Ponga “un final feliz” en su vida…
Se planteó entre varios escritores un debate a cuenta de un escrito en el que alguien preguntó si no era posible escribir un “final feliz”.
Alenarte consideró oportuno plantear las siguientes preguntas a un grupo de creadores, tanto de narraciones, como de cuentos, novela o poesía.
”Qué es eso de un “final feliz” en una narración para vosotros, si es que existe; y si pensáis que escribir un ”final feliz” es lícito literariamente, o se traiciona la verosimilitud… ¿Existe de verdad lo que llamamos Un final feliz en literatura, es lícito, es un engaño literario, es verosímil?…”
Estas fueron las respuestas de un diálogo enriquecedor y, a menudo divertido.
Adalberto Beca.
Sobre todo está la libertad del autor. Eso se debe respetar. Pero la vida no es color de rosa, los matices son varios, como varios los gustos de las personas.
Ocurre (pienso en gran medida), que Hollywood nos acostumbró a los finales felices.
Se de directores argentinos que tuvieron la posibilidad de filmar allí y no lo hicieron porque el final del film lo “acomodan” ellos.
De todas maneras, el lector es el que tiene la última palabra.
Por último, creo que es lícito literariamente escribir un “final feliz”, no veo traición en eso.
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Lola Bertrand
No existen los finales felices, puedes terminar en un “instante feliz” pero si sigues adelante te vas a encontrar con la muerte, a mí me gusta que mueran mis protagonistas; ”los buenos y los malos”, pero especialmente los buenos…Y, al menos en el final yo soy mi personaje.
Borja de Diego Lozano.
Se han puesto de moda los finales felices. Tras un tiroteo, una persecución en coche y muchos tiros, el nene guapo consigue saltar del barco del terror o salir ileso de la base de los malos. La gente aplaude y yo, en el cine, me aburro. Tal vez por eso vibré de verdad con “Salvador” o me guste tanto Scorsese (¿soy el único en este país al que le gustó “Infiltrados”?.
Pero, los finales felices, para empezar, son tópicos. Y los tópicos cansan. Aburren mucho, porque sabes cómo va a acabar todo. Y lo que es la intriga, se la carga del tirón.
Luego, son facilones. Porque la vida no es fácil, ni nada es fácil, y todo acaba en tragedia (nos morimos). Por lo menos. Y un personaje, que tiene menos vida que nosotros, no puede acabar mejor que un ser de carne y hueso. Y al que encima, no han creado con un cacho de lápiz.
Por último, voy a joder el final de una película de Robin Williams cuyo título no recuerdo, pero que iba de un judío en un campo de concentración que para subir la moral de sus compañeros dice que tiene una radio y escucha cada noche cómo ganan las batallas los americanos. Y que por supuesto, es mentira. El caso es que la mentira del judío se descubre como a mitad de la película y, al final, los meten a todos en un camión y se los llevan a dios sabe dónde. Y dice Robin que ahí podría acabar la historia, pero que también podría ser que ese camión se encontrara con los ejércitos rusos que habían iniciado la carrera hacia Berlín, que se hubieran apoderado de él y liberado a los presos judíos.
¿Por qué todo esto? Porque si la princesa se casa con el príncipe encantador, se limpian los calzoncillos durante treinta años, follan hasta que se les acaba la magia y acaban cogiéndose amor de sapo. Y se divorcian, y luego se pelean por la casa, el coche, los niños y hasta la mierda del suelo.
Sin embargo, un final en que un chico espera para siempre en una estación a una chica, o dos se despiden, o alguien desaparece bajo la ira de una tormenta da lugar a la expectación de verdad. Aquí la historia se muere, se cae por un barranco. Y ahora no sabemos qué será del pobre Jack, o la pequeña Sally, o el intrépido Billy. Puede que vuelvan a encontrarse, alguien vuelve a casa, alguien perdona a alguien. La historia sigue aún después de muerta. Resucita sin sacarla del sepulcro. Y eso, a mí me anima de verdad. Y me hace creer en la literatura.
Luci Garcés
Tú puedes escribir el final que desees, y como es tu obra pues es así como debe quedar. Pero el lector es el que objeta y cambia, mientras lee el final, o cuando recapacita sobre él, según sus gustos.
Belén Pérez de Prado
Si por final feliz se entiende “y fueron felices y comieron perdices”, pues va a ser que no.
Finales felices preguntas; Finales Reales contesto (con toda su compleja sencillez o su sencilla complejidad).
Yo creo que a través de lo que escribimos tenemos justamente la ocasión de cuestionar, remover, tocar temas para que el presunto lector se pregunte, se indague, se cuestione, abra ojos a realidades nuevas, amplíe horizontes.
Creo en el papel testimonial de lo escrito, me gusta mucho cuando en un escrito leo la responsabilidad del Yo, o como mucho un ella/él impersonal en el que poder identificarme.
Me gustan los escritos cortos, en primera persona, directos, con finales abiertos o cerrados, finales con matices agridulces ,finales que me cuestionan o ratifican elecciones. Me gusta cuando el autor se deja ver entre las líneas, me parece una maravilla poder contar con el lujo de que alguien hable de cómo percibe el mundo, el propio y el de los demás desde sí mismo y sin caer en el desahogo de contar el novelón. Si se me “cae” el autor, si con sus hechos desdice lo escrito, me cuesta muchísimo levantar su obra.”
Emma Rodríguez
Yo pienso que en el momento que construimos un personaje y le dotamos de vida, sentimientos, ideas (con mejor o peor acierto, por supuesto, eso depende de la pericia del autor) características etc., hay que dejarle que sea él mismo el que desarrolle su historia, nosotros somos sólo el instrumento imprescindible para que siga existiendo, pero no nos podemos empeñar en que haga esto o aquello porque la historia puede perder credibilidad. Es como la vida misma, una se propone una cosa pero no siempre se puede llevar a cabo la propuesta.
Con los personajes pasa lo mismo hay que dejarles libres, una vez que te los has inventado ya no hablas tu, hablan ellos por sí mismos y hay que dejarlos escoger y que se hagan dueños de su destino. Entonces partiendo de eso, lo que para mí puede ser un final puede no serlo para los personajes, o para el protagonista, o para la misma historia, en cambio si el personaje quiere morirse a toda costa, no sé, por ejemplo porque tiene una enfermedad y sabe que va a sufrir mucho y prefiere morirse antes de que llegue la decadencia final y los terribles dolores, pues a lo mejor para el escritor o lector un final feliz podría ser una especie de milagro que de repente se estancara por el invento de una nueva medicina. Sin embargo para el personaje que ya no quiere vivir el suicidio o un simple accidente mortal para él podría ser el mejor final, o sea, el más feliz de los finales.





Ups, pues lo dicho: ¡Ay, señor… Lo que hay que oír…!
Emma Rosa
¡Gran revista!
Un final feliz es muy poco introspectivo , acoustumbre leer 2 horas diarias y he devorado un buen de libros y creeo q aun los finales felices te dejan contento a alentado en la vida , no es para mi una inspiracion , lo real , la tragedia , lo inexorable como la muerte siempre debe acompañarrse de un buen fin.
por q todo final tiene un principio debe de tener una muerte…un fin…!