Alenarte

Revista de actualidad cultural y artística

Jardines de la Antigüedad: Roma. Por: Virginia Seguí Collar

Según la leyenda, en el año 753 a. C. Rómulo y Remo fundaron la ciudad de Roma, dándose  así inicio a la historia de un pueblo que consiguió el dominio del mundo conocido; el proceso, está convencionalmente dividido en tres grandes etapas o fases de evolución a través de las cuales una monarquía, inicialmente centrada en la península itálica, se transformará en un vasto imperio dominador de otros muchos pueblos: La Monarquía (753-510ª.C.); La República (509-27 a. C.) y el Imperio (27 a. C. – 330 d. C.). Si consideráramos la amplitud del proceso temporal, así como la espacial vinculada a la diversidad geográfica del Imperio, tendremos claras las dificultares que presenta un estudio de algo que intentamos constreñir en el concepto de: jardín romano.

Empezaremos centrándonos en el estudio de jardines en la propia Roma y en otras ciudades de la península Itálica en las que, mediante excavaciones arqueológicas, hayan permitido a los expertos establecer hipótesis u obtener certezas de la existencia de jardines.

Originariamente, Roma, es el producto de la unión de varias tribus latinas que habían ido asentándose en los siete montículos o colinas que circundaban el valle o depresión por el que transcurre el cauce del Tiber, desde estas siete colinas las diferentes tribus fueron extendiéndose hasta llegar a fundirse en el área central formando la ciudad de Roma. La difícil orografía de la zona y sus antecedentes pantanosos dieron problemas a sus habitantes y requirieron la intervención de arquitectos y urbanistas desde los primeros tiempos del asentamiento. La ciudad, con el transcurso del tiempo fue desarrollándose y sufriendo transformaciones para adaptarse al crecimiento de la población y a las diferentes visicitudes históricas. El plano esquemático que presentamos permite apreciarlo, los expertos indican que cuando se construyó la denominada Muralla de Aureliano (272-280 d. C) como defensa de la invasión de los bárbaros, la ciudad comprendía en total 1386 hectáreas de las cuales 24 estaban destinadas a jardines.  (Fig. 1)

 (Plano de Roma. Fig 1)

 

 

Debió pasar cierto tiempo para que estos primeros habitantes de Roma se plantearan crear un jardín conceptualmente similar al actual. El lenguaje nos ayuda a aclarar esta cuestión ya que el significado del término: hortus, con el que los romanos denominaban el jardín se refiere en realidad al recinto o cercado que enmarcaba las dos yugadas de terreno que cada familia poseía en propiedad. Pero sus creencias hicieron que este espacio se desarrollara y fuera habitual en las casas romanas, los Lares eran para los romanos los protectores de ellos mismos y de sus bienes más queridos: el hogar y el heredium o jardín productivo; y en este sentido el testimonio de Plinio el Viejo, en su Historia Natural, menciona que los únicos lugares que se utilizan para desviar el mal de ojo son: el hogar y el jardín y que estos últimos eran el campo de los pobres siendo cuidados por la madre de familia. Catón hablaba del jardín en estos términos: “Los campesinos de antaño estimaban que una madre de familia no valía nada en una casa, cuando el jardín estaba abandonado“.Otros autores, como Plauto, consideraban el jardín bajo la protección de Venus. Los ciudadanos romanos tuvieron siempre presente su procedencia y los beneficios de obtener ciertos productos de primera necesidad de sus propiedades y, de una manera o de otra, procuraron tener siempre un jardín productivo o de despensa que les permitiera sobrevivir en tiempos difíciles. Las excavaciones arqueológicas así lo demuestran.

