Mi querida España
Con la firma de Tomás Martín
Hace dos años ahora, publiqué este artículo que recordé hoy mientras pretendía escribir para esta revista. Está tan de actualidad, a pesar del tiempo transcurrido, que decidí republicarlo en este medio. Lee más »
Para que lo sepan…
Pues ya estamos aquí dando lata en el espacio internáutico éste, variopinto y multicolor, y asentando ya las cosas, que parece que sí que sí que el asunto de la Revistilla marcha por buenos caminitos; que todavía no la han echado el alto (aunque no haríamos caso), ni la han puesto a caldo ( me temo que aquí tampoco haríamos mucho caso) y además nos la visitan y nos la linkean ( y aquí sí que hacemos mucho caso, ea…), con lo cual debe ser que gusta.
Y tenía yo que decirles antes de “noticiarles” a ustedes bien “noticiados” algo para que se lo apunten y lo recuerden; así que cojan bolígrafo, criaturas…
1- Que si quieren ustedes mandar colaboraciones a alguna Sección, escriban a:
alenarterevista@gmail.com , y si quieren comentarnos lo pueden hacer dándole a “comentarios” o a la Sección “Y yo digo que”; ésta es para comentarios generales, para los específicos en cada articulo.
2- Que andamos preparando alguna sorpresa para más adelante (ese “más adelante” podría ser septiembre) con la posibilidad de algún número “Especial” dedicado a temas artístico culturales lúdico festivos que esperamos interesen a nuestros maravillosos, generosísimos y bondadosísimos lectores. (¡Hacemos la pelota de modo ostensible, como verán…)
3- Que en próximos meses verán sus ojos (los de ustedes) aparecer nuevas secciones de aparición (me repito) ocasional, y que…no les decimos más pero esperamos que queden suficientemente intrigados.
4- Y que esta Sección – lo digo para que reparen ustedes en ello- es nueva y se llama “Novedades por si Acaso…” Y que no aparecerá salvo cuando consideremos que debe aparecer…
(La explicación del título: cosas que tenemos que contarles por si acaso no leen ustedes más que esto…)
Ahora ya pueden ustedes seguir…angelicos…
Libros en el Retiro
En Madrid se está celebrando hasta el diez de junio la Feria del Libro (por cierto que no en exclusiva, en Bilbao también se está celebrando ahora y salvo los diarios de la comunidad ni se menciona; eso sí la de Madrid la menciona todo bicho viviente, igual que del 11 al 20 de mayo se celebró la de Granada, con asistencia de Ana María Matute Almudena Grandes o Luís García Montero y poco o nada se ha reflejado en los medios) con el acompañamiento de la lluvia – lo cual ya es un tópico- y de gentes variopintas. Decimos esto porque la Feria en Madrid, más parece una ocasión para la compra de libros por parte de quienes no leen nunca o casi nunca que de reunión de los habituales lectores.
La feria en Madrid es más bien un rito de sociedad. Uno va a ver y a dejarse ver, a que los niños se metan por los setos del parque y los perritos ladren con delectación a los compradores parados en el stand correspondiente.
En los distintos quioscos todas las novedades del mercado editorial de este año y del 2006, los títulos más representativos que se venden como rosquillas sin necesidad de propaganda porque el autor o la autora es un Grande de la Escritura. Y esos mismos Grandes, a menudo sentados en una sillita, con cara de vendedor de lavavajillas y sonrisita congelada esperando a “sus “lectores, que, impacientes, hacen cola para saludar y presumir después de que “estuvieron hablando con”…
Precios para elegir, desde el “todo con un diez por ciento menos”, hasta el libro con miniados que, ese sí, es una perfecta obra de arte y se cotiza en la friolera cantidad de tres mil euros de nada.
Editoriales nacionales; es decir, poca representación de las distintas autonomías, salvo la andaluza, y este año una dedicatoria especial a la literatura africana que, más que otra cosa es un brindis al sol, porque África no vende (otra cosa es que “la compren”).
Y en medio de la Feria, la sorpresa agradable; en un stand separado del resto, una tarima a cubierto, dos focos mínimos, un escenario apretado lleno de críos y el Grupo de Cuentacuentos Legolas ( buen nombre evocador de sagas) que mantuvo embobada a la chiquillería. Dos actores cuentistas, chico y chica, con la suficiente ilusión por entretener y el suficiente desparpajo para estimular, dejaron allí su magia para quien quiera creer en ella.
