco en profundidad aunque sí lo suficiente como para continuar en mi empeño.
Tal desconocimiento lo encubro con respeto y admiración cuando no con desconcierto, pues no llego, no soy capaz de asumir todas sus reflexiones, y no es frustración lo que me produce, si no un impulso instintivo que me obliga a echar un paso hacia atrás como quien encuentra algo diferente y misterioso en su camino particular de aprendizaje.
Realidad esquiva se me vuelven sus palabras y sus obras, aún así se da la conexión en la observación de sus creaciones y el interés y la curiosidad intelectual están aseguradas. Será la sensibilidad que emana de “La Piedad“, sensibilidad que traspasa las formas mismas de la obra, convirtiéndose en sentimiento, en empatía con la madre que parece buscar con la mirada una respuesta, tal vez venganza. Será la extraña y a la vez cercana sensación que da la contemplación de esculturas como “Construcción Vacía“, que obligan a observar más allá de su estructura en equilibrio para intentar llegar a su comprensión. De nuevo la conexión inevitable y la irreverente curiosidad.
Sus más profundas inquietudes rompieron el marco de lo puramente escultórico para dejarse llevar por su amor a la patria que lo vio nacer. Atrayendo a su campo intelectual el eterno tema de lo vasco, buscó sus propias respuestas sobre un pueblo diferenciado con el que compartía desasosiegos vitales y miedos ancestrales. Y las encontró en lo más profundo de la historia de los tiempos desde donde reconoció el origen y explicación a sus dilemas antropológicos vascos. Con él, la palabra patriotismo adquirió un significado totalmente diferente; su arte hecho escultura fue un arte diferente.
Amo mi país profundamente
Me da rabia (mi país) profundamente
Lo conozco profundamente
Lo desconozco profundamente, le doy mi vida
Profundamente le doy mi muerte
Le doy todo lo que tengo más todavía
Le doy todo lo que no tengo, lo que no soy
Lo que no sabré nunca que soy
Lo que no llegaremos a saber nunca.
No me interesa tanto el dato biográfico ni tan siquiera los premios y galardones. Quizás asegurarme de que se le de un reconocimiento merecido, libre de críticas envenenadas, lanzadas a través de un campo de batalla en el que, obviamente, no ha existido ni existió la imprescindible conexión.
Arte y existencialismo. La búsqueda del sosiego interno no siempre recuperado, solo apaciguado con el logro nada desdeñable del equilibrio entre fuerzas. Vacío existencial. Crómlech.
Jorge Oteiza, nacido en la localidad costera de Orio, murió hace ahora casi 5 años.
La conexión que aún se produce no me empuja a su comprensión absoluta, tal vez por miedo a que aquella se racionalice en exceso y acabe por desaparecer. Mientras, continúo con el cauteloso acercamiento.
Bajo el Flamboyano. Por: Iasone Cañada Zorrilla
Se abren las ramas finas y verdes creando un espacio acogedor y luminoso en el jardín. Son atardeceres alargándose en conversaciones, que con el paso de los minutos y horas, acaban siendo más intimas y profundas… momentos que me permiten llegar a conocer de otra manera a los seres que habitualmente me rodean.
Sin darnos cuenta, en ésa manera entrañable de estar juntos/as, hablamos desde los rincones de una misma que suelen estar en alerta permanente. Cautamente protegidos.
Se despliega el alma en los instantes de paz, como las ramas del flamboyano, hablando de lo no resuelto, de lo que quedó inacabado, de lo que aún guarda un recuerdo, que enraizado en el ser, siempre late, siempre sugiere, siempre lo impregna todo, dejando a veces los días y noches, sin descanso.
Cuando siento así el dolor de otro ser, me gustaría ser como éste tronco. Fuerte, profundamente anclado en la tierra, rebosante de vida y frescura. Un tronco capaz de sostener cualquier cosa… su follaje, su color, pájaros, luces de sol y luna… así podría sostener el dolor que en su cadencia infinita, atrapa el alma en telarañas impotentes. Como éstas verdes hojas, que parecen guardar la luz del cielo entre sus dibujos… pondría en el ritmo del dolor su suave caricia…
El dolor no sabría que hacer, sino diluirse en la belleza y amor que llegando a la misma frecuencia del alma, lo transforma todo.
Son la últimas luces, atardece suave… la mirada perdida en el horizonte y ese silencio que parece llegar a la vez a la tierra y a nuestro ser… sólo quedan los pájaros de la noche y nuestra sonrisa interior, de saberse, a pesar de todo, tan queridos/as.




¿ves? lo importante es la sonrisa…y el ser querido por los que lo hacen en silencio, aunque lo digan raras veces.El éxito de la vida.Felicidades.