Los datos que actualmente poseemos sobre la tipología de las casas romanas son innumerables, los mejores ejemplos de época preimperial los encontramos en ciudades como Roma, Ostia o Pompeya. Tanto Vitrubio como Varron han descrito el modelo y estudiado sus variantes, habiéndolo tipificado en lo que se conoce como: Domus romana, en la que habitualmente existe un espacio dedicado a jardín. (Fig. 2)

(Domus Romana. Fig 2)

 

 

Este modelo con el tiempo y el crecimiento de las ciudades fue complicándose produciéndose un crecimiento en altura, aunque las dificultades técnicas de construcción no permitieron superar los 21 m, dato que nos permite inferir la existencia de cuatro o cinco pisos cómo máximo, el grosor de los cimientos y de los muros del primer piso indican las alturas existentes, las recreaciones de estas ciudades en maquetas o dibujos permiten hacernos una idea de su morfología. (Fig. 3)

 

En las ciudades las casas, normalmente, se alineaban en hileras de idéntico diseño y presumiblemente idéntica altura, existiendo a intervalos estrechos callejones cubiertos (angiportus), se eliminaron algunas de las habitaciones tradicionales que, en altura dejaban de tener sentido, como el tablinum. No eran infrecuentes los patios largos, estrechos y paralelos a la calle situados detrás de la línea de casas ni los pequeños patios interiores adornados frecuentemente con plantas y fuentes. (Fig. 4)

(Ciudad recreada en maqueta. Fig. 3)  ( Maqueta de Roma. Fig. 4)

 

 

Además de estos jardines solaz de los ciudadanos mas desfavorecidos, en Roma existieron famosos jardines, asociados ya con personajes vinculados al poder político y/o económico.  Uno de los más célebres fue el de Lucio Licinio Lúculo que construyó su villa en Roma, en la zona del Pincio, sus jardines fueron conocidos como Horti Luculliani y se extendían por el declive en el que hoy día se sitúa la escalinata española y la Villa Borghese, el grabado que el arquitecto Pirro Ligorio realizó, en 1561, sobre la Roma Antica nos permite visualizarlo.( Fig. 5)

(Grabado de Pirro Ligorio. Fig 5)

 

 (Fresco  Villa Livia. Prima Porta. Fig. 6 )

(Fragmento del Fresco de la Casa Brazalete. Pompeya. Fig 7)   (Frescos Casa de Campo Boscoreale.Fig.8)

 

 

 

El antiguo hortum había pasado a ser el vidriarium, jardín compuesto por plantas ornamentales, además de las necesarias para las ofrendas; también se incluían fuentes y balaustradas rematadas por hermas para sostener stilopinakia o pequeños cuadros de mármol de imágenes femeninas identificadas como ménades; el espacio se organizaba mediante celosías. Gracias a representaciones de la pintura romana, clasificadas como del segundo estilo arquitectónico podemos conocer su morfología y visualizarla en los frescos existentes en algunas de las habitaciones de casas romanas y pompeyanas, en los que aparecen representaciones de jardines. Destacan los de la Villa de Livia en Prima Porta, los de la Casa del Brazalete en Pompeya o los de una Casa de campo en Boscoreale, que nos permiten apreciar su frondosa vegetación ya la disposición de los diferentes elementos. Dentro de este mismo estilo de pintura podemos encuadrar los frescos de la Casa de campo de Boscoreale. (Fig. 6, 7 y 8   )

Desde finales de la época republicana y sobre todo a partir de la Imperial el desarrollo y las conquistas efectuadas por los romanos conllevó su entrada en contacto con las culturas preexistentes de los lugares que iban colonizando y en los que se instalaban, creando campamentos que luego se convertían en ciudades cuya morfología no quedó exenta de influencias autóctonas gracias al proceso de sincretismo propio de este tipo de relaciones que acabó diversificando y sofisticando sus gustos. Las culturas, griega, egipcia, mesopotámica, púnica, etc. fueron dejando su poso en la romana, dando numerosas variables a la tipología de sus casas y jardines. Una de las influencias más significativas, en esta época, respecto a nuestro estudio fue el helenismo; esta última fase de la cultura griega había desarrollado el jardín griego al máximo haciéndole evolucionar hacia formas lujosas y exóticas; y los ejemplos existentes en las villas helenísticas se convirtieron en el modelo ideal y muy adecuado para los gustos romanos bajo las nuevas condiciones sociopolíticas del imperio.