Con Ernesto Cardenal y una Rosa Blanca: Por Luciana Garcés-
Nos llega desde México, en el estado de Sonora, una comunicación especial y directa de Luciana Garcés, periodista y escritora gallega que se halla en esas tierras asistiendo al XII Encuentro de Escritores Latinoamericanos “Horas de Junio”, en Hermosillo, capital del estado de Sonora.
En dicho Encuentro una de las presencias más esperada era la del escritor nicaragüense Ernesto Cardenal, al que se le está tributando un merecidísimo homenaje.
Y, aunque habíamos cerrado edición, hemos considerado oportuno insertar “Al Cierre” este breve pero excelente apunte de nuestra corresponsal.
CON ERNESTO CARDENAL Y UNA ROSA BLANCA
El auditorio de la Sociedad Sonorense de Historia, en la atardecida se fue llenando poco a poco, familias enteras con niños pequeños, miembros de distintas tribus indias, personas que no habían acudido a ninguna de las sesiones de literatura, veinte diarias, estaban allí, apretujados y ansiosos. Se había corrido por el clásico boca a oído que el subcomandante Marcos iba a estar, iba a leer como uno de los 200 escritores que, llegados de diez países distintos, participábamos en el XII Encuentro de Escritores Latinoamericanos “Horas de Junio”, en Hermosillo, capital del estado de Sonora, en México. Fue buena la elección de la hora para presentar O`ob nokim, un diccionario español-pima, que ha redactado un sacerdote franciscano, el padre David, en la vida no monacal ciudadano norteamericano, y es la lengua de una tribu india que esta en vías de desaparición y a la que tratan de proteger de matanzas y del borrado de su cultura. El hermano franciscano leía en lengua pima, las desgracias y esperanzas de este pueblo, y después un antropólogo indígena traducía al español. A partir de las nueve, estallaron los aplausos ante la entrada de Ernesto Cardenal, el sacerdote poeta, y el subcomandante Marcos ayudándole a bajar las escaleras. A partir de ahí y pese al aviso de que no hubiera preguntas, ni firma de autógrafos, todo funcionó entre vítores, aplausos y religioso silencio. Marcos defendió la revolución frente a los amos, los dictadores, y a favor de los más pobres, los indígenas. Recordó que México es tan grande “que todo está lejos” refiriéndose a la enseñanza, sanidad y comida. Hablo de las torturas y muerte de un millar de mujeres en Ciudad Juárez Y recitó el poema de Cultivo una rosa blanca, de Martí, para entregar de revolucionario mexicano a revolucionario nicaragüense un ramo de rosas blancas de amistad, y también, claro, el saludo zapatista. Ernesto Cardenal que lleva desde el pasado día 29 recibiendo homenajes en estas tierras, abrazó con lágrimas al subcomandante entre los aplausos enfervorizados de un público ansioso de que estos mitos del siglo XXI les siguieran hablando. Y prosiguió el sacerdote excomulgado por la teología de la liberación, haciendo otro canto revolucionario sobre Sandino, sobre los primeros muertos guerrilleros, leyendo poemas que se recogen en el libro Cantares Mexicanos que la Universidad de Sonora ha recopilado y editado por primera vez en un volumen. Cuando concluyeron, los asistentes respetaron, un poco a Cardenal, en lo de los autógrafos pero acosaron con la misma energía que los medios de comunicación, con cámaras de video o fotográfícas, con micrófonos de grabadoras, elevaban otros a sus niños para que los abrazase y besara, cosa que terminó haciendo, retirándose la pipa de la boca. Una escritora de 72 años exclamaba en éxtasis. “¡Marcos me ha besado!”, como si no acabará de creérselo. Y Marcos durante casi una hora siguió firmando autógrafos, acariciando niños, abrazando a damas, dejándose fotografiar, sonriendo a veces, custodiado por algunos de los suyos, porteadores a su vez de libros que los escritores entregaban al subcomandante.Y finalmente llegó hasta el vehículo que desafiante con la siglas de los zapatistas esperaba para llevárselo.






