Libros en el Retiro
En Madrid se está celebrando hasta el diez de junio la Feria del Libro (por cierto que no en exclusiva, en Bilbao también se está celebrando ahora y salvo los diarios de la comunidad ni se menciona; eso sí la de Madrid la menciona todo bicho viviente, igual que del 11 al 20 de mayo se celebró la de Granada, con asistencia de Ana María Matute Almudena Grandes o Luís García Montero y poco o nada se ha reflejado en los medios) con el acompañamiento de la lluvia – lo cual ya es un tópico- y de gentes variopintas. Decimos esto porque la Feria en Madrid, más parece una ocasión para la compra de libros por parte de quienes no leen nunca o casi nunca que de reunión de los habituales lectores.
La feria en Madrid es más bien un rito de sociedad. Uno va a ver y a dejarse ver, a que los niños se metan por los setos del parque y los perritos ladren con delectación a los compradores parados en el stand correspondiente.
En los distintos quioscos todas las novedades del mercado editorial de este año y del 2006, los títulos más representativos que se venden como rosquillas sin necesidad de propaganda porque el autor o la autora es un Grande de la Escritura. Y esos mismos Grandes, a menudo sentados en una sillita, con cara de vendedor de lavavajillas y sonrisita congelada esperando a “sus “lectores, que, impacientes, hacen cola para saludar y presumir después de que “estuvieron hablando con”…
Precios para elegir, desde el “todo con un diez por ciento menos”, hasta el libro con miniados que, ese sí, es una perfecta obra de arte y se cotiza en la friolera cantidad de tres mil euros de nada.
Editoriales nacionales; es decir, poca representación de las distintas autonomías, salvo la andaluza, y este año una dedicatoria especial a la literatura africana que, más que otra cosa es un brindis al sol, porque África no vende (otra cosa es que “la compren”).
Y en medio de la Feria, la sorpresa agradable; en un stand separado del resto, una tarima a cubierto, dos focos mínimos, un escenario apretado lleno de críos y el Grupo de Cuentacuentos Legolas ( buen nombre evocador de sagas) que mantuvo embobada a la chiquillería. Dos actores cuentistas, chico y chica, con la suficiente ilusión por entretener y el suficiente desparpajo para estimular, dejaron allí su magia para quien quiera creer en ella.
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