Criticas criticas del critico
Insobornable.
Este insobornable crítico de medio pelo y gesto hosco, que, mientras mantienes trato afectuoso califica tus creaciones de “joyas literarias” pero que cuando el trato se vuelve distante comenta tus escritos como si le hubieras mencionado a su señora madre…
Es divertido saber que influye mucho más en su lectura que no le permitas incidir en tu vida privada a si le gusta o no lo que lee.
Internet está lleno de aspirantes al reconocimiento de lo bien que critican un texto literario. Y para conseguir ese reconocimiento, hacen una crítica plagadita de tecnicismos, cultismos, retruécanos, muchos “como se observa en tu frase…”, cientos de “atendiendo a la temática de tu narración”, con lo que, cuando una lee su crítica se ha emperejilado de pedantería en el tercer párrafo; mayormente porque se aburre.
Para criticar un texto literario no hace falta más que tener la voluntad de meterse en la piel de quien lo ha escrito y decirlo en un lenguaje accesible. Otra cosa es imitación de lecturas de El País o similares.
Ninguno somos Umbral, ni falta que nos hace; y en cuanto a que nos reconozcan lo bien que criticamos, no sirve más que para mirarnos el ombligo que, lo mismo, lo tenemos sucio.
Patetismos literarios.
Olvidar el patetismo en la literatura debería ser una aspiración común. Esta afirmación, que ya comprendo que es muy taxativa, viene a muchos cuentos de muchas últimas lecturas, tanto virtuales (en Red) como reales (en formato impreso).
A veces, leyendo los ditirambos solemnes con que se habla de distintos temas, tanto de actualidad como de creación puramente artística, me pregunto si el escritor no tiene conciencia de estar asentado digamos que “pomposamente” sobre su augusto trasero y, desde esa posición, emitir textos que, la mayoría de las veces, a mí me suenan a falsos.
Leo en exceso, artículos, cuentos, novelas, narraciones, poemas … y hay días en los que termino como vulgarmente se dice, hasta el moño de tanta grandilocuencia.
Y luego, válgame dios, vienen los críticos, los excelsos críticos, con su lenguaje de couché, a dictar sentencia, con su palabrería rimbombante, llena de frases subordinadas, encabalgadas, de lo más serias ellas, hablando de “la estructura semántica” del “universo narrativo” del “fallo en la unión nexal”…
Carajo; todo eso para decir pura y simplemente que el escrito es malo o bueno según su criterio.
Este patetismo patético, sí; de considerar que lo que se escribe es muy importante, requeteimportante, importantísimo, que nos hace inflarnos como globitos, y ascender, ascender , hasta la lamparita del cuánto valgo por dios, y, desde allí sentar cátedra.




Amén, Alenis. Esta pobre servidora, que ni es pobre, ni es servidora (por decisión propia, ambas cosas)te dice que sí, que muchas, muchísimas veces los árboles no dejan ver el bosque, que dicen que dijo Tagore, en su momento, porque de tanto opinar sobre lo opinado, pulir lo pulido, y sobar lo sobado, al final lo único que suele interesar a los críticos de una obra, es su propia opinión: que esta prevalezca sobre las demás opiniones de los otros opinadores, da igual lo escrito, lo importante (para “ellos”), es dejar su sello personalísimo de opinador profesional o crítico, cuando sabido es que a los lectores, más allá de lo “bueno” o “malo” de lo que nos llevamos al estómago visual, lo decidimos nosotros; aquellos para quienes, en definitiva, va dirigido.
Muchas veces me sorprendo a mi misma diciéndome aquello de:Sagrario, hija, mira que eres vaga, ya te vale, no aprendes a comentar como “Dios o los santos cánones establecidos, mandan. ¿A que esperas?. Pues a eso, a que me nazca un sentimiento o visión interna con un ápice de objetividad, al respecto, y de momento no ha surgido ese “leit motiv”, ni nada que tenga aspecto de objetividad, pues por la vía emocional suelo ir, sin más atuendo que las puras emociones a flor de piel, con lo cual me quedo con eso tan básico de: jo, como me ha gustado, o como me ha aburrido. Cierto, no aprendo, solamente disfruto.
Besis, Alenis.
Estoy completamente de acuerdo. Y la mejor manera -efectivamente- dejar que sean los sentimientos los que tomen la palabra.
Estoy de acuerdo contigo Alena.
Destruir es más fácil.
De última, el lector decide.
Está muy buena la revista.
Felicitaciones!!!
Adal
Estoy muy de acuerdo, me fío mas de los lectores que muchas veces de algunos críticos….