Alenarte

Revista de actualidad cultural y artística

Brossa, Rusiñol y una Bienal a dúo

 En este mosaico noticiero (ha quedado magnífica la frase) os hablamos de dos exposiciones, un nuevo portal internáutico y una Bienal de Arte. Cosas todas dignas de merecer estar en este número tres de esta Revista que, no es por darnos bombo, no ha tenido mal recibimiento. Y como si hemos llegado hasta aquí ya no nos podemos ir (estaría feo), vamos con lo que vamos sin más rollo.

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Sábado, 19 Mayo, 2007 Publicado por alenar | Actualidades varias | | 2 comentarios

¡Je, toro, toro je!- Tomás Martín.

Da aquí comienzo una nueva Sección en nuestra Revista. Sección que saldrá con la regularidad periódica que su autor quiera, porque para eso es el autor quien es.

Desde Palencia: Tomás Martín.

 

¿Le gustan a usted los toros? Mejor dicho, ¿su lidia? ¿Detesta la mal llamada Fiesta Nacional? Pase, entre sin llamar y acomódose en el tendido. Están a punto de sonar clarines y timbales. Va a comenzar el paseíllo.

Los toreros vestidos de luces, uno de grana y oro; de cobalto y oro blanco otro; de tabaco y oro el tercero. Detrás su corte de subalternos y el personal de plaza. El ritual camino del palco para saludar al presidente del festejo. Señal de la cruz, que Dios reparta suerte, riguroso orden de antigüedad, torería, garbo… toda una simbología de la tauromaquia comenzando tan singular desfile entre música y aplausos. 

El torilero descorre el cerrojo de la puerta de toriles. Al fondo, la oscuridad; en la Plaza, el silencio, la expectación, el rumor… En el burladero el torero, pensativo, impaciente, ¿imagen del miedo? Sale el toro, bello, musculado, retador… Lleva por pitones dos leznas de zapatero, afiladas, terroríficas, desafiantes… Sale el torero de su escondite y se abre de capa. El toro acude presto, ruge, sopla, se come la tela en la que le embebe el torero. Surge el ole mientras el diestro dibuja verónicas, por un pitón, por el otro… La fiera está en los medios tras la media belmontina, ceñida, prodigiosa, de cartel…

De nuevo suena el clarín, y el timbal acompaña con un redoble seco. Comparecen los picadores: uno, en sentido contrario a las agujas del reloj, cabalga hacia toriles; el otro, dirige la brida camino de la contraquerencia, allí donde el toro debe demostrar su bravura. Es la hora de la sangre, del castigo, de la entrega, de la palea… Si rehuye ésta, el toro es manso; si mete la cabeza bajo el caballo y aprieta con todas sus fuerzas, el toro es bravo. La hora de la sangre, decía. El toro sangra: le han roto los músculos tensores para que humille en su embestida. Ha comenzado la parte cruenta y a la vez la más bella de la corrida si se ejecuta a ley, si no se abusa de la noble condición del bravo animal o del comportamiento brusco del manso. Hombre armado de puya y toro frente a frente. Inteligencia contra instinto. Cae la sangre del toro desde el morrillo a la pezuña coagulándose en su discurrir. Es el precio del pasaporte a la gloria a través de la muerte.

El mayoral ha tomado notas: la forma de embestir del toro, las veces que ha acudido al caballo, su comportamiento en la desigual lucha… Todo queda escrito en una pequeña libreta. Es el evangelio de la ganadería, el seguimiento de la reata, el matadero o el ruedo como destino, el cambio de planes, el cruce de aquel semental con este u otro lote de vacas… Son los secretos del ganadero, la fórmula de la bravura que unas veces da resultado y otras no. Es la sempiterna apuesta por el triunfo que en ocasiones se torna en fracaso.

Redobla de nuevo el timbal y suena el clarín. El torero observa atento desde la bocana del burladero. Es la hora de las banderillas. Hay que comprobar cómo reacciona el toro tras el tercio de varas, cómo ha quedado su envestida tras el castigo sufrido. El banderillero lleva los rehiletes en la mano, gesticula, llama al toro: “je toro, toro je”. Toro y banderillero se aproximan, se encuentran… aquel lanzado en su acometida, este burlándola para clavar arribar el engalanado arpón en apenas un instante, asomándose al balcón de la tragedia, buscando la aprobación del torero, la ovación del respetable, el saludo posterior…

Silencio en la Plaza. Pañuelo blanco en el palco anunciando el tercio de muerte. Ritual en el callejón: el mozo de espadas le entrega los trastos al maestro que, montera en mano, se dirige a solicitar el permiso del presidente: “Con su permiso, señor presidente”, exclama respetuoso el diestro. Y desde el centro del ruedo brinda su triunfo al respetable con un “va por ustedes” sin alharacas, serio, torero… como debe ser. Junto a las tablas le espera el toro, fiel imagen del perdedor tras la cruenta y desigual pelea mantenida. Y a partir de aquí… el triunfo o el fracaso, la emoción o el tedio, la alegría o el desencanto. Es la hora del arte, de la plasticidad, de la ética y la estética, del sentimiento, del hombre y la fiera entregados a una batalla sin igual.

