Jardines Literarios. Por Virginia Seguí Collar.


paraisobruegeljan.jpg(Jan Brueghel.   El Paraíso)            

En el transcurrir de la historia el hombre ha ido creando sus propias fábulas o mitos consiguiendo de esta manera explicar su existencia hasta el estadio cultural en el que se hallaba; curiosamente, a pesar de la variedad de culturas y civilizaciones casi todos ellos, a la hora de reinventar el principio de los tiempos, imaginaron un estado primigenio ideal en el que su existencia era feliz, la madre tierra cubría sus necesidades de alimento, reinando entre los hombres la paz y la armonía: es decir una Edad de Oro ubicada en un Paraíso.

            Este lugar fue concebido como un jardín: el Jardín del Edén y nos ha sido descrito a través de los tiempos por diversas fuentes literarias; su representación plástica ha sido obra de los artistas que han ido recreado el lugar en función de sus propias creencias y vivencias personales.

edadorocranaclucas-copia.jpg (Lucas Cranach “el Viejo”   La Edad de Oro)

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(Hieronymus Bosch. El jardín de las Delícias )               

edadorocortona.jpg( Pietro da Cortona. Edad de Oro)

    Hesíodo en su obra Los trabajos y los días, describía este lugar con la convicción idealista de que los hombres habían vivido, como las abejas, en armonía. Ovidio en sus Metamorfosis habla de esa primitiva edad áurea y las fuentes del cristianismo nos describen la expulsión de nuestros primeros padres: Adán y Eva de este primer jardín terrenal; el Corán describe un lugar o paraíso despojado de símbolos negativos y surcado por cuatro ríos de los que fluye agua, leche, vino y miel.

 Ejemplos plásticos de este jardín los tenemos en las obras de: Lucas Cranach el Viejo en La edad de oro, realizada c. 1530; Hieronymus Bosch que nos deja con su obra El jardín de las delicias (c. 1500) otro ejemplo destacado; Pietro Da Cortona con su Edad de Oro (1641-46).

La Ilustración retomará estos mitos del principio y aunque el siglo de la razón los desenmascara no puede sustraerse a reconstruirlos como proyecciones de los afectos humanos y propiedades de la naturaleza, dándoles, si cabe mayor auge; ya que los  relaciona con el interés científico propio de la época; derivando la cuestión a investigaciones sociológicas sobre las costumbres de las culturas primitivas contemporáneas como espejo del origen perdido. El tema será objeto de estudio por varios autores reconocidos: Voltaire con su Apología de la fábula, Hume trataba el tema en su Historia natural de la religión, Vico en su Ciencia Nueva invierte la relación tradicional entre mito e historia, pasando la historia a ser la obra propia del hombre; Rouseau retomaba el asunto en su Ensayo sobre el origen de las lenguas; el danés Jens Kraft en su obra Las costumbres de los salvajes como explicación del origen de la Humanidad desarrollará la idea del estudio de las sociedades salvajes actuales para intentar aclarar los oscuros orígenes de la humanidad.

 ( Gauguin. ¿De dónde venimos? ¿ Qué somos? ¿ A dónde vamos?) gauguinedadoro.jpg

 ( André Derain. Edad de Oro)      derainedadoro.jpg                         

Esta idea es plasmada varios artistas incluso vanguardistas como Gauguin que recrea el mito en su obra ¿De donde venimos? ¿Qué somos? ¿A dónde vamos? (1897) y Andre Derain en su Edad de oro (1905).

El jardín de las Hespérides es también conocido gracias a las fuentes literarias, escritores griegos y romanos han dejado en sus obras relatos que nos permiten descubrir sus características: Apolodoro , Homero, Hesíodo, Eurípides, Ovidio, Diodoro Sículo, son algunos de los que en sus obras nos hablan de este jardín. En realidad estamos ante el jardín de Hera, situado en las laderas del monte Atlas; en él plantó la esposa de Zeus el regalo que Gea, diosa de la tierra, le hizo con motivo de su boda con el crónida: un árbol con frutos de oro; al parecer un manzano. Al parecer el monte Atlas se conoce  también como el jardín de Occidente y se discute su ubicación situándolo unos: en el País de los Hiperbóreos, en Mauritania o en el cuerno occidental de África. Este jardín era cuidado por las hijas de Atlante y Hespéride: Las Hespéridas conocidas como Egle, Eritia y Hesperetusa y denominadas también con los apelativos de: Hijas de la Noche, Doncellas de Occidente, Hijas del Atardecer, Diosas del Ocaso o Hermanas africanas; su número real es dudoso y en algunos textos se llega a hablar hasta de once; pero las tres citadas eran las  encargadas de cuidar el jardín de Hera, aunque la diosa descubrió que, de vez en cuando, hurtaban alguna manzanas del árbol y entonces puso un vigilante especial: el dragón Ladón que enroscado al tronco del árbol actúa como guardián utilizando sus cien cabezas con las que hablaba varias lenguas.

jardinhesperidesburnejones.jpg (Edgard Burne-Jones. El Jardín de las Hespérides )           

                                   

( Frederic Leighton. El Jardín de las Hespérides )    hesperidesleighton1892.jpg

Este jardín pronto cobra relevancia incorporándose a la iconografía clásica siendo fuente de inspiración en el mundo de la plástica principalmente por su relación con  las hazañas de Heracles a quien Euristeo, rey de Argólida, le encargó como undécimo trabajo el tomar frutos del manzano del jardín de las Hespérides; hay por tanto ejemplos tempranos apareciendo ya las decoración de vasijas griegas, catacumbas y mosaicos romanos y con la recuperación romántica del mundo clásico vemos retomar el tema a artistas más actuales como Edgard Burne-Jones con su obra: El jardín de las Hespérides (1870-73) y la homónima de Frederic Leighton fechada en 1892.

