Textos Creativos de Mar Guiu y Sergio Palomo
Días de Mar . Mar Guiu
Cómo empezar a contar una historia que todavía no ha comenzado.
Cómo soñar un camino, desconocido.
Cómo echarte de menos si aún no has llegado.
Cómo esperarte, futuro.
Cómo callar, si aún hoy, a veces no sé escucharte,
Cómo verte y cómo olvidarte, cuando no existen recuerdos.
Cuando vengas, ya me habré ido,
Siempre viviré de otra vida, la que hoy ya no es mía.
Ya llevo días dándole vueltas a esta idea en mi cabeza.
De repente, hace unos días, el olor, a puerto, a pescado podrido, me trajo, por un instante, sensaciones de mi infancia.
Este olor, a priori, no produce ningún tipo de sensación agradable, sino más bien todo lo contrario. Pero a mí me gusta, porque me hace volver a la infancia, de cuando veraneaba en aquel pueblecillo pesquero cerca de Tarragona.
Cada día, a eso de las cinco de la tarde, bajábamos mi hermana y yo al puerto a ver llegar las barcas con sus cubiertas repletas de pescado. Después, en aquella lonja, ahora en desuso, asistíamos fascinadas a la “subasta” donde se congregaban los pescadores y compradores. Cuando ésta comenzaba, un hombre emprendía la cantinela de números con voz recia, firme, a toda velocidad, hasta que, de repente, se detenía y alguien colocaba unos papeles en las cajas de pescado.
Aún recuerdo esa imagen, de hombres descalzos con largos ganchos metálicos pisando el agua corrompida, con su frenético ir y venir arrastrando cajas rebosantes de pescado y de hielo, y el olor a motor de los camiones frigoríficos listos para cargar.
Me gustaba el olor a mar, a pescado, y sentía un irremediable impulso por acariciar aquellos peces de lomos plateados escurriendo agua y sangre.
Para mí la muerte no se dibujaba en aquel lugar, ni en aquellos peces, allí entonces, sólo había vida.
Infancia. Sergio Palomo
La infancia vuelve en cada esbozo de plenitud o bronce, en cada gesto de sangre que anhela sembrar un suspiro en la memoria.
Los cuerpos emergen del mar colmados de cielo, se tienden exhaustos sobre las toallas, y la niñez los asalta hecha arena, susurrándoles a las mejillas cuántas veces fuera cama de amor o castillo que lamieran las olas.
Retoza entre las llamas de la noche, titilando junto a las estrellas, espejos de esa inmensidad que nos devuelve la cordura o la alegría, la voluntad de eternidad y el ansia pura de laureles.
Vive en el amor, donde las caricias no se cansan, donde aparece esa seguridad de cabaña y abrigo que sólo pudieron contener los brazos de nuestros padres.
La infancia siempre vuelve, como prueba de luz y fe de vida.





Mar y Sergio: dos estilos, dos bellezas de letras para engrandecer esta revista que con tanto mimo se hace.
Ambas aportaciones me han encantado.
Un saludo