Las villas suburbanas habían ido haciéndose cada vez más frecuentes, guardando cierto parecido con el tipo más lujoso de Domus urbana, aunque a veces carecía de atrio o aparecía muy modificado; el núcleo principal de la casa era un amplio peristilo en torno al cual se agrupan las habitaciones principales, a menudo en forma desordenada. Adosada a la cual existía, normalmente, adosado un gran jardín peristilar; de este tipo era el palacio de Domiciano en el Palatino; las estancias se agrupaban alrededor de un peristilo y había además otras dos zonas con peristilo: una, el gran jardín que ya hemos mencionado, entre el salón del trono y el triclinio, y la otra un jardín privado a nivel inferior con un extremo curvo, el llamado stadium del Palatino, que queda detrás de las estancias privadas de éste. La reproducción encontrada en la Villa de Marco Lucrezio, en Pompeya, nos permite visualizar un modelo de Villa con pórticos, que se enmarca en un espacio o recinto ajardinado. (Fig. 9)

(Reproducción de jardín. Casa de Marco Lucrezio.Pompeya. Fig. 9)

 

 

Dentro de las villas, quizás, la más significativas sea la Villa de Adriano, en Tivoli, que ejemplifica el modelo en todo su esplendor, hay que considerar que estamos ante una villa construida para un emperador; sus diferentes elementos, van tomando nombres de famosas ciudades y santuarios de su imperio, visitadas por en sus viajes, y que sus arquitectos intentarán reconstruir de manera que el itinerario se convierta en una visita asequible en un deambular normal para cualquiera de sus residentes o visitantes. (Fig. 10)

(Plano de los jardines Villa Adriano. Fig . 10) (Alberca Central y columnata.Villa Adriano. Fig. 11)

 

 

 

La Piazza d’Oro era dentro del conjunto un bloque independiente en la zona sur del Gran Palacio, quedaba separada del resto de edificios por un enorme jardín rodeado por una columnata de un solo orden, con una hilera interior de columnas, al modo de una stoa griega, columnata que en su exterior se extendía en corredores cubiertos por bóvedas de crucería. Los arquitectos que actuaron en la villa tuvieron gran libertad de actuación y crearon espacios conceptualmente sofisticados y de gran efectividad que fueron, en cierto modo, inspiración para artistas posteriores.  (Fig. 11)

Viernes, 28 Septiembre, 2007 Publicado por alenar | ImagoArte | | 4 comentarios

Peliculeros y cineastas: Problemas del cine en España

Hola amigos, ¿cómo están? Yo, como siempre, con ganas de contarles historias. Hoy vengo con un tema muy calentito con el cual espero saber sus opiniones… En una conversación sobre cine, después de haber visto una película española que próximamente recomendaré porque no tiene desperdicio, salió el tema del cine español y a mí me pareció asunto para plantear en esta Revista y a mis lectores: la situación del cine en España (enfermedad extensible a cualquier país) en toda su amplitud. Es decir: desde que el joven comienza a soñar en meterse en ese mundo tan onírico como fascinante, hasta que una película llega a la gran pantalla.

No soy ninguna experta del mercado cinematográfico, ya lo saben, y todo lo que voy a decir me lo dicta el sentido común, que vaya por delante…

 

Los comienzos de cualquier muchacho/a a ese mundillo son despistados. Primero, son tan jóvenes que pocos tienen una idea clara de cómo desean pasar el resto de su futuro y, claro, muchos caen en el camino; normal, rectificar es de sabios. Otros, los que se empeñan, ven sus sueños  un tanto coartados: los padres les miran como bichos raros ya que han dilucidado para sus hijos un futuro prometedor como médico, abogado o como fontanero; nunca como un cineasta.

Superada la barrera se van a pasar tres años a la universidad pública donde hay excelentes profesores, pero las prácticas se ven muy empobrecidas. ¿Por qué? No tienen medios suficientes para que los chicos aprendan no sólo la teoría, sino con lo que de verdad se hace visible los conocimientos aprendidos: la práctica.

Los jóvenes con suerte, quizá sus padres, les puedan pagar una escuela privada de renombre donde sí priman los ejercicios y destrezas adquiridos, y el número de alumnos es mucho más reducido, con lo que se puede aprender más y mejor. Eso sí: a los papás les cuesta un ojo o dos y hasta tres… De esto, tengo mucha experiencia, amigos.

