Alenarte

Revista de actualidad cultural y artística

Textos Creativos de Adalberto Beca, Luis de Diego, Rafael Romero.

 Nuestra última noche. Por Adalberto Beca

Es nuestra noche,

 nuestra última noche;

Mañana solo será recuerdo.

Las soledades que hieren

Los  sueños con gusto a fracaso

Serán mañana.

La penumbra nos encuentra unidos…

La pasión desata su furia,

nuestros cuerpos

como presagiando el fin

Se entregan al último juego,

sin respiros;

saben que el pasaje no tiene retorno…

Tu desnudez convoca  mis instintos primarios

mis brazos te abrazan

mi ser busca refugio entre tus muslos,

recorre ese canal de aguas agitadas

en busca de ese lugar mágico

Si, allí estás tú…

Abierta,

como flor que ofrece su néctar,

regalas ese manjar,

que tantas veces me ha saciado

y que mi boca absorbe con placer

Me vuelvo a perder,

esta vez en tus caderas

que encastran con fina justeza

en mi cuerpo

Como brioso guerrero

mi lanza arremete sin piedad…

tu carne recibe la estocada

y cual taurino animal

embiste con fuerza.

Oigo gritos…

No hay dolor

No hay sangre

No hay muerte…

Solo placer:

Hay vida…

¡No!:

Me dices,

No te detengas…

Hiéreme las profundidades,

Hazme trepar con tus ansias…

Veo la cima.

Si,

Así…

Ahora es el momento.

Vislumbro la cúspide…

Así…

La cima acumula ríos.

Es nuestra noche .

Nuestra última noche…

Mañana seremos sombras

Nada más que sombras

Como la oscuridad de la noche.

ya no tendré la claridad de tu mirada…

MEMORIA DEL OLVIDO . Por: Luís de Diego Aguila

La mejor memoria
es la del olvido
ese que no comparte
el dolor de la herida
putrefacta y sangrante.
Del olvido se aprende
para no repetir errores
que siempre repetimos
y nunca olvidamos.
La memoria del olvido
es aquella que recuerda
eso momentos felices
sin olvidar las nubes
sombrías y tormentosas
que acosan las vidas
y acosan los corazones
asolando las risas
y quemando las lagrimas.
Son memorias tenebrosas
de olvidos agradecidos
para poder pasar páginas
que nos dejen
escribir otras historias,
mejores, más alegres,
que no dejen huellas
ni cicatrices visibles
que no dejen olvidar
a la memoria del olvido.

EL CUERVO Y LA ZORRA (RELOADED). Por: Rafael Romero

Había una vez un Cuervo que, aburrido ante la monotonía de la campiña e influido por los rumores de una eventual escasez de alimentos, decidió marcharse a la ciudad a ver si podía entretenerse un poco y cambiar de aires. Un viernes, al terminar de invadir algunos maizales y llenarse el buche, voló en busca de la urbe. Allí pasó el fin de semana; entre inquieto y asombrado, con las patas tensas y nerviosas, viéndolo todo desde las peladas copas de los escasos árboles, sin atreverse a integrarse a la vida citadina, excepto la vez que le apeteció abusar de una inocente paloma que se alejaba del grupo en una plaza. Como no podía volver así como así, sin dejar huella de su paso, el domingo, antes de su vuelta, se coló en una charcutería. En un descuido de los dueños, hincó su pico en un trozo de lomo y echó a volar como pudo. En el aire quedaron los chillidos de la gente y un par de plumas que perdió al rozar contra el marco de la ventana.

 

     Cansado por el trajín del viaje, con el pescuezo dormido y casi sin fuerzas para seguir sosteniendo el tesoro que llevaba en su pico, se vio obligado a posarse en un naranjo, a medio kilómetro de su nido. Pero el peso del botín y un leve resbalón a causa de la casi nula energía que tenía en una de sus patas, lo hizo tambalear y sucedió lo que temía. Justo en ese momento, la Zorra, (disfrazada de granjero, obedeciendo la sugerencia del primo Lobo, que más de una vez fingió ser oveja, con éxito) pasaba por ahí, a gatas, fingiendo recoger frutos caídos. Pocos segundos bastaron para que la pezuña enganchara lo que acababa de caer del cielo. Indignado, puesto que se disponía a bajar y recuperar el trozo de lomo, el Cuervo no tuvo más que aletear de vuelta hacia la rama y maldecir en silencio al inoportuno granjero.