Y llega la hora de la verdad, del triunfo de la inteligencia sobre el instinto. El toro va a morir y lo sabe. Se cruzan miradas toro y torero. ¡Ay la mirada del toro! Cautivadora, seductora, profunda, triste, retadora… No hay nada que me emocione tanto como la mirada del toro en la antesala de la muerte.  Es entonces cuando acude la zozobra a mi mente y a mi alma a contemplar el debate entre la vida y la muerte, entre lo sanguinario y lo sangriento, entre lo actual y lo anacrónico… Es la historia de este espectáculo sin igual, del tantas veces incomprensible e inexplicable arte de lidiar toros, arte al que debemos la existencia de uno de los animales más bellos del mundo.

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Sábado, 19 Mayo, 2007 Publicado por alenar | La opinión de Tomás Martín | | 5 comentarios

La Fiesta de los Sentidos: Por Adanellys Pérez de Hayes.

 Anoche finalmente abrimos el restaurante. Situado en la bahía de Canouan, a orillas de un mar Caribe desconcertantemente arrullador y calmo, como marco perfecto para conjurar un menú sencillo pero altamente creativo. Y es que en una pequeña isla, de no más de cinco millas, donde casi todo debe ser importado desde islas mayores, hay que saber jugar con la imaginación para sacar el mayor provecho, y complacer así paladares mas o menos exigentes, según se vaya pasando de locales a turista que, de todas partes del mundo, visitan la isla.

Al final de una agotadora jornada me quedé contemplando el magnifico escenario donde pusimos en marcha nuestro espectáculo culinario, Meditaba en que pocas cosas hay tan autenticas, para identificar a un determinado pueblo, como su gastronomía. En mis viajes por las islas caribeñas, he llegado a comprobar con asombro, cuan diferente es la cocina entre unas y otras, a pesar de contar con casi los mismos ingredientes.  En mi natal República Dominicana la herencia española se ha mezclado con costumbres Tainas y pinceladas africanas para crear una cocina criolla de sabores fuertes, mientras que en las Antillas Menores (West Indies) tiene mas peso una cocina de base inglesa. Pero sin importar cuales sean las raíces o características de una determinada cocina, la finalidad siempre será la misma: complacer los paladares. Lo demás es cuestión de historia.

La cocina es ciertamente una ciencia, enmarcada en un conjunto de procesos químicos y físicos, con métodos cuidadosamente estudiados, técnicas a seguir y reglas que respetar, pero también es un arte… que se vale de la pasión y el talento para llevarnos mas allá de la simple satisfacción de una necesidad física. La culinaria nos invita a valernos de los conocimientos que la ciencia y la tecnología han puesto al alcance de nuestras manos, pero sin olvidarnos de la creatividad y pasión que durante siglos han impulsado a los grandes Chef del mundo.

Como buen alquimista, el chef combina texturas contrastantes que despierten el tacto; juega con las sensaciones de frío-calor, y, para complacer al gusto, va construyendo capa sobre capa de sabores que van desde la sencillez de resaltar un elemento único hasta las combinaciones más intrincadas e inimaginables; busca altura, elegancia, perspectiva a la hora del montaje; cuenta con una paleta de colores diseñada por la naturaleza misma; realza aromas que luego se tornaran en gratos recuerdos y termina retándonos cuando con el sonido crujiente del pan tostado o con el “sizzling” de una carne sellándose, por mencionar un par de ejemplos, capta nuestra atención. Y es que la gastronomía es una mezcla de magia, arte y ciencia, unidas entre si para llevarnos mas allá de lo evidente, invitándonos a percibir nuevas sensaciones que potencian al máximo todos los sentidos. Sabores, colores, aromas y texturas se vuelven cómplices en nuestras manos… cobran nueva vida y comienzan a ser apreciados de maneras antes insospechadas.

Al fin y al cabo, desde la intrincada gastronomía molecular de Adriá, hasta la tradicional cocina rural francesa, tanto en nuestro restaurante en Canouan, como en la casa de cualquier campesina dominicana, todos somos servidores en búsqueda de esa sonrisa de satisfacción que se logra cuando nuestra pasión se convierte en vuestro deleite; el cual termina siendo, a la postre, nuestra mejor recompensa.

Nota:

Sizziling es el término en ingles, para nombrar el sonido que hacen las carnes o los vegetales al sellarse en una plancha o sartén bien caliente. Como por ejemplo, las fajitas mexicanas o algunos platillos asiáticos que son traídos a la mesas sobre una base de hierro caliente que hace se produzca este sonido que menciono, el cual, de por si es un provocador y tentador.

Viernes, 18 Mayo, 2007 Publicado por alenar | Artículos de Opinión | | 4 comentarios

Textos creativos de Pilar Moreno, Olga Muñoz, Luis. E. Prieto.