Cuando terminan, lo mejor es hacer un master, ¡qué vergüenza!, hay que empeñarse casi como cuando te vas a comprar una casa para pagar esas especializaciones que están tan de moda. Hoy no te comes un colín si no tienes uno o dos. En las empresas más boyantes puntúan altísimo estos conocimientos… Pero si el chico no tiene el maravilloso master de turno porque no tiene dinero para pagarlo, ¿qué hace? Dedicarse a lo primero que salga.

Hasta aquí, la película de los inicios es para todos igual; da igual que seas ingeniero, bombero o cineasta. Muchos tienen que irse al extranjero para hacer realidad su sueño; eso lo sabemos todos y, sólo unos pocos, poquísimos, volverán a casa triunfantes (caso Tamara Rojo, Penélope Cruz…)

Yo, por esto, no me alarmo, de verdad se lo digo; es triste, sí, pero a los chavales les hace madurar, dar valor a ese amor que les ha arrastrado fronteras en busca de un sueño. Incluso, si me apuran, el intercambio cultural les enriquece sobremanera para tratar su carrera con el desvelo y el respeto de un verdadero profesional que sabe lo que tiene entre sus manos.

En las universidades de artes cinematográficas y escénicas no hay una plaga de estudiantes como en derecho, es cierto. Es un grupo minorista pero, aún siendo pocos, no todos valdrán, tampoco nos engañemos, sólo triunfarán unos pocos, muy pocos (ahí tenemos a nuestro genio Amenabar) Muchos se llevan las manos a la cabeza “no tienen ayudas”… Que no, que ése no es el problema de nuestro cine.

Con todos mis respetos a directores y actores míticos: a mí el cine español me parece un tostón y, para remate, malo.

El cine, Señores, es un negocio, primera verdad irrefutable. Son las productoras quienes parten el bacalao y ofrecen lo que el espectador quiere aunque sea de mal gusto (caso de “Torrente”)… ¿Qué pasa con los escritores, pintores, modistos etc.? O tienes un pirado que le sobran los millones y te financia, o un loco mecenas que te apoya… O, un padrino que vele por un supuesto pitagorín. Digo lo de supuesto porque es probable que no valga un pito, pero como es “hijo de”, pues le ponen en bandeja los medios necesarios… Pero, amigos, estos pasa, por desgracia, en todos los terrenos de la vida; segunda verdad irrefutable.

El tercer mal de nuestro cine y, aquí sí que meto el dedo en la llaga, es la panda de snob que van de progres y que no saben nada del respeto y la tolerancia. Que transitan de intelectuales -un momento que me sonrojo porque siento vergüenza ajena- y apenas saben quién es Lope de Vega. De Cervantes, algo, porque mola mucho ir a leer en el día del libro ante las cámaras algún párrafo. Muchos no tienen ni los estudios elementales, ni siquiera saben lo qué es España pero, ¡ojo! se ven iluminados por una gracia divina para sentar cátedra ante estupefactos oyentes… Permítanme que dude de la responsabilidad de su trabajo y que piense convencida que lo único que les mueve es el calorcito de las monedas en su bolsillo.

Y, aunque he dicho que no me gusta el cine español, sí afirmo que me gusta el otro cine español, ése que, quizá, seguro, no sale en el papel couché vestido de Dior con estola de visón (dirán que es artificial; no es progre matar animalitos de esa índole), que no andan de defensores del ciudadano de a pié, ese que se levanta a las seis de la mañana para subirse a un andamio y, así, sacar la familia “p’alante” No, no son esos señores/ as que se les llena la boca con decir que pertenecen al séptimo arte, que se pasan el día pidiendo subvenciones y mezclando, como dicen en mi tierra, churras con merinas.