Otros jardines literarios famosos son los de Flora y Pomona, ambas muy relacionadas con la vegetación propia del jardín, ambas divinidades de origen itálico, Los Fastos y Las Metamorfosis de Ovidio nos hablan de ellas; sus nombres hacen referencia a su naturaleza; Flora es una diosa de la vegetación y de la fecundidad, su presencia favorece la floración y su culto esta asociado a prácticas mágicas de origen sexual, creencias arraigadas en la cultura romana; Ovidio identifica a Flora con la ninfa griega Cloride desposada con Céfiro, a la que se identifica con la primavera, y su jardín tiene gran variedad de flores. Las representaciones de su jardín tienden a destacar todas estas  características de fertilidad, abundancia, floración, reproducción, aunque algunos autores introducen en ellos elementos arquitectónico, de lenguaje clásico, cercanos al mundo latino de la diosa.

pomonatapiz.jpg( Tapiz Manufactura de Bruselas, representando la Historia de Pomona)

La palabra fruto y su denominación latina: pomun dan nombre a la siguiente diosa, Pomona, esta joven diosa abstraída y dedicada a la jardinería no se ocupa de los halagos y requiebros de sus pretendientes hasta que un día Vertumno, divinidad romana también relacionada con el aspecto de la tierra, las estaciones y fertilidad de aquella, la cortejará aprovechando sus facultades de cambio para aparecer ante ella con diferentes personalidades y disfraces hasta que consigue vencer su desinterés. El tema fue muy popular durante el siglo XVII en los Países Bajos, apareciendo con frecuencia Vertumno disfrazado de vieja conversando con Pomona en su jardín, en el que también aparecen elementos arquitectónicos: fuentes, estatuas, templetes, balaustradas, etc. Fue tan popular que existe una serie de tapices confeccionados en la Manufactura de Bruselas en los que se representan varios momentos de la historia de Pomona, David Teniers el Viejo con Vertumno trata el tema en su obra Vertumno y Pomona, con la escena ubicada en un jardín holandés, con sus macizos regulares y su tradicional pórtico vegetal como cerramiento.

(Eduard Muller. El Jardín de Armida) armidamuller.jpg 

arnidadenis.jpg ( Maurice Denis. Prisioneros en los jardines de Armida )

Aproximándonos en el tiempo de las fuentes literarias citaremos, por último, el jardín descrito por Torcuato Tasso hacia 1575: La Jerusalén Libertada, como creación de la maga Armida para subyugar la voluntad de su amado Rinaldo y mantenerle  alejado del mundo real y de los peligros de la primera cruzada en la que el joven luchaba, al lado de Godofredo de Bouillon, contra los sarracenos. Armida, sobrina de Idoatres rey de Damasco y aliado de Solimán, es enviada al campamento cristiano para enamorar, para crear desavenencias entre los cruzados y desviar su atención del objetivo principal: la toma de Jerusalén; consigue llevarse tras ella a varios de estos caballeros y los convierte en animales encerrándoles en su castillo del mar Muerto. Pero entre ellos está un joven campeón llamado Rinaldo, destinado a enfrentarse con Argente el mejor luchador de los sarracenos, del que se enamora y al que rapta, confinándolo en un jardín ubicado en una isla y creado especialmente para él. Volvemos a tener ante nosotros la exaltación de los sentidos y la voluptuosidad de las formas; Tasso presenta a una Armida insegura de su poder sobre Rinaldo, convierte el jardín en una especie de cárcel vegetal; organización intrincada y en cierto modo inexpugnable donde la vegetación crece salvaje alejándose de la noción clásica de jardín y consigue anticiparnos lo que será después conocido y denominado como  paisajismo inglés. Visiones plásticas de este jardín fueron realizadas por Domenichino con su obra Rinaldo y Armida (c. 1620), David Teniers el Joven con El jardín de Armida (1650), Eduard Müller realizará en 1854 una obra del mismo nombre y por último la de Maurice Denis Prisioneros en los jardines de Armida, realizada en 1907, quien no puede sustraerse a su nacionalidad y a la concepción francesa del jardín introduciendo en su obra elementos más próximo a concepciones del jardín del amor con fuentes, arcadas vegetales, esculturas clásicas que nos transportan más al jardín de Venus diosa del amor.  

    imperioflorapoussin.jpg ( Poussin. Imperio de Flora )