 

     No puedo reclamarle, pensó enseguida, los humanos enloquecerían si supiesen que hablamos. Entonces, satisfecha por tan fácil logro, la Zorra se quitó la máscara de granjero y soltó una risilla de lo más pedante. El Cuervo deseó ser un kamikaze y lanzarse sobre aquel lanudo mamífero y asesinarle; pero tampoco era tan torpe como para arriesgar el pellejo de aquella forma. ¡Nobody does it better, mi querido Cuervo!, habló la Zorra, en antaño tenía que escoger mis mejores halagos para que se cumpliesen las máximas de los grandes fabulistas. Además, tampoco deberías fiarte de los humanos, claro, por si pensabas que un granjero iba a tener el detalle de devolverte un entremés como éste. Dicho esto, el Cuervo optó por alejarse lo antes posible del fatídico escenario y voló directamente a su nido. Desde aquel día, las malas lenguas aseguran que el pobre anda enganchado a la bebida y a los ansiolíticos.

 

 

 

 

Sábado, 11 Agosto, 2007 - Publicado por alenar | Colaboraciones originales | | 5 comentarios

5 comentarios »

  1. Hola Alena, otra vez por aquí, siguiendo los pasos de mi amigo Adalberto.

    Me encantó su poema, también como escribe.
    Conozco sus escritos, ya que lo sigo en su espacio.

    Tiene el talento de formar climas especiales con sus palabras.

    La pasión transita por atmósferas muy cálidas.

    Felicitaciones para él, también a ti por la revista y las personas que lo suceden.

    Saludos

    Graciela

    comentario por Graciela | Sábado, 11 Agosto, 2007

  2. Me conmueve el modo sentido y claro de expresar ese sentimiento. El dolor de un adios en esa última noche de amor intenso y profundo. Los sueños con gusto a fracaso y el último viaje sin retorno.
    La entrega desesperada en la certeza que no hay un mañana.

    Mis sinceras felicitaciones para el Sr. Adalberto Beca.

    comentario por IRMA | Sábado, 11 Agosto, 2007

  3. Adal me dijo que pasara por aqui, soy su amiga, pero al margen de ello, son deliciosas sus letras. Lo sigo en su espacio y me cautivan sus poemas.

    Este esta buenisimo.

    Angustia y pasiòn para una noche que seguramente sera inolvidable.

    Bien Adal!!!

    Saludos

    comentario por Marìa Jimena | Lunes, 13 Agosto, 2007

  4. En la poesía ” La última noche” ADAL, refleja de un modo muy vívido, la cercanía de la separación.
    Se palpa la vivencia de la pasión, concentranda y entregando todo a esa última vez..
    Se percibe la angustia y el ” sólo importa este momento” , porque ésto es la eternidad…y es el fin.
    creo que le ha puesto tanta pasión , que me lo he creido!
    Felicidades, amigo ADAL!

    Besos!

    comentario por LLUVIA | Miércoles, 15 Agosto, 2007

  5. Hay una “última noche” que todos habemos en nuestra historia personal, para muchos grabada a fuego como la recuerda el poeta Adal. En esta entrega amorosa marcada por la despedida huele al sexo que le huye a la muerte engendrando vida. La pulsión del encuentro va “in crescendo” en la descripción de Adal, y cercano al punto máximo del placer se esconde el punto más alto del dolor por el alejamiento. Allí donde “la cima acumula ríos” que deja correr, nace el principio de la bifurcación. Ya no serán uno, definitivamente han partido el camino en dos.
    Es maravilloso crecer con la intensidad del momento, sentirse allí y gozar discretamente de la sensualidad que estas letras encierran.
    Adal: la muerte, aún la de las partidas, esconde un placer límite descripto magistralmente aquí. Bien ahí.

    comentario por Abril | Lunes, 20 Agosto, 2007


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