El verdadero intelectual de una pantalla a punto de iluminar el embrujo que produce dar vida a una historia hecha de miles de frecuencias fotográficas, camina de puntillas hablando bajo, esmera su palabra por mostrar su amor al cine de verdad, que conversa y dialoga para dar a conocer sus conocimientos y, así, encender la llama a jóvenes que emprenden el duro camino que ellos mismos hicieron  muchos años atrás, sea de director, guionista, actor… Lo demás, amigos, es hablar se sublimes falacias y ése es el terrible duelo que esgrime el cine español: sólo hay focos y alfombra roja para aquellos que bailan las aguas turbulentas de los altos estamentos, esos que manejan nuestros impuestos para dárselos a quien les dé la gana… Y van de progres… Me pregunto, ¿no seré yo la progre y ellos los capitalistas?

Estoy harta del cine burdo cuyo recurso son escenas de cama más largas que un día sin pan. De historias, tan retorcidas, que salgo del cine con dolor de tripa. Del chiste fácil y soez, de las tetas de la musa de turno que las muestra hasta el aburrimiento… Ése no es mi cine.

Quiero miles de Garcis, Amenabar, Bielinskys, Berlangas  diminutos, que se les apoye para que nos estremezcamos de placer, sintamos el orgullo patrio de que este chico es de mi tierra, que nos enseñen lo bonito que puede llegar a ser el cine español… Vayan, que vayan, ¡leñe!, y vean cómo trabajan en Argentina que da gusto ver sus películas llenas de encanto, ternura, realidad y entretenimiento… Mientras, seguiré esperando el milagro de Petinto y, por favor, no me cuenten lo malito que esta el cine español. Son los que hacen ese cine los culpables de que le suba la fiebre, que sea incomprendido y maltratado. Pero, a mí, que no me obliguen a ver lo que no me gusta; ya bastante tengo con saber que mis impuestos van a bolsillos no deseados…, mientras mis Amenabar y Garcis diminutos no brillan porque no hay ayudas para ellos.

¡Hasta dentro de quince días, amigos!

Maria Ángeles Cantalapiedra.

 

 

Viernes, 28 Septiembre, 2007 Publicado por alenar | Cinema Alenarte | | 5 comentarios

Jerónimo Mira: el ciclo se abre.

 ( Fotografía en Pasado. 1985)

Viene a Referencias un pintor que ya nos visitó. Y regresa porque anda en vueltas y revueltas de caminos, de senderos nuevos y de posibilidades a cumplir; y en esas  anda cuando ha empezado a cerrar o a abrir ciclos con una recopilación de momento solo privada de su obra realizada hasta la fecha.

El título que Jerónimo Mira le ha dado a esta recopilación es significativo: “Telas, cartones y papeles del 85 al 2007″.

Es toda una muestra que abarca  más de veinte años de trabajo la mayor parte de las veces silencioso y -todo hay que decirlo- muchas veces ninguneado por quienes se creen en autoridad de decidir qué es arte y qué no lo es.

A Jerónimo Mira no se le ha reconocido que es uno de los creadores más inteligentes de este país porque es un heterodoxo, y eso, claro, está muy mal. Cuando uno se dedica al arte y no a otorgar parabienes, ni a aplaudir actuaciones poco éticas aunque muy comerciales, ocurre a menudo que se condena al silencio  al artista.

Pero el artista lo sigue siendo por muy mal que les siente a los oficiales detentadores del silloncito de turno.

Y por eso está aquí hoy.

En Jerónimo Mira se instalan eclecticismos de tendencias tanto vanguardistas como figurativistas- lo cual no quiere decir que a estas alturas de la película el figurativismo no sea vanguardia- y una serie de temas que jalonan su obra; el tema de la mujer en su aspecto de misterio, de luz, de búsqueda, el tema del Tiempo como desgarro, el tema de lo cotidiano insertado en lo insólito como sobresalto, y sobre todo el tema del color como signo propiamente dicho.

Para Jerónimo Mira el color significa siempre. Muy a menudo los signos de sus cuadros son pinceladas de matices cromáticos. El rojo, el negro, el violeta y el gris por ejemplo, le sirven para indicar no solo estados anímicos- a menudo sus cuadros mucho mas que un “tema” lo que narran es un “estado del ser”- sino el paso del tiempo o la duración del sentimiento.

Hemos elegido del catálogo varias muestras que abarcan también esa temporalidad en su obra para resaltar la durabilidad – y no es paradoja- de la misma.

Que la disfruten.