 Tintoretto: una pasión descubierta 

Pilar Moreno Wallace

La verdad es que no me había interesado mucho este hombre hermético e introvertido. Sabía de sus preferencias -que Vasari llamó caprichos- y su carácter poco condescendiente. Lo mitológico de sus obras y sus dimensiones, no favorecieron un acercamiento, y su estilo de trabajo apresurado, las enérgicas pinceladas y furiosos trazos me hacían ver en sus obras un aspecto desordenado, pendientes aún de la mano del pintor.

Sabía de él, pero sólo llegué a conocer algunas versiones del nombre de aquel niño que correteaba entre los tintes y las sedas con las que trabajaba su padre. Fue allí -entre el rumor de la tarea diaria- donde despertó su admiración por los colores y aprendió a valorar el efecto de la luz en las telas. Todo eso marcó el destino del pequeño tintorero, que dirigió sus sueños con presteza hacia la pintura, poniéndola en practica de una manera impulsiva y renovadora. Su estilo rompió los límites que el Arte marcaba, al actuar de forma independiente y seguir sus propias convicciones. Un comportamiento que turbó voluntades e hizo crecer el recelo en su entorno.

Hoy me he acercado de nuevo a él con la disposición confiada de mis preferencias, sin dar oído a críticas ni a intereses que deformen las palabras. Mi recelo le debía mi propia disciplina y tiempo. Hoy he conocido a un hombre audaz con sus pinceles, defensor de su  prestezza y su nunca acabado sueño de pintar. Jacobo Robusti me ha fascinado con el dramatismo de la obra presentada -la composición, los gestos, el movimiento- y el planteamiento pasional del artista a través del color, la luminosidad y la perspectiva, en pulso siempre con su maniera particular de ver el Arte …

Se recrea el color y la forma

en buscar la geometría,

y el aire

deja el movimiento perceptivo

de los cuerpos.

La luz juega en escorzo

con la dualidad de los hombres.

Blancoscuros, azules,

y una estructura

que fragmenta la superficie al infinito.

El trazo y el protagonismo

de las pequeñas y grandes cosas

en los espacios teatrales de los lienzos …

Así me habló, proyectando sus palabras en la materia más allá del límite establecido, con el lenguaje cromático de sus telas, con los signos, los esbozos, el fulgor de los barnices y el vigor con que me atrajo -desde su mirada cansada y triste- hasta apasionarme para siempre.

   Sin distancia  Olga Muñoz

Bajó la mirada levemente, a escondidas. Adivinó un mágico misterio bajo la sutil tela color ámbar que se confundía con su piel. Recordó aquella tarde en la que jugando con los últimos rayos de sol, descubrió junto a las rocas el primer cuerpo desnudo de mujer. Aquel cuerpo brillaba como brilla la arena, liberando mil reflejos verdes, azulados, rojizos de sol de media tarde. No entendió entonces porque su cuerpo entero parecía vibrar y a pesar del fresco de la tarde, un calor envolvente empapó su vieja camiseta.

Una sonrisa dulce y mansa apareció en sus labios. Volvió a mirar aquella tela color ámbar. A escondidas, levemente, imaginando un nuevo y mágico misterio. Y un calor tibio caldeo su frágil cuerpo, y una tarde más,  como cada tarde de aquellos  setenta años, abrazó aquel cuerpo como  si fuera la primera vez.  Y  una tarde más, fieles a su cita, bailaron junto a ellos arenas de colores.

Mayo 2007

VENDRÁ LA LUCHA   Luis E. Prieto

Las horas se agazaparon en una espiral de negros: lágrimas secas para un tiempo que dibujaba muertes sin sentido.

tiempo contra tiempo

dolor contra risas

presente contra futuro vacío de rosas.

Un torbellino de recuerdos agolpándose en los intestinos, vomitando promesas de chocolate rancio, recolectando agujas sin sangre ni caricias.

tormenta que asola

el corazón perdido de los besos,

lujurias

que se paralizan

en los toboganes del amor ausente:

terror

de la carne huera,

de la piel que se resquebraja

yerma de luces.

El monstruo había mordido, sigilosamente, el azul, para retomar marrones y grises con sabor a tumba, y los ojos se hundieron en la concavidad difusa del silencio disfrazado de promesas, ahíto de preguntas sin respuesta, de signos vagabundos en la niebla.

las manos, entonces,

recorrieron los confines del cariño

aunando voces escarlatas

en un ulular

de claveles colorados: hombro a hombro

acorralaron el sonido lúgubre

de las campanas de muerte

con el poder de la vida.

La luz se dejó ver entre las tripas de las máquinas y los fotones rasurando un espacio sin carcomas, fotografiando hormigas gozosas dispuestas para luchar y vencer al dios sin cara.

Y todo se volvió verde, reajustando el valor dormido de la esperanza…

Vendrá la lucha, pero sabremos que hay lugar para el tiempo y el espacio, y que las manos entrelazadas siempre vencerán al monstruo silente de la voz bronca vestido de brumas.

Mayo-07

Viernes, 18 Mayo, 2007 Publicado por alenar | Colaboraciones originales | | 2 comentarios