 ( Paisaje imaginario. Los Días y las noches ( Peixos abissals. 2007)

 

(Simplemente amanece. 2007) 

Viernes, 28 Septiembre, 2007 Publicado por alenar | Referencias.... | | 7 comentarios

Silencios

Tomás Martín, 10-09-07

“Escribir es vivir”, dice el profesor José Luis Sampedro. Y escribir contracorriente es como morir un poco, afirmo yo desde esta atalaya de escribidor aficionado que me brinda quincenalmente la editora de ALENARTE. Y también desde esta atalaya suelo otear el páramo de la política nacional, quizá a contraestilo en un espacio que habla de literatura y de arte, lo que les habrá llevado a ustedes a pensar qué hago yo aquí usurpando el lugar que debería ocupar alguien preocupado y ocupado en estas materias.

Sí, me gusta escribir contracorriente, escarbar en la historia de este país, historia que por desconocida es ignorada por unos y arrinconada por otros. Sucede con la memoria histórica, con la Transición, con la resucitada idea de las dos Españas; con los nacionalismos, central y periféricos; con la inmigración; sucede con mi generación, mitad aburguesada, mitad costumbrista, una generación hastiada, cansada, agotada, contagiada quizá por melancólico texto que Araceli García dejó aquí hace unos días, Palabras inútiles, con estos tan rotundos como significativos vocablos: supervivencia, huida, cansancio.

No era este el texto previsto para hoy, para un lunes de septiembre con el verano anímico caduco esperando la llegada del otoño. El previsto versaba sobre convicciones, creencias, mitos, simbología de banderas e himnos y cómplices silencios aburguesados, guardados a conciencia por aquello del no molestar, por aquello del “no va conmigo”. La culpa es de Enrique Vila Matas y su entrevista concedida al diario El País, donde esta su contundente frase me obligó a cambiar el discurso: “Soy un explorador de mi propio abismo” Y yo me pregunto hasta donde uno explora su propio abismo en esta sociedad que convierte en reality show la desaparición de una niña inglesa en tierras portuguesas, alimentándose del morbo que le sirven en directo algunas cadenas de televisión. En la entrevista a Vila Matas, el periodista pregunta: “La vida cultural y artística es definida como ‘una carrera enloquecida hacia la nada’…”, pregunta a la que el escritor responde: “El arte también da sentido a la vida… Aquí lo preocupante es la ausencia de pensamiento y de que no se escucha a la intelligentsia desde hace un siglo, cuya voz no es tomada en consideración por nadie. A nadie hoy le interesa que le expliquen las cosas que no comprende o sabe. De ahí su ausencia”. “¿Quién es el culpable?”, insiste el periodista. La respuesta es contundente: “El poder. Y esas clases sociales que son víctimas del poder y de esa educación nula que se hace desde arriba para dar seres nulos que tampoco, claro, están interesadas en la palabra de la persona que piensa. Todo eso conduce a los intelectuales a ser muy minoritarios y a algunos a intentar aventuras como las plataformas políticas para escapar de su nulo papel como intelectuales, pero son aventuras condenadas al fracaso. Por eso esta ausencia de élites intelectuales que dirijan los países”. Prosigue el entrevistador: “O, quizá, porque tampoco hay tantos intelectuales que sepan leer bien el mundo de hoy”. Concluye el entrevistado: “Eso es más resultado de que se ha separado, desde hace un siglo, poder y pensamiento. Eso conduce hacia la nada, es la nada misma”.

Reflexiono sobre lo afirmado por Vila Matas y lo hago aquí, en una revista literaria. Viene a mi memoria La inteligencia fracasada, de Eduardo Marina, y no puedo por menos que acordarme de “las sociedades inteligentes” y “las sociedades estúpidas”. Y ahora viene la gran pregunta: A la vista de los acontecimientos, ¿en que tipo de sociedad ubicamos a la española? La portada de muchos periódicos y la cabecera de cualquier informativo de las televisiones que baten records de audiencia con la tele basura, pueden sacarnos de dudas. Son suficientemente elocuentes.

Lunes, 10 Septiembre, 2007 Publicado por alenar | La opinión de Tomás Martín | | 2